—¡Su primer concierto, y solo con 19 años! — Exclamó su padre, sonriendo de oreja a oreja. Los amigos de su padre le palmotearon la espalda para darle la enhorabuena.

—¡No nos decepciones, chico!

Jacobo tragó pesadamente mientras por fuera su rostro sonreía. Su madre le abrazó y Jacobo trató de alargar el abrazo, pero su madre se zafó.

—Creo que está un poco nervioso — Dijo su madre. Los amigos de sus padres se rieron.

—¡No te preocupes, chaval! ¡Lo vas a clavar!¡Por Jacobo y su vozarrón! — Brindó otro. Todos alzaron las cervezas y las chocaron, derramando un poco en el suelo. Jacobo se sentía casi sin aire y la cara le ardía.

—Creo que voy a salir a tomar el aire.

—Si, está cargado el local este sí.

Jacobo salió y respiró profundamente, agradeciendo el aire frío que calmaba como un bálsamo todo su interior. Apenas tuvo unos segundos hasta que salió su madre con la guitarra en la mano.

—No sabía si querías practicar o algo así que te la he traído.

“Maldita guitarra del demonio”, pensó para sí.

 

—Gracias, mamá. Voy a esperar aquí a los chicos — Dijo, queriendo cerrar la conversación.

 

Su madre volvió dentro y Jacobo se quedó solo con la guitarra en la calle. La cogió y colocó los dedos en las cuerdas, pero no tocó ninguna nota. Tarareo para sí la letra, sin alzar la voz. La gente pasaba y se le quedaba mirando. Marcos y Elisa fueron los primeros en llegar. Marcos sacó una moneda y se la tiró mientras se reían.

—Muy gracioso — Contestó Jacobo sin reírle la gracia. Les abrazó uno a uno, la maldita guitarra en medio volviendo el abrazo incómodo.

 

—¿Nervioso? — Preguntó Elisa.

 

—Mas bien cabreado.

 

—¿Pero la habrás practicado mucho no? — Terció Marcos.

 

—Sinceramente, no.

 

—¿No la has practicado? — Marcos y Elisa se miraron.

 

—No — respondió, mientras notaba como su respiración se aceleraba y sus ojos se llenaban de lágrimas. — Si, pero poco.

 

—Seguro que es porque ya te la sabes y no tienes de que preocuparte. — Trató de calmar Marcos.

 

—No, que va. Es porque no me salía y no quería tocarla.

 

Marcos miró a Elisa sin saber que decir. Elisa le hizo un gesto con la cabeza para que se metiese en el local.

 

—¿Me vas cogiendo sitio y una cerveza?

 

Marcos asintió y se metió en el local. Elisa se acercó a Jacobo.

 

—¿Por eso no has avisado al resto, verdad?

—Sí.

—¿Tus padres?

—Están dentro.

—Mierda.

—Ya.

—¿Qué vas a hacer?

—Cagarla a lo grande y después mandarlo todo a la mierda.

—Cancélalo. Vámonos los tres por ahí y pasa de tu familia.

—No puedo, han traído a sus amigos y todo.

—Joder.

 

Los dos quedaron en silencio, y Jacobo agradeció que Elisa no le diera la paliza con frases hechas sobre que todo iba a ir bien. Los minutos pasaban y la guitarra parecía pesarle cada vez más. Cada vez quedaba menos para subir al escenario del local y tocar delante de toda esa gente.

 

—Tengo que entrar. Salgo dentro de poco.

—Jacobo, estamos los dos contigo — dijo Elisa, de repente muy sería. Jacobo asintió y entró en el local.

El local parecía aún más lleno que antes, y le costó abrirse paso entre la gente. Solo cuando veían la guitarra le sonreían y se hacían a un lado. Evitó a sus padres y vio como Elisa iba a buscar a Marcos, que sostenía dos cervezas. Jacobo siguió de largo y subió al escenario, donde el dueño le había dejado una silla y un micrófono. Aún quedaban minutos, pero se sentó igualmente y afinó por enésima vez las cuerdas, solo por tener las manos ocupadas. Todo esto sin levantar la vista hacia el público, como cuando el profe preguntaba algo en clase y agachabas la cabeza para pasar desapercibido. Las voces fueron acallándose, las luces disminuyeron de intensidad, y el silencio tan pesado que parecía señalarle con el micro para pedirle que lo rompiese. Alzó los ojos, un foco le daba casi en la cara, ocultando la mayor parte del público. Tragó. Parecía un coro de fantasmas esperando a oírle. Sus manos temblaron. Se atrevió a rasgar una nota y se detuvo. Alguien carraspeó al fondo. Su estómago se encogió, y su garganta se secó de golpe, como si le hubiesen descubierto. Lo quiso intentar de nuevo, pero sus dedos parecían congelados. Bajó la mirada como si pudiese forzarles a tocar solo mirándose la mano. Nada. De fondo, algunas personas empezaron a cuchichear. Jacobo solo deseaba que la tierra le tragase.

“Ya está, no puede ir mucho peor”, pensó. Cerró los ojos, y soltó los dedos. Una nota sonó, y el público se calló. La segunda, torpe y vacilante, la siguió. Detrás fue la tercera. Sus dedos fueron ganando algo de firmeza, aunque alguna nota tropezaba. Las notas fueron formando compases. Abrió la boca, temiendo tartamudear, y consiguió cantar el primer verso sin meter demasiado la pata con la pronunciación.

–“With your feet on the air and your head on the ground”

 

Su madre fue la primera que le interceptó al bajar.

—¡bravo cariño! —Dijo emocionada mientras le abrazaba. Jacobo se separó de ella y le dio la guitarra.

—La última vez.

 

 

 

Join the discussion 6 Comentarios

  • Natalia dice:

    Hola, Yuri.
    El ejercicio 10 era “Una historia parcialmente autobiográfica”… ¿Cantaste en público alguna vez?
    El texto lleva a reflexionar sobre lo que hacemos para satisfacer a los demás, cuando no nos satisface a nosotros mismos. Eso de ponerse uno primero suele etiquetarse de egoísta y no debería ser así. Jacobo debería poder decir “no voy a cantar porque no me siento cómodo” y los demás lo tendrían que aceptar. Pero cuesta, lo sé.
    Tu relato se lee bien, está ordenado y es creíble.

    En lo formal, he anotado algunas cosas:
    Después de — se escribe en minúscula.
    “Creo que está un poco nervioso—dijo su padre”

    Pienso que esta frase queda mejor así: “Sí, está cargado este local”. Si quieres añadir el sí al final, creo que tendría que ser: “Sí está cargado este local, sí…”.

    Luego, falta alguna coma y alguna tilde:
    “la maldita guitarra en medio, volviendo el abrazo incómodo”
    “Pero la habrás practicado mucho, ¿no?”
    “Sólo cuando veían la guitarra, le sonreían”
    Tarareó, más bien.

    Enhorabuena.

    • Yuri dice:

      Hola Natalia,

      Pues cantar no fue, sino tocar el piano. Mis padres me forzaban a ello de pequeño, y al final de las clases había que tocar delante de todo el colegio y de mis padres. Apenas lo practiqué, y cuando me tocó al principio no me salía y me morí de vergüenza, pero acabó saliéndome mejor de lo que esperaba. En cuanto bajé del escenario lo primero que dije fue que no volvía a hacerlo. En el texto cambié la edad, añadí lo de cantar, y lo puse en un bar, pero todas las emociones intenté mantener las del recuerdo que tenía.

      Como siempre, gracias por señalarme todas las correcciones. Ni las veo hasta que me las dicen.

      Un abrazo y gracias

  • Jorge dice:

    Buen relato Yuri.
    Me ha recordado este relato a aquel de la madre y la hija. Creo que era el de recrear el cuento. Es la segunda vez que tratas este sentimiento de una relación paterno-filial. Y encima en este es autobiográfico.
    El sentimiento está bien expresado y me llega como lector. Hay detalles, como que el foco le ocultaba parte del público que solo se saben si se ha subido uno a un escenario. Está bien que lo hayas resaltado, porque a veces ayuda a coger un poco de distancia con ese publico-ogro que tanto impone.
    No sé la razón, pero la parte de diálogo está demasiado separada entre líneas.
    Nos seguimos leyendo.
    Jorge

    • Yuri dice:

      Muchas gracias, Jorge. Que memoria tienes, si es verdad que esta es la segunda vez que lo trato. La cabra tira al monte.

      Gracias por apreciar también la parte del foco. Me pareció un detalle importante para darle realismo. Lo de la separación entre las líneas de diálogo tienes toda la razón. Creo que tiene que ver con como copie el texto o algo así. En el word que tenía no había tanta.

      Un abrazo y gracias

  • Alberto dice:

    Una experiencia dura, de las que marcan… espero que no le hays cogido manía al piano. En lo positivo, me gusta el párrafo en que está con Elisa, y ella no le molesta con frases hechas, y la guitarra pesa cada vez más. Resume bien el momento de tensión. También me parecen bien contados los momentos antes de tocar ante ese ‘coro de fantasmas’, uno se pone en la piel del prota con angustia. En ‘agachabas la cabeza para pasar desapercibido’ el narrador se dirige al lector, queda raro.
    Como cosas que yo trabajaría si fuera tú, te comentaría las repeticiones. Por ejemplo en ‘Jacobo tragó pesadamente mientras por fuera su rostro sonreía. Su madre le abrazó y Jacobo trató de alargar el abrazo, pero su madre se zafó’. En esta frase me sobra el ‘por fuera’, y veo varias repeticiones que quedaría más agradable camuflar (Jacobo, madre, abrazo…). Pasa más adelante con ‘local’. Yo uso legible.es y me suele pillar bastantes :-).
    Nos leemos

  • Yuri dice:

    Hola Alberto,

    Pues el piano no lo volví a tocar, no te voy a mentir, pero tampoco lo echo de menos. Gracias por todo el feedback y recordarme la pagina de legible.es, creo que la comentaste en el curso, la guardé y se me olvidó. Voy a probarla las siguientes veces porque a veces yo también me noto que repito. A ver si juego con la página.

    Un abrazo y gracias,

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