El joven Chen Xing Xu lleva días encerrado en su habitación, sin acceso a internet ni a las noticias, ni ningún otro medio para comunicarse con el exterior. Así lo decidió Guo Sheng Kun, el ministro de Seguridad Pública, quien descartó, o al menos pospuso, la otra opción: confinarlo en la prisión secreta situada en las entrañas del bosque de Changbai. Y lo determinó así para no tener que reportar al Líder del Ejército.
La realidad del ahora incomunicado era muy distinta el mes anterior, con su primer trabajo gracias a la beca otorgada por el Laboratorio Nacional de Bioseguridad de Wuhan.
Su padre, Xu Kai, es un respetado abogado que surgió, por generación espontánea y gracias a un intelecto aventajado, en el seno de una familia de campesinos. Estaba tan sorprendido como ilusionado por la oportunidad que la vida brindaba a su hijo. Sin embargo, cuando se precipitaron los hechos y, con ello, la reclusión domiciliaria de Chen, volvió a vivir con desesperanza el futuro del benjamín de la familia. Con el resto de hijos licenciados, y además cum laudem, calificaba de deshonroso el mediocre expediente académico de Chen Xing. Finalmente con mucho esfuerzo consiguió el título de técnico de laboratorio. Lo que nadie sabía, y nunca se llegó a saber, es que se trataba de un caso de dislexia.
Cuando Chen Xing pisó por primera vez las instalaciones del laboratorio de Wuhan quedó abrumado por el frenético ritmo de trabajo. Contrastando con ese bullicio, se respiraba quietud en el hall del edificio, completamente diáfano y bañado por la luz solar que, sin obstáculos, penetraba por unas paredes revestidas de monótonas e inmaculadas cristaleras. Nada que ver con el área restringida, sólo alimentada por cientos de paneles de led que creaban un ambiente de luz blanca muy iluminado, lo que le provocó, de inicio, cierta molestia al joven becado.
Acorde a la velocidad reinante fue la presentación de Bai Lu, su inmediata superior quien, desde el primer momento, le acribilló a instrucciones que además expresaba de forma atropellada.
— Bienvenido, Chen Xing. Eres muy afortunado por haber sido seleccionado. Cuatro mil aspirantes a técnico deseaban tu beca. Haz lo posible para que no nos arrepintamos de nuestra elección. Aquí trabajan los mejores científicos que investigan con patógenos de toda China. Tendrás que preparar material, llevar a cabo experimentos, tomar mediciones e informar de los resultados. Nada que no sepas. De ti y del resto de técnicos dependerá que el laboratorio funcione a la perfección. Deberás gestionar las existencias, conservar limpio el laboratorio, mantener la organización ya existente, tener a punto los equipos y, muy importante, identificar los peligros potenciales para comunicármelos. Yo personalmente evaluaré los riesgos. Más allá de eso, bajo ningún concepto tomes decisiones por tu cuenta. De ti no esperamos iniciativa de ningún tipo. ¿Alguna duda?
—¿Cuándo empiezo? —dijo Chen con rapidez. Aquella mujer le había intimidado pero no quería dar muestras de ello.
—Aquí tienes el plano de las instalaciones. Quiero que las recorras. Te doy dos horas para ello. Cuando termines me lo devolverás, por una cuestión de seguridad, y te daré la siguiente instrucción.

Al salir del despacho pudo percibir el nerviosismo generalizado. Aún así, se atrevió a iniciar una conversación con una bella técnico que estaba rellenando un vaso de agua del dispensador.
—Hola, me llamo Chen. Soy el nuevo becario. ¿Cómo te lla…?
—Perdona pero hoy no tengo tiempo para presentaciones.
—¿Tal vez a la hora de comer?
—Mira, disculpa, si quieres prosperar aquí, parar es un lujo que atenta contra tus aspiraciones.— dijo retomando su paso y dejando las últimas palabras en la lejanía.
Después de ese episodio agachó la cabeza y trató de mimetizarse con el movimiento vertiginoso de gente en continuo trasiego, cuyo sentido él todavía no alcanzaba a ver. Pero dado que toda su vida le dijeron que era un torpe, tomó la determinación de no preguntar, “pon cara de persona inteligente y no dudes; nadie lo notará”, se repetía con insistencia.

Los días iban transcurriendo y él empezó a familiarizarse con los protocolos que se debían implementar de forma estricta. Aunque Chen Xing se sentía desbordado por momentos, solía llegar a casa tan feliz como exhausto.
—Dime, Chen, ¿a qué se debe esa cara? ¿Alguna chica tal vez?
—¡No, mamá! ¿Sabes qué? Me he dado cuenta que ese es mi sitio. Reconozco que cuando me matriculé en estos estudios lo hice como una vía de escape pero ahora veo que hacer tareas minuciosas, controladas, en un espacio aséptico, me da seguridad, cosa que nunca he tenido.
—Me alegra escucharlo, cielo. Sé que no te lo hemos puesto nunca fácil. No dejamos de compararte con tus hermanos pero me di cuenta tarde que fue un error y en el fondo confío en que te convertirás en una persona de provecho.

Con el paso de las semanas, empezó a entender qué ocurría en el laboratorio uniendo los pedazos de información que iba captando, además de los mensajes velados de algún trabajador más accesible. Parecía que el Ministerio de Sanidad había detectado un virus mutante, desconocido hasta ese momento y que lo tenía bajo control. Ahora el virus se encontraba en el laboratorio de Wuhan para analizarlo.
De forma sorprendente, Chen había sido asignado para formar parte del equipo que trabajaría con el virus, junto con otra becaria, y la jefa del departamento, Yang Zi. Se planificaron 17 experimentos con un plazo impuesto de 39 días para poder informar de los resultados a tiempo del Consejo de Ministros del 21 de febrero. Pero ocurrió el desastre. En el undécimo experimento Yang Zi dio demasiadas directrices seguidas a Chen, que parecían contradictorias o ambiguas pero él no quiso preguntar para evitar el juicio de su jefa; demasiadas órdenes entrelazadas y nuevas para él. Aún así, las ejecutó y una determinada muestra del virus quedó fuera de control, extendiéndose y, finalmente, saliendo del recinto.
Dos meses después de aquello, veinte mil personas habían fallecido en la región y el país se vio forzado a aislarse, quebrándose su economía y sembrándose el caos debido al llamado coronavirus.

En la isla de Mykonos, el teléfono móvil de Yang Zi, la jefa de departamento ahora apartada de la actividad científica, empieza a sonar con la melodía de You exist in my song, de Wanting Qu. Ésta descuelga el dispositivo al conocer ese número a la perfección:
—Al habla Yang Zi.
—Relájese, agente Bumper, que no nos oye nadie. Llevaba tiempo queriendo llamarla pero no ha sido seguro hasta ahora. El Presidente le quiere transmitir su enhorabuena, habiendo mostrado un coraje digno de nuestros mejores espías. La misión ha sido un éxito, y todo gracias a la elección de ese joven, claramente inadecuado para el nivel de exigencia del Laboratorio Nacional. Una pena que el chico vaya a ser ejecutado. Aunque, ¿qué es una vida frente al dominio del comercio internacional?

Join the discussion 7 Comentarios

  • Natalia dice:

    Hola, Jose
    Me ha gustado tu relato. Percibo muchas ganas de escribir (¡más de 1100 palabras!) y mucho disfrute. Creo que te lo has pasado pipa.
    Se lee bien y toda la trama se desarrolla de forma bastante clara. Yo soy más de frases cortas pero es tu forma de escribir.
    Me has mantenido atenta y expectante por saber qué sucedería con este chaval disléxico.
    Quizás el párrafo dedicado al padre es un poco extenso. A lo mejor, algo más resumido, para que supiéramos que no está al nivel del padre y ya está. Mi opinión.
    En lo formal, la expresión es “cum laude”.
    Me han faltado algunas comas, sobre todo en las frases aclaratorias:
    “Finalmente, con mucho esfuerzo,…”
    “Acorde a la velocidad reinante,…”
    “Reconozco que, cuando me matriculé en estos estudios, lo hice…”
    “(…) espacio aséptico. Me da seguridad,..”
    Enhorabuena por tu trabajo.
    Nos leemos 🙂

  • Jose Romero dice:

    Muchas gracias por el necesario feedback. Me apunto las puntualizaciones, meteré más comas a la próxima y gracias por el latinismo que he escrito mal. Me alegro que te haya gustado. Prestaré atención a las frases largas.
    Un abrazo.

  • Jorge dice:

    Hola Jose
    Interesante historia. Bien ambientada con detalles y nombres del lugar.
    El relato se lee bien. Me gusta como has intercalado diálogos. Estos le han dado mas fluidez. Tu texto es inconfundiblemente tuyo. Cuando dices “Bella técnico” no he podido acordarme de la bella xxxx, ¿Cómo se llamaba la chica que le gustaba al de las zapatillas nuevas?
    El giro al final, que nos dice que todo fue una conspiración, es un buen final. Yo le quitaría peso al principio y quitaría información. Al fin y al cabo, lo importante es situar al protagonista con su problema y sus complejos hacía su familia. Podrias contarnos eso, mientras ya esta trabajando, con algunos recuerdos. Es una idea.
    Enhorabuena.
    Nos leemos.

  • Carlos dice:

    Hola Jose,
    me ha gustado la historia y como centras la historia en el protagonista. Además el tema era muy dado al desarrollo de conspiraciones.
    Una conspiración a través de un agente extranjero para provocar daño es totalmente creíble, pero la forma de llevarla a cabo no me la creo tanto. Me resulta raro que el que pague sea Chen sin más justificación teniendo en cuenta su baja responsabilidad y la falta de motivación a provocar el daño y que Yang Zi se vaya de rositas sin ninguna explicación.
    Lo de los adjetivos delante del nombre creo que si no son necesarios distraen más que aportan, por ejemplo bella técnico.
    Otra cosa que me resulta rara es la confesión de la madre así sin más “No dejamos de compararte con tus hermanos pero me di cuenta tarde que fue un error y en el fondo confío en que te convertirás en una persona de provecho.”

    Enhorabuena.

  • Alberto dice:

    Me ha gustado mucho la historia imaginada, el papel del pobre Chen, su historia y su desarrollo en el laboratorio. Lo que mejor te ha quedado, en mi opinión, es la conversación entre Bai Lu y Chan, potente, lástima que la afilada Bai Lu no aparezca más.
    “Pon cara de persona inteligente y no dudes; nadie lo notará”, cuanta sabiduría encerrada en estas palabras!
    También me gusta que uses una canción para unir tu texto con el mundo real, y con la música. Me parece un recurso muy interesante.
    Apuntes (espero que te sean de ayuda): revestir es cubrir una cosa; si leo “pared revestida de cristalera” entiendo que por ahí no pasa la luz (a no ser que la propia pared sea de cristal). “Aquí trabajan los mejores científicos que investigan con patógenos de toda China”, redacción confusa, ¿los patógenos o los científicos son de toda China? (que cabroncete es el idioma a veces). La confesión y disculpas de la madre, como a Carlos, me han resultado algo repentinas y aceleradas. Por último, al cerebro de la trama le merece mención la vida del chico ejecutado, pero no las de los 20000 asesinados.
    Gracias por tu texto. Nos leemos.

  • Yuri dice:

    Hola José,

    Como siempre, es un placer leerte. Aquí se nota que te has volcado, lo has disfrutado y has creado una historia entera de conspiración.

    Para mejorar, diría que has metido demasiada información en poco espacio. La introducción la haría más ligera, y el diálogo con la madre parece que no están explicando sus posturas “No dejamos de compararte con tus hermanos pero me di cuenta tarde que fue un error y en el fondo confío en que te convertirás en una persona de provecho.” Al final, aparece que era una conspiración, de la que teníamos pocas pistas durante el texto.

    Creo que en el fondo tienes una historia de varias escenas. Por ejemplo, una de la familia, lo que nos cuentas aquí, otra de algún contacto con el agente antes de realizar la misión en sí, otra del becario liándola bajo demasiadas directrices, una en que le pillan mientras que la agente consigue evadir la responsabilidad, y finalmente, la escena de la llamada de felicitación al agente, mientras paralelamente ejecutan al becario. Si te apetece expandir el texto, aquí tienes para un relato bien majo.

    En fin, que he disfrutado tu historia, y tengo ganas de leerte más. Enhorabuena.

    • Jose Romero dice:

      Muchas gracias por tu feedback. Tomo nota. Parece que lo compliqué demasiado. Como siempre, una de las claves está en la simpleza de contenidos. Me lo tengo que grabar a fuego.
      Un abrazo.

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