Parece que ya ha terminado. Llevo un rato quieta, sin mover un dedo. Cuando he notado el primer temblor, estaba tumbada leyendo y se me ha empezado a mover el libro. Lo sujetaba con una mano y casi se me cae. La segunda sacudida ha sido más fuerte. Me he levantado, me he puesto las zapatillas como he podido y me he cubierto con la colcha. Me he sentado bajo el marco de la puerta que separa mi habitación y el baño y entonces ha empezado la gran sacudida. Ha sido eterno. Todo se ha caído, el ruido era ensordecedor, aunque me tapara los oídos con las manos. Me duelen las piernas, tengo que salir, es más seguro que quedarme aquí. Camino y voy pasando por encima de mis libros, de los cojines del sofá, de mis cuadros. Mi casa está por los suelos. Levanto el mueble del recibidor para colocarlo en su sitio y cojo las llaves de casa. Abro la puerta que da a la calle y veo el desastre. Huele a polvo. El pino que hay en el jardín comunitario se ha partido y ha caído hacia la carretera. Hay coches debajo, espero que no haya nadie dentro. El edificio de enfrente está agrietado y dos balcones han quedado descolgados. Una de mis vecinas aparece gritando. Sí, estoy bien. Ella sigue gritando. Yo no puedo decir nada más. Montones de ladrillos y de piedras han caído de las cornisas. Escucho el sonido de una ambulancia a lo lejos. Avanzo entre los ladrillos, hacia la casa de mis padres. Trago saliva. Viven cerca pero se me hace muy largo. Mi corazón late muy fuerte. Quisiera correr pero no se puede. Paso por delante de la panadería en la que hace veinticinco años compraba chucherías los sábados por la tarde, con las cien pesetas que me daban de paga. El cartel de Frigo se ha quedado colgando. Es difícil andar. No les puede haber pasado nada, no lo soportaría. Ellos saben que hay que resguardarse bajo los marcos de las puertas, lo vimos un día en la televisión. Yo era pequeña y había habido un terremoto en algún lugar de América del Sur. Siempre lo he recordado, esas cosas se me graban a fuego. El miedo tatúa. El otro día discutí con mi madre, quiere que la llame todos los días pero no me sale. No es por ti, es que yo quiero vivir mi vida. Mamá. Pero tienes que estar bien porque yo te quiero. Escucho más gritos pero muy lejanos, toda mi atención se ha volcado en mis ojos. Apenas parpadeo. Llego a la glorieta que está al principio de su calle. El monumento al agricultor está partido, le falta la cabeza y una mano. Se ha caído el cartel granate de la tienda de comidas para llevar y se ha roto en pedazos. Hay un tendedero lleno de ropa en la acera y dos sillas. Más ladrillos y más piedras, las noto bajo la suela de las zapatillas, y dos farolas en el suelo. Veo una ambulancia en el portal de mis padres. Cuando llego, la puerta está abierta y dos sanitarios mueven una camilla hacia la calle. Detrás de ella está mi padre, con sangre en la frente y la mirada perdida. Le llamo. Me ha visto. Me mira, con mis ojos. Mira a la camilla y yo siento que todo se ralentiza. Giro la cabeza hacia la persona que está en ella y me encuentro con los ojos verdes de mi madre. Abiertos. Mamá. Estoy bien, me dice. Se me ha caído el estante del comedor encima, creo que me he roto una pierna. Los dos hombres se la llevan y la meten en la ambulancia. Cierran las puertas al tiempo que mi percepción de la realidad vuelve a su estado normal. Abrazo a mi padre. Estás bien. Tranquila, ya ha pasado. Y me hundo en ese hombre de casi setenta años, imperfecto como somos todos, que se encorva de año en año, que no ha sido nunca lo que yo hubiera soñado, pero que es mi padre. Tengo miedo, papá. Yo también. Pero seguiremos adelante. Le agarro la mano y salimos a la calle. Soy su niña otra vez, esa que a veces no veía. Pero ha aprendido. Me ve. Te perdono. Te necesito. Papá. No te vayas. Me señala el banco de madera en el que tantas veces me sentaba en verano a hablar con mis amigas, comiendo pipas y ensuciando la acera. Se han partido los tres listones del asiento, hasta el que él arregló; siempre me lo recuerda cuando pasamos por delante. Habrá que buscar listones, me dice. Habrá que arreglar tanto, papá… Pero, si no me sueltas, creo que podré con ello. Mamá, tranquila, voy a buscar mi teléfono.

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  • Jorge dice:

    Hermoso relato.
    Todo está en ruinas menos tus personajes, siempre encuentran una razón para ser mejores. Es emotivo. Utilizas esa primera para meternos en los hechos desde las primeras frases. la tensión va subiendo hasta ese pico donde busca los ojos de su madre y por fin los encuentra abiertos. Ese es el pico. Dese ahí nos conduces suavemente hasta ese desenlace en el que buscarán listones. Pues claro.
    Como siempre está lleno de ternura y evoca bonitas imágenes. Me ha gustado especialmente la frase “toda mi atención se ha volcado en mis ojos” y “el miedo tatúa”.
    Ahora paso a comentarte otras cosas, ya sabes, desde el cariño:
    -“vivir mi vida. Mamá.” En vez de un punto, habría puesto una coma. Puede que le hayas querido dar mas pausa, y se acaba por entender, pero despista y pierdes la fluidez de lectura.
    – “esas cosas se me graban a fuego.” yo habría puesto “se te graban a fuego”, porque aunque el texto es en primera, ella en ese momento esta en un recuerdo de pequeña. NO está en el momento actual.
    – la frase “Me mira, con mis ojos.” me ha llegado a confundir y estamos muy cerca del momento mas emotivo. Seguro que puedes conseguir la figura sin llegar a confundir
    – “Le agarro la mano y salimos a la calle. Soy su niña otra vez” la frase está bien escrita, pero en este momento le daría algo mas de protagonismo al padre dejándote ser a ti mas niña: “Me agarra la mano y salimos a la calle”.
    – “esa que a veces (él) no veía.” Esta frase se puede interpretar como que la niña no veía. Si se le añade “él” se garantiza la interpretación correcta.
    – “Mamá, tranquila, voy a buscar mi teléfono.” ES la frase del cierre. Me ha despistado. Tenía ubicada a la madre ya en la ambulancia y camino del hospital, y disfrutando de la escena con el padre, cuando aparece esta frase. Si se ha acordado de su madre que lo haga diciéndole a su padre “vamos a llamar a Mamá” o algo así, porque por un momento parece que la madre está aún ahí.

    Me ha encantado.
    Abrazo.

  • Natalia dice:

    Hola, Jorge
    Me alegra que te haya gustado. Lo escribí muy impulsivo, casi escupido. Pensamientos acumulados iban saliendo. Por eso, me he saltado algún formalismo o pautas que siempre sigo (cuando escribo con calma). Pero me ha salido del estómago, de muy adentro. Y lo estaba escribiendo para mí, que yo sí sé los porqués de cada frase. Me olvidé un poco de que lo iba a leer alguien.

    Te comento:
    – “vivir mi vida. Mamá” La coma vocativa, lo sé. Pero está escrito así a propósito, jugaba con “mamá”, “papá”. Situando a cada uno en mi mente.
    – “esas cosas se te graban a fuego”. Sí, queda mejor.
    – “me mira, con mis ojos”. Es que tengo los ojos de mi padre. Por eso me mira con mis ojos. Es mi padre y me parezco a él.
    – “me agarra la mano y salimos a la calle”. Mucho mejor.
    – “esa que a veces él no veía”. Vale, puede ser. Aunque luego pone: “Pero ha aprendido. Me ve”. Es fruto de escribir para mí, yo ya me entendía.
    – “Mamá, tranquila, voy a buscar mi teléfono”. Esto es un pensamiento. La madre se ha ido con la ambulancia, la madre se quejaba de que la hija no la llamaba… No está ahí con ellos pero su hija la tiene presente y la llamará. Como ella quiere.

    Esta semana no tenía mucho ánimo de escribir pero vi que Alberto había publicado su texto y me dio rabia no participar. Así que “vomité” el miedo en esta ciudad en ruinas.

    Gracias por comentarme desde el cariño 🙂
    Nos leemos.

  • Alberto dice:

    Utilizas un ritmo casi frenético, a tiempo presente real, lleno de sensaciones percibidas por el personaje. He sentido que hay descripciones que te han resultado más forzadas, pero otras cosas te salen de dentro, y en mi opinión es ahí donde están las perlas. Frases como ‘El miedo tatúa’, ‘comiendo pipas y ensuciando la acera’. O esto: ‘El otro día discutí con mi madre, quiere que la llame todos los días pero no me sale. No es por ti, es que yo quiero vivir mi vida. Mamá. Pero tienes que estar bien porque yo te quiero’. Las frases en que encuentra a sus padres me han parecido muy buenas, originales, con voz propia, y con fuerza. Tal vez ha sido lo que más me ha gustado, de nuevo has sacado algo ‘real’ ahí. Bonito final también, y muy buena la simbología de los listones como reconstrucción, con la imagen del padre en el pasado reparando el banco.
    Como suelo hacer, cosas que este lector, subjetivamente, ha percibido: el ‘todo se ha caído’ me queda raro, falta visualizar, aunque luego se entiende por dónde vas. ‘Quisiera correr pero no se puede.’ Persiste el seísmo? O es por los escombros? Yo se lo explicaría al lector. El flashback de las chucherías y las cien pesetas de paga creo que corta el ritmo, aunque veo que intentas visualizar algo importante en tus emociones. El ‘imperfecto como somos todos’ un pelín juicio de valor. Y una de esas ambigüedades del lenguaje (el profe de mi último curso ha sido muy pesado con estos ejemplos, y ha hecho bien): ‘Soy su niña otra vez, esa que a veces no veía’. No veía ella (es lo que he entendido la primera vez)? No la veía el padre a ella? Es jodido escribir, no dejar ambigüedades al lector y a la vez hacer la frase como tú quieres, como suena en tu cabeza…
    Gracias por tu texto. Ya te digo que tiene varias perlas que te definen, con un aire lírico muy bonito. Nos leemos.

    • Natalia dice:

      Hola, Alberto
      Me alegra haber tocado un poco tu corazón. Cuando escribimos lo que nos sale de dentro y somos sinceros, los lectores conectan. Me parece muy mágico.

      Estoy haciendo con vosotros el repaso que tuve que haber hecho después de escupir este texto (si me permitís el verbo, creo que es el que mejor define la forma en qué salió).
      “Todo se ha caído” viene a ser que se han caído mis cosas, de la pared, de los muebles… Podía haber puesto “Todo se ha caído de su sitio”.
      “Quisiera correr pero no se puede por los escombros”. Es mejor, sí.
      “Paso por delante de la panadería, donde compraba chucherías cuando era pequeña. El cartel de Frigo se ha quedado colgando.” Así creo que queda más escueto y evoca el recuerdo igual.
      El “imperfecto como somos todos” es mi opinión, como soy narradora en primera persona, me la tienes que aceptar 😛
      “Soy su niña otra vez, esa que a veces él no veía”. Sí, me lo ha comentado Jorge también.

      Gracias por tu comentario, siempre didáctico.
      Nos leemos 🙂

  • Carlos dice:

    Hola Natalia,
    me ha gustado mucho tu texto.
    Es muy fluido, con esas frases cortas, tan descriptivas, tan de plasmar cada pensamiento, como en pinceladas. Reflejas muy bien los miedos, el fluir de las emociones, cada pequeña cosa nos hace conocer mejor al personaje. Al final, la imagen de ir a buscar el teléfono, esa cesión, por el amor a la madre es muy bonito.
    Me gusta mucho el título, aunque parece que con el padre no tenía el trato que ella hubiera querido, se agarra a uno de los recuerdos con ese “buscaremos listones”, lo cual es un rayo de optimismo tras el desastre.
    Enhorabuena.

  • Jose dice:

    Hola, Natalia
    Te cuento lo que he visto.
    Describes una situación real aunque su grado de probabilidad estará en función de la ubicación de la ciudad, dato que no concretas. Para mí no sería necesario hacerlo.

    En esta frase “Me duelen las piernas, tengo que salir, es más seguro que quedarme aquí” parece que las separaciones requieren más puntos seguidos que comas. Lo mismo ocurre con la frase “Hay coches debajo, espero que no haya nadie dentro”, con la frase “No les puede haber pasado nada, no lo soportaría” y con “El otro día discutí con mi madre, quiere que la llame todos los días pero no me sale”.

    En el primer párrafo he sentido que había demasiados pretéritos perfectos compuestos. En ocasiones podías haber evitado su utilización. Por ejemplo, en “Me he levantado, me he puesto las zapatillas como he podido y me he cubierto con la colcha” podía haber dicho “Me he levantado, puesto las zapatillas como he podido y con la colcha”.

    Cuando cambias el tiempo verbal a presente, parece oportuno hacer un punto y aparte.
    En ese primer párrafo, que como te he dicho yo partiría, te has centrado en hacer una descripción detallada de las cosas que has estado haciendo. Eso me ha ayudado a ponerme en situación y me parece perfecto que lo hayas hecho así. Si hubieses mezclado con más aspectos emocionales, me habría llegado lo que estaba sintiendo el personaje.

    Después tengo la duda con el “Sí, estoy bien” y también con “No es por ti, es que yo quiero vivir mi vida. Mamá. Pero tienes que estar bien porque yo te quiero”. Me gustaría saber con certeza que podemos ponerlo así. A mí personalmente me despista que no haya nada que señale que es parte de un diálogo. Está claro que ganas fluidez poniéndolo así pero se pierde información como la expresión que acompaña a “estoy bien” para que pueda hacerme una idea de la persona tridimensional que lo está diciendo. Me queda como una respuesta inanimada.

    No ocurre lo mismo a partir de aquí, con expresiones como “trago saliva”, “mi corazón late muy fuerte”. Aquí si lo veo. Por otra parte, ese contraste me gusta porque con la vecina transmites por omisión tu desvinculación con ella que te lleva a ser completamente aséptica hacia su persona.

    En la frase “Paso por delante de la panadería en la que hace veinticinco años compraba chucherías…” me hubiese gustado más otro tipo de referencia más fluida como “de niña” aunque perdiéramos cierta idea para ubicarte con una edad actual que quizás cuando se introduce la relación con el padre pueda ayudar a entender el momento vital en el que se encuentra la protagonista.

    Me gusta la frase “el miedo tatúa”. Es muy gráfica aunque deprimente.

    No me gusta la forma de expresar la frase “toda mi atención se ha volcado en mis ojos” aunque la entiendo y con eso bastaría. Yo me decanto más por “Presto toda la atención con mis ojos”, y de paso evitamos dos “mi” tan juntos.

    La frase “Se ha caído el cartel granate de la tienda de comidas para llevar y se ha roto en pedazos” ganaría fluidez de otra forma, porque si se rompe con casi total probabilidad es porque se cayó. Por ejemplo, “el cartel … yace en el suelo en mil pedazos.
    A partir de “y todo se ralentiza” nos quieres introducir en un espacio temporal que particular. Como es algo duradero, hay muchas frases dentro de ese período encuentro que sería necesario algún recordatorio entre medias para que no dejemos de sentir como la protagonista. Los diálogos sin marcar me despistan algo, sobre todo cuando terminan. Después aparece la percepción de la hija sobre su padre. Esa parte me gusta. Está lograda. El “te perdono. Te necesito” tengo dudas de si está en la cabeza de ella solamente o si es diálogo. Como él no responde puedo pensar que está en su cabeza. Preferiría que las partes de diálogo se marcarán de alguna forma. Y después aparece la razón del título. Me resulta muy inspirador. La última frase “Mamá,…” no la entiendo. Supuestamente la madre se ha ido en la ambulancia. O acaso están los dos dentro de la misma.

    Enhorabuena por el trabajo.

  • Natalia dice:

    Hola, Jose

    Yo sí he podido editar tu comentario (creo que porque es para mí) y he quitado lo de nuestros nombres.
    Primero gracias por tu dedicación con el comentario.

    Mi idea del texto es un vuelco de sensaciones, emociones y descripciones. Es un viaje mental, no hay diálogos. Plasma la manera en qué su mente procesa todas las informaciones que le llegan a través de los sentidos. Es un solo párrafo para que gane en ese aspecto: sin filtro, vaciándose.
    Creo que sí se pueden omitir los diálogos, si es en todo el texto y con un sentido.
    Como todo está en su cabeza, cuando la madre se ha marchado con la ambulancia (creo que eso queda claro) ella piensa que tiene que llamarla, porque es lo que siempre quiere. Y, en ese momento, su hija también necesita hablar con ella.

    Estas primeras frases que me señalas son yuxtapuestas. Por eso las separo con comas.
    https://www.ejemplos.co/25-ejemplos-de-oraciones-yuxtapuestas/
    Esta frase que me corriges no tiene sentido: “Me he levantado, puesto las zapatillas como he podido y con la colcha”.
    Tus otros apuntes son más enfocados a cómo lo habrías dicho tú, pero está claro que cada uno escribe las cosas a su manera. Yo incluida.

  • Jose dice:

    Gracias por el enlace. Me lo apunto para aplicarlo cuando escriba.

    La frase que me comentas no tiene sentido porque me he comido “cubierto”.
    Se me hace difícil ver que todo está en su cabeza. Por ejemplo cuando aparentemente le “responde” su padre “Estás bien. Tranquila, ya ha pasado”. En cambio creo que si hubiese sido él quien la abraza, y no ella, con ese gesto podría entender que el abrazo que él da es para que ella esté tranquila. Si ella está abrazando no a su padre sino a su ideal, te lo compro.

  • Natalia dice:

    “Me he levantado, puesto las zapatillas como he podido y cubierto con la colcha”. Me sigue faltando “me he” 😛
    “Estás bien. Tranquila, ya ha pasado”. Son palabras que le resuenan en la cabeza.
    Hay partes que no te llegan, no pasa nada.
    Gracias por tu esfuerzo.
    Un abrazo.

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