Recién iniciada aquella reunión que auguraba sopor recibió un mensaje. Gloria, me gustaría almorzar este mediodía contigo. Tenemos que hablar. Un beso. Por debajo de la mesa, con serias dificultades para acertar con las teclas del móvil, respondió a los minutos. Hola, Estela. Nos vemos en el restaurante italiano de la calle 5 de junio. Un beso.

Con pocos minutos de retraso, llegó al local. Su amiga ya estaba ojeando la carta, sentada en una mesa interior. Debía de andar con prisa, pensó Gloria, así que, tras un saludo efusivo, tomó asiento y pidieron rápido.

A la altura del segundo plato, después de devorar una generosa ensalada César, Estela abordó el motivo de su preocupación:

—Gloria, ha llegado a mis oídos que tienes un perfil en Tinder.

—Menuda estupidez, ¿de dónde te sacas eso? Ya sabes lo que pienso de ese tipo de aplicaciones.

—De aquí, míralo tú misma— dijo mientras le daba el móvil enseñándole el perfil con su foto.

—Te puedo asegurar que yo no he sido. ¿Pero quién se habrá atrevido a hacer tal cosa? Al menos me llamo Serena en Tinder.

—Tienes que conseguir borrar esa cuenta. Yo te presentaré a los hombres que hayan pasado mi filtro y así te evitas perder el tiempo con capullos.

—Mira, Estela, ya lo hemos hablado. Paso de los hombres. No los necesito.

—Gloria, por favor. Pasa página de una vez. Borja se fue con nuestra mejor amiga. Asúmelo y vista hacia adelante. Estoy contigo que una vida sin hombres tiene sus ventajas. Pero tampoco busques el hombre de tu vida. Úsalos, como ellos hacen, y mantén viva la pasión. Leí en Vanity que es bueno para el cutis. Has perdido cinco años de alimento para tu piel.

 

Cuando estaba anocheciendo, después de otra maratón laboral, Gloria regresó a casa. La noticia de su exhibición pública sin consentimiento le había sacudido toda la cabeza. Con la ducha y el pijama resueltos, se hundió en el sofá, móvil en mano. Descargada la aplicación de contactos sexuales, empezó a probar con sus cuentas de correo. No consiguió entrar. Después optó por escribir su número de teléfono pero no aparecía ninguna cuenta vinculada. De repente recordó que de universitaria utilizaba un correo basura, que destinaba a la publicidad. Se decidió a probar con él. Esta vez sí funcionó y pudo entrar en su perfil. Antes de borrarlo quería ver todo lo que ponía. Comprobó la cantidad de mensajes de pretendientes y lo que es peor, las respuestas que alguien había dado suplantando su identidad. Quien le creó el perfil no delimitó la cuestión de género aunque sí la franja de edad, de 25 a 40 años. El anónimo la conocía muy bien porque los gustos que había descrito eran los suyos, no así las tendencias sexuales. Lo que le asustó era la cantidad de fotos que tenía en su poder. Algunas fotos ni recordaba habérselas hecho. Pensó en llamar a la policía pero estaba aburrida de la vida y siguió leyendo las conversaciones. Se sorprendió que muchas de esas sugerencias de cita habían tenido lugar. ¿Acaso alguien utilizaba su foto para después quedar con otro al que atracar o secuestrar para robarle órganos? Había leído algún artículo sobre eso y no le extrañaba nada. Tenía que denunciarlo pero siguió leyendo. Se dio cuenta que con algunos y algunas hubo varios encuentros. Ahora sí no entendía nada. Quien fuese tenía una vida social muy activa, pensó Gloria. En los últimos meses se había visto con alguien cada tres días. Se planteó otras hipótesis como la de una supuesta hermana gemela. Tuvo la tentación de llamar a su madre pero recordó que llevaba años en las garras de un tal Alzheimer. Siguió leyendo. Buscaba algún número de teléfono pero no dio con ninguno. Decidió entablar conversación con la última persona con quien había quedado. Casualmente estaba en línea.

—Hola, Luis.

—¡Hola, Serena! Veo que me echas de menos. He estado dos días pensando en ti. Fue una noche muy loca.

—Te apetece que nos volvamos a ver hoy— escribió con dedos temblorosos pero decidida a saber qué estaba pasando.

—Claro, lo estaba deseando. ¿Otra vez en tu casa?

—¿Otra vez? ¿Acaso sabes dónde vivo?

—En la calle Garcilaso de la Vega, 3.

Gloria estaba a punto de enloquecer. Abrió las ventanas del salón para que el aire frío le aclarara el pensamiento. Cuando volvió al móvil, Luis había vuelto a escribir.

—Vete afilando el consolador para esta noche. Por cierto, muy buena idea ese lugar secreto debajo de la cama para guardarlo.

Se fue directa a la habitación, y lanzándose al suelo inspeccionó los bajos de la cama. Confundida, dio con el soporte que mantenía enganchado un pene de silicona enorme. Le dio asco extraerlo y, por instinto, se lo acercó a la nariz. Los restos de olor se adivinaban repulsivos y perdió el conocimiento.

Media hora después se despertó como nueva. Sin tensiones y con unas ganas locas de pasárselo bien. Fue a buscar el móvil por el salón. Ardía en deseos de enviar un mensaje. Cuando iba a escribirlo reparó que ya había quedado esa noche con aquel maromo. Qué cabeza la suya.

 

 

Join the discussion 8 Comentarios

  • Alberto dice:

    Me gusta el guión que creas para tu relato. SPOILER para los que lean esto antes que el relato -> el tema del desdoblamiento de personalidad, psicosis, o lo que quiera que tenga Gloria es muy atractivo, y en el cine hay buenos ejemplos que funcionan muy bien. Este es un caso interesante, aunque me choca que una parte de Gloria sí recuerda lo que hace la otra (quedar con el maromo), pero la otra parte no recuerda nada. Me ha resultado un relato entretenido, siendo la idea en sí lo que más me ha gustado. Te comento alguna cosa que me ha chirriado, por si te sirve: el “sacudido toda la cabeza”, ese ‘toda’ se me hace demasiado brusco/coloquial. También se me ha hecho raro lo de “ducha y pijama resueltos”, aunque entiendo la intención. Me extraña que a Gloria no le sorprenda mucho el hecho de que el suplantador haya utilizado un antiguo correo suyo (no se detiene demasiado en darle vueltas). También resta algo de credibilidad al diálogo que Sebastian no muestre sorpresa cuando Gloria le pregunta si sabe donde vive. Por último, afilar el consolador… no sé tal vez sacarle brillo…
    Nos leemos.

    • Jose dice:

      Hola, Alberto
      muchas gracias por comentar. Realmente Gloria no recuerda que ha quedado con el maromo porque cuando se despierta ya es Serena.
      En la primera versión que hice sí hay cosas como la sorpresa de Gloria cuando descubre que el correo era ese pero cuando empecé a podar para dejarlo más cerca del límite de palabras esa parte cayó. Lo de afilar el consolador… habrá que preguntarle a Sebastián por qué es tan bestia.

      Ciao!

  • Natalia dice:

    Hola, Jose
    No sé si he entendido el final. A lo largo del texto, parecía que a Gloria le habían suplantado la personalidad. Ella consigue entrar en la cuenta de Tinder y investiga las fotos, los mensajes… hasta que habla con el tal Sebastián (que resulta que sabe dónde vive, dónde guarda su consolador…) Aquí yo pienso que puede ser alguien que la espía e imagino su miedo.
    Lo que no entiendo es que pierda el conocimiento. ¿Por oler el consolador? ¿O por ser consciente de que alguien la espía? ¿O por darse cuenta de que se ha relacionado con ese señor pero no se acuerda? ¿O es una enfermedad?
    ¿Padece Gloria algún trastorno mental? ¿Se desmaya a menudo? Cuando lo hace, ¿no conecta unos sucesos con otros?, ¿Los olvida? ¿Conoces a alguien con esta patología? Qué curioso.
    “Al menos me llamo Serena en Tinder”. ¿Qué quieres decir con “al menos”? ¿Le gusta el nombre? jeje
    Me has generado curiosidad, felicidades por ello.

    En lo formal, te hablaré de comillas, como a Alberto.
    Creo que el mensaje que recibe Gloria tiene que ir entrecomillado y también su respuesta. Son frases literales de los personajes.
    “Gloria, me gustaría almorzar este mediodía contigo. Tenemos que hablar. Un beso”.
    “Hola, Estela. Nos vemos en el restaurante italiano de la calle 5 de junio. Un beso”.

    Esta otra frase creo que también iría entre comillas:
    “Debía de andar con prisa”, pensó Gloria. O, sin comillas, se podría poner: Gloria pensó que debía de andar con prisa.

    Dos dudas:
    “Asúmelo y vista (¿mira?) hacia adelante”.
    “Ahora sí (¿que?) no entendía nada”.

    Como a Alberto, me suena rara esta frase aunque se entiende lo que quieres decir:
    “Con la ducha y el pijama resueltos”

    “Vete afilando el consolador para esta noche”. Ay. Esto duele solo de pensarlo, Jose… jeje

    Enhorabuena por tu trabajo 🙂
    Nos leemos.

    • Jose dice:

      Muchas gracias por el feedback. No tengo claro que deba poner las comillas en las frases que ella intercambia con su amiga por mensaje. He visto muchas formas de presentarlo, entre ellas, tal y como lo he puesto yo. Pero estoy de acuerdo en que es más fácil entender que se trata de una conversación.
      La observación que me pones de vista hacia adelante, la he tomado de “vista al frente”. Realmente no creo que sea incorrecto. No así la segunda observación que si necesita “que” sí será incorrecto.
      A mí la frase de la ducha y el pijama me gustó por el dinamismo que presenta, la brevedad con que dice que se ha duchado y se ha puesto el pijama.
      Con “al menos me llamo Serena” me refería a que quien le haya suplantado ha tenido el decoro de no poner su nombre real.
      Lo de que pierda el conocimiento es un recurso que utilizo para que se presente Serena y cierre la historia al quedar explicada, más o menos. Pensé que con las frases que dice cuando se recupera quedaría claro que se trataba de una personalidad múltiple.

      Muchas gracias. Nos leemos.

  • Jorge dice:

    Hola Jose.
    No sé como se llama esta enfermedad o si existe de verdad, pero mola un montón el juego que da en tu relato. Es una especie de Jeckill y Hyde, pero sin pócima de por medio. Cuesta creer que nunca antes de ese momento ella haya descubierto algo sobre su otro yo. Es un personaje parecido al de la furgoneta, pero sin voces en la cabeza.
    En realidad he estado intrigado todo el relato y el final sorprende, por lo que bien por ti. Has conducido bien la historia.
    A mi me ha chirriado un verbo muy tuyo “devorar” con ensalada cesar. ¿es posible devorar una ensalada cesar? no sé si yo los habría combinado. Y lo que me tiene mas intrigado es por qué el consolador está escondido, en vez de estar en el cajón de la mesilla…
    Muy buen relato.
    Nos leemos.

    • Jose dice:

      Muchas gracias por comentar, Jorge.
      No he tenido contacto con gente que tenga este tipo de problemas. Me imagino que costará que ambas partes no se conozcan porque no me imagino a Serena limpiando todo para que Gloria no note nada, porque ese tipo de comportamiento no tendría sentido; posiblemente Serena no sepa de Gloria y por tanto no se preocuparía por no dejar pistas. Por ahí está claro que la historia cojea. Lo de devorar, ni me planteé que por ser una ensalada César no se pudiera utilizar ese verbo. Me acordé de mi mujer, a la que le encanta y se la come en un periquete.
      Sobre el consolador tenía un amigo que debajo de la cama tenía un dispositivo para reproducir música sensual cuando tenía compañía en la cama y pensé que sería un buen recurso para poner el consolador y dejar igual de sorprendido al amante de turno. Además tenía la necesidad de ponerlo ahí para que no se pudiera contraargumentar que como es que Gloria no sabía que había un consolador enorme en su alcoba.

      Un abrazo.

  • Carlos dice:

    Hola Jose,
    has creado un relato con bastante intriga y el tema de la doble personalidad puede dar mucho juego.
    Algunas expresiones que no me encajan mucho, como las que han comentado o la de “… en las garras de un tal Alzheimer”.
    A mitad del relato he pensado que quizás la amiga que se fue con Borja podría tener una obsesión con ella y se aproveche de su imagen de forma enfermiza.
    Enhorabuena.

  • Jose dice:

    Muchas gracias, Carlos por tu esfuerzo.
    Es cierto que me he atrevido a expresar frases de distinta forma. Voy experimentando y permitiéndome y de paso observar vuestras reacciones.

    ¡¡Quiero ver tu texto!!

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