“Que no se puede” decían, y ya se me había metido en la cabeza y eso que estaba con la guarda alta y con ganas de guerra y hombre, que no me la colaban, pero al final se metió la idea y ya empieza el que no se puede y vaya que si se podía si se confiaba, con confianza claro que se puede, porque eso era lo difícil, confiar y dejarse llevar y llevar y en un punto hasta volar, pero aprender a soltar y a volar sin motor siempre cuesta y claro, siempre estaba eso ahí, el susto, porque al final es el susto del batacazo que te ibas a dar, aunque solo sea en tu mente porque no te vas a caer, ni leches en vinagre, pero es como bailar en una cuerda a 30 metros de altura y sin ningún tipo de red debajo, dando saltitos sobre el vacío y caminando de puntillas como una bailarina, con timidez, no sea que te pegues la torta proverbial, porque si lo miras bien, al final todo son redes de seguridad, seguros, pero que acaban atrapando, porque no hay una sola red se seguridad que por aquello de no quitarse el susto del cuerpo no te acabe encorsetando, atrapando, enjaulando, limitando, y aunque sea de esas redes que tienen la forma de un abrazo amante, pero amante no del amante con el que te acuestas, sino amante de sentirte amado, como el abrazo de una madre, al final acaba siendo red de las de araña, esas redes pegajosas que no es que te prohíban moverte en sí, pero que a más lo intentas más te enredas y te enredas, y acabas, pues eso, enredado con tonterías y perdiendo un poco el foco de lo que pretendías hacer, de lo que intentabas, de lo que sea que acabases soñando, por muy tonto que pareciese, porque al final son las cosas más tontas y nimias las que nos hacen perder el sueño, y mira, la frase es buena, porque de pensar tontunas perdemos el sueño (entiéndase como dormir tranquilo, plácidamente y a pierna suelta, con esos ronquidos que retumban las paredes, despiertan a la parienta, al vecino y causan daños estructurales en el edificio) y los sueños, que es al final el crimen que nos ocupa desde el principio, que te dicen que no se puede, te lo tragar sin digerir, y se te hace una bola en el estómago de desilusiones impresionante, y luego vamos a ver cómo te las ingenias para expulsarla, digerirla o deshacerla, y es que no será por falta de intentos por parte de la pobre humanidad por ingeniárselas para arreglar el tremendo desaguisado que se monta ella sola, y así acabamos que si con religiones, terapeutas, vudú, las cartas, y algún que otro avispado que se cree que si a la primera no se lo trago bien entonces lo mejor será intentarlo de nuevo con más fuerzas, y ahí le va la vida tragando y regurgitando en un combate interno sin ilusiones de debate pero con mucho tertuliano interno, de esos que se aprenden un discurso y te lo suelta una y otra vez, vamos que peor que Telecinco, porque al menos en esos programas te entretienen con lo que a los otros se les hace bola, y la tuya parece que te va pesando un poco menos, pero vamos, que sin engaños, ilusiones o fantasías, estar la bola está ahí, esperándote y aguardándote a que te acuestes para venirse encima tuyo, porque ya comentábamos arriba que quitándote los sueños es como te quitaban el sueño, y al final te olvidas de poder dormir una noche del tirón y te concentras en algún punto sin concretar del techo mientras le das vueltas a la misma bola de siempre, hasta que te das cuenta de que no es tan importante la bola como las redes que las atragantaron,  y ahí sí, ahí amigo es cuando te coges un rebote de tres pares de narices, un cabreo que dejaría un volcán en ridículo, y ahí, con las entrañas bien calientes, lo mandas todo a la mierda y descubres que ese era el truco final, esa frase final del chiste que le da toda la gracia, aunque de este no te ríes, y es que así, en plena mueca de enfado, con las tripas gritando de ira y el puño alzado amenazando a los fantasmas que solo habitan tu cabeza, es cuando la bola se deshace, te recuperas y te enteras que era aquello que querías hacer y te dijeron que no se podía, y le cierras de un puñetazo la boca a aquel que osó proferir que no se podía, que no lo intentases, que no merecía la pena, y ahí, como un boxeador que gana por knockout a su contrincante te sientes la repera, pero aún te queda por descubrir la mejor parte, y es que o te andas con ojo, o vuelve a las andadas como un duende travieso, así que no te aferres mucho a aquello de dormir toda la noche del tirón, y mantén siempre un ojo abierto para ver qué cosas se te meten en la cabeza, y si, ya sé que cuesta, cuesta exactamente un ojo de la cara pero voy a pecar de ambicioso (ambicioso es pensar que sigues leyendo a estas alturas, y si lo has conseguido, me descubro ante ti) y ya que estas en ese trabajo, haz el favor de ver las cosas que metes tú en la cabeza de los demás, que para eso la vida nos ha dado dos ojos, uno para ti y el otro para los demás, y no está de más desear para los demás aquello que queremos para uno.

Join the discussion 7 Comentarios

  • Carlos dice:

    Hola Yuri,
    has hecho un texto un poco pegajoso que ha intentado hacer bola pero esto es lo que he digerido:
    Que tragar con todo que nos dicen y que hay que ser crítico y coherente con lo que se escucha y con lo que se dice y sobre todo relativizar las cosas y valorar las importantes y si crees en algo adelante.

    • Yuri dice:

      Hola Carlos,

      Justo era eso. La verdad es que el texto se hace una bola bien difícil de leer, casi me dan ganas de darte la enhorabuena por leerlo hasta el final. Eso sí, me lo he pasado muy bien escribiéndolo.

      Gracias por tu comentario, y un abrazo,

  • Natalia dice:

    Hola, Yuri
    Me han gustado tus reflexiones sin puntos. Como ideas que disparan a la cabeza, una detrás de otra, que dan para pensar un rato.
    Y llegados a este punto, felicidades por cerrar el círculo y terminar “La escritura desatada” 🙂

    • Yuri dice:

      ¡Redoble de tambores! ¡Yuri ha terminado el curso!

      Gracias, Natalia. Más vale tarde que nunca. Necesitaba poder cerrarlo y agradezco de corazón haberlo podido hacer y compartir con vosotros. Atado este cabo suelto, solo queda seguir “desatándose”.

      Gracias y un abrazo bien grande,

  • Alberto dice:

    Buen texto, anárquico, de flujo de pensamiento, a lo que se presta mucho este ejercicio. Me ha gustado la imagen de la red de seguridad como elemento castrador de libertad. Hay un tema de un grupo de Hondarribia, Dut, llamado Hotzikara, que habla de un funambulista que ‘cuanto más agranda su red, más pequeño se hace’ (sin más, me vino a la cabeza). También me ha gustado lo que dices en la interpelación final al lector, muy interesante, aunque el paréntesis no sé si está correctamente ubicado. La frase ‘Se te hace una bola en el estómago de desilusiones’ es menos confusa así: ‘Se te hace una bola de desilusiones en el estómago’ 😉
    Nos leemos

  • Jorge dice:

    Glup. me lo tragué.
    Me alegra te lo hayas pasado bien, Yuri.
    El texto se va leyendo, enlazando unas ideas con otras. A veces cuesta, porque no hay una traza o un ancla que te permita recuperar el hilo. El primer paréntesis me ha matado. El del final no, ese está bien, lo he digerido a la primera, y me ha gustado porque es un guiño al lector.
    Me ha gustado la expresión “tripas gritando de ira”

    Aunque Natalia no te ha dicho nada, creo que te falta un punto. 😉
    Enorme el esfuerzo que has hecho para terminar el curso.
    Enhorabuena.

Dejar un comentario