Caminabas por encima de los cascotes sin rumbo aparente. Todo estaba completamente destruido. Nunca pudiste imaginar que todo terminaría así y contemplabas la debacle. Quizá se fue un poco de las manos.

Aparentabas serenidad al observar unas piedras amontonadas, pero era fingida. La bola dorada sobre la fachada cayó justo entre los leones, que ya habían perdido toda fiereza, si es que algún día la tuvieron. La diosa habría que buscarla entre el resto del escombro. Te sentías con poder, aunque tu rostro pareciera cariacontecido.

Observabas el socavón que aparecía inundado. El canal de las Pascualas fluía con libertad por el exterior buscando un nuevo cauce e invadía todo el Paseo de la Castellana en dirección a Atocha. El agua, como el tiempo, como la vida, siempre sigue su camino. Como lo seguiste tú, detrás de tu destino. Desde el centro de la plaza escuchaste el chorro de agua que recordaba la fuente que ya no existía y guiñabas los ojos para evitar que te entraran las gotas traídas por el viento. Tu cara se mojaba, pero no estabas llorando, estabas dejando que esa agua pura, subterránea, te empapara el rostro. Levantabas la cabeza y buscabas la humedad. No podías evitar que tu boca dibujara una sonrisa de satisfacción.

Sabías que todo ocurriría como habías planeado. La ciudad lo anunciaba a todos los turistas en la plaza de Puerta Cerrada: “Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son”, y esa agua fue tu mejor amiga, tu mejor aliada. Pasó de ser la guardiana secreta a cómplice activa de todo tu plan maestro.

Observabas la estampa con aparente tristeza, más bien melancolía, pero en tu fuero interno sentías orgullo y hubieses querido que tu padre estuviera contigo. Sabías que suya fue la idea y que tú habías sido, simplemente, el eslabón definitivo. Tu orgullo no es el de la obra bien hecha, es el del vástago obediente que ofrece un homenaje a su progenitor.

Los aficionados de ese equipo de futbol ya no tendrían sitio para celebrar sus títulos, pero eso a ti te daba igual. Cambiabas tu mirada en dirección al sol, que volvía a anunciar un nuevo día, y veías al fondo la puerta emblema de tu ciudad, que atendía horrorizada al destrozo. Por su vano central entraban los rayos que, como el agua, también bañaban tu cara.

Te recreabas viendo como los curiosos se acercaban a mirar, entorpeciendo las labores de bomberos y policía. Disfrutabas recordando cómo lo hicisteis.

Los contrataste sin nada que ofrecerles. Pero sabías que la codicia mueve montañas, y bloques de hormigón y toneladas de preciado metal. Les prometiste todo el oro. Todo. Te regocijabas al ver sus ojos engrandecerse de avaricia. Tú pondrías la idea, el plan, y ellos, la fuerza bruta. Les señalaste la alcantarilla a la que tenían que ir y el punto exacto dónde excavar.

También fuiste tú quien conseguiste los uniformes del Canal de Isabel II para que pudieran trabajar. Utilizaste el viejo sistema de seguridad en tu beneficio. El agua, esa agua bendita, fue la clave. El túnel os dio acceso al Canal de Oropesa y tú sabías, porque te lo había dicho tu padre, cómo activar el canal de inundación para que solo llenara el foso sin mojar la cámara.

A partir de ahí, solo os quedaba el último escollo. Esa última puerta fue todo obra tuya. Aprovechaste la visita institucional del presidente del banco de Namibia. Sabías que los claveros acudirían y que dejarían el paso franco a través del pasadizo.

Te inflamaste de emoción al entrar en la sala. Cumpliste tu promesa, el oro era para ellos. Tú solo te llevaste algunas piezas de la colección numismática. Las cargaste mientras ellos se organizaban para cargar con toda su ambición.

Ya estabas muy lejos cuando todo saltó por los aires. El sistema de seguridad por inundación no se había usado en más de 70 años y la presión lo hizo reventar todo, la fuente de la Cibeles, la puerta del banco y levantó un socavón que ocupaba toda la plaza.

El agua custodiaba, el agua abrió el acceso y el agua lo destruyó todo.

 

Pudiste escapar. Y ahora preparas todo porque te quieres ir lejos. Por la expresión de tu cara, creo que acabas de tener el mejor de tus gozos.

¿Lo has hecho, verdad?

Asientes.

Y cogiste solo las monedas.

Respondes que sí.

Pero a ellos los han cogido a todos.

No dices nada. Sonríes.

Sabías que los lingotes pesaban demasiado. Que cargar con todo aquello requería de una planificación que tú no pudiste resolver. Su avidez les conduciría a su condena, pero lo que no pudiste imaginar era que la presión del agua lo reventaría todo.

Preparas el último paquete antes de irte. Te aseguras de guardar el maravedí del siglo XII con inscripciones latinas. Escribes una carta: “Úsalo con cabeza. Te quiere. Mamá.” Y besas el sobre.

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  • Natalia dice:

    Hola, Jorge
    Me ha gustado tu texto, este plan trazado que nos vas descubriendo poco a poco. He visto los lugares. Tu relato está bien escrito, ordenado y trabajado.
    Me ha captado ese “tú” al que se dirige tu narrador. Me has agarrado y no he querido soltarme. Has sabido atrapar mi atención.

    Me has hecho buscar el origen del título de tu relato. Por si le interesa a alguien más, aquí dejo el enlace:
    https://www.secretosdemadrid.es/fui-sobre-agua-edificada-mis-muros-de-fuego-son/

    En cuanto a lo formal. en esta frase creo que queda mejor con la a:
    “A la diosa habría que buscarla entre el resto del escombro”
    Y esta creo que mejor así:
    “Pero a ellos los han cogido. A todos.” (sino es mucho para una sola frase: a ellos/los/a todos). O “Pero a ellos los han cogido.”

    Esto es el nombre del canal, así que debería aparecer en mayúscula: “El Canal de las Pascualas”. Igual que “Paseo de la Castellana”.

    Faltan tres tildes en el “tú”:
    “Tú pondrías la idea”
    “y tú sabías, porque te lo había dicho tu padre…”
    “Tú solo te llevaste algunas piezas de la colección numismática.”

    Y he echado de menos algunas comas:
    “El agua, esa agua bendita, fue la clave.”
    “A partir de ahí, solo os quedaba el último escollo.”
    “¿Lo has hecho, verdad?”

    He aprendido una palabra nueva: “claveros”. Gracias 😉

    Enhorabuena por tu trabajo.
    Nos leemos 🙂

    • Jorge dice:

      Hola Natalia.
      Gracias por comentar, como siempre.
      hacía tiempo que me había propuesto hacer un texto en segunda persona. Con este texto andaba medio atascado y sin saber como sacarlo y pensé que podía encajar. También pensé en como simular un pequeño diálogo, y es lo que hago al final. Si observas, las preguntas las hace el narrador, que no debería, pero a esas alturas el lector ya interiorizado esa segunda persona y cuela.

      La segunda persona es enigmática y dependiendo de como se cuente el lector puede pensar que te refieres a él, pero ese ejercicio requiere de una historia que se adapte bien a ello.

      Gracias

  • Carlos dice:

    Hola Jorge,
    me ha gustado tu texto.
    No conocía el origen de Madrid y el enlace que ha puesto Natalia me lo ha aclarado.
    Esa forma de contar la história en segunda persona y sin saber a quien se refería me ha hecho perderme, aunque ha captado mi atención.
    He interpretado que la diosa Cibeles planea el asalto al banco Central, lo cual suena muy mágico, y nos adentra por las profundidades y los caminos fluviales del subsuelo de Madrid.
    Enhorabuena.

    • Jorge dice:

      Gracias Carlos por tus comentarios.

      La interpretación de la diosa Cibeles es toda tuya, así que el mérito es también tuyo.
      Empecé a escribir sobre mi ciudad en ruinas y en segunda persona (que es un poco enigmático) sin saber muy bien a donde llegaría. Busqué elementos conocidos de mi ciudad y me fui a Cibeles… pues allí en medio de los escombros con el banco de España al lado surgió la historia, porque me acordé del sistema de seguridad de aguas subterráneas, y empecé a hilar cosas, etc…

      Muchas Gracias

  • Alberto dice:

    Tu texto me ha producido una sensación extraña; por un lado, al principio, no he empatizado mucho con lo que cuenta (me ha costado una relectura comprender el golpe, asociar el Banco de España y la Cibeles), pero a la vez me ha gustado mucho, y sorprendido, la prosa que utilizas. Me parece que está muy bien escrita, me ha resultado atractiva. El tono es muy misterioso, y se suceden las frases con la presencia constante del agua y lo que, vamos adivinando, es la ciudad de Madrid. Yo también he curioseado sobre el título, como madrileño reconozco que no lo conocía, o no lo recordaba. Me parece una idea bonita, el uso del agua, el ritmo de la prosa y las frases elegantes y bien hechas, la voz en segunda persona interpelando a un personaje también enigmático. Pero entiendo que el relato es parte de algo más extenso, no se resuelve. ¿Es la Cibeles la protagonista? Como lector poco puesto en mitología (y aún siendo madriles), me enfrento al texto sin saber ni de quién es madre ni de quién es hija. ¿Qué significa el último mensaje? Ya nos dirás. Solo decirte que lo de fuero interior me ha sonado raro (siempre he escuchado interno).
    Gracias por tu texto. Nos leemos.

    • Jorge dice:

      Gracias Albertos por tus comentarios.

      Es verdad que hasta la mitad del texto solo tenemos a un narrador hablando a alguien, que no sabemos quién es, y que se pasea por encima de ciertos escombros y dando pistas de donde está. Si confunde o no consigo enganchar está claro que es algo que se puede trabajar y mejorar, pero el texto quería ser enigmático.

      Luego se explica que todo lo que ha pasado ahí ha sido simplemente un burdo robo, pero con el uso del agua que utiliza el antiguo (y actual) sistema de seguridad de la cámara acorazada.

      El final, por decir algo, es descubrir al lector que el atracador no es tal, si no que es una atracadora y que le deja a su hijo una de las piezas mas emblemáticas; el maravedí. Ya me imagino que esperabas mas sorpresa, pero that’s all falks. También había pensado que el hijo fuera el narrador y dar el giro completo, pero entonces no se justificaban esas primeras imágenes en la que el narrador ve a la atracadora por encima de los escombros, y por eso, pues lo dejé así.

      Me esfuerzo para la siguiente
      Muchas Gracias

  • Jose dice:

    Hola, Jorge
    Voy a tratar de ser exhaustivo. He estado mucho rato con tu texto y siento que me he vaciado totalmente con el feedback. Allá voy…
    El narrador habla al protagonista. Me parece original el recurso. Quizás ello haga que olvide que hay un lector que quizás no llegue a entender ciertas cosas o no tenga porqué saber otras pero después cuando lo vea en algún punto te lo haré saber.
    Me gusta cómo has ido dando detalles de la ubicación, como capas de cebollas. En el primer párrafo no dices nada, en el segundo das la pincelada de los leones y la diosa, y en el tercer párrafo empiezas a dar indicaciones más concretas de nombres concretos que nos llevan directamente a Madrid de forma definitiva.
    Me gusta cómo evitas repetir la palabra “escombro” utilizando “cascotes” y “piedras amontonadas”.
    Empiezas un párrafo con “aparentabas serenidad” y sin embargo lo terminas con “tu rostro pareciera cariacontecido”. Noto cierta falta de coherencia. Corrígeme si me equivoco.
    Te detienes en la frase “el agua, como el tiempo…” para hacer una reflexión. No sé si procede una reflexión del narrador. Para ello debiéramos saber quién es el narrador.
    En un momento, del pasado imperfecto te pasas al pretérito perfecto, entiendo que sin justificación temporal. Sobre el uso del imperfecto te voy a hacer muchas anotaciones.
    En el párrafo que empieza por “Observabas el socavón” me ha saturado el uso del pasado imperfecto. Aquí me planteo si sería correcto el uso del presente, toda vez que ya sabemos que estamos en una acción pasada. Por ejemplo, permitirte “tu cara se moja, pero no lloras; dejas que esa agua…te empape” y después retomar el imperfecto. Repito, no sé si este recurso es lícito.
    “La sonrisa de satisfacción” no me cuadra mucho. Si es producto de la experiencia sensitiva del agua en la cara, hubiese calificado esa sonrisa de otra forma, una que reflejara mejor el placer corporal.
    La frase “Sabías que todo ocurría como habías planeado” se podría redactar quitando un imperfecto con “…según lo planeado/previsto”.
    En la frase “La ciudad se lo anunciaba” parece que el “se” no es necesario.
    En la frase “…fuego son, y esa agua” creo que pide un punto seguido: “fuego son. Y esa agua”.
    En la frase “pasó de ser… a ser cómplice” si quitamos un ser le da más fluidez: “pasó de ser… a cómplice”.
    No me gusta la idea de “eslabón” cuando se trata del último componente de algo. Pero esto es muy personal.
    Si tras el principio de frase “eras consciente…” dices “a ti te daba igual” se podría suprimir esa parte inicial y entrar directamente con “los aficionados de ese equipo”. Aún así la frase no me gusta porque estás asumiendo con “ese” que todo el mundo sabe de lo que hablas y no tiene por qué.
    Me sobra “el mejor homenaje de todos”.
    “Sitio, ni lugar” parece redundante y no aporta gran cosa. Con uno de ellos, sobraría.
    En la frase “cambiabas la mirada” creo que requiere un “cambiaste la mirada”.
    Me gusta la frase “La puerta emblema de tu ciudad, que atendía horrorizada al destrozo”. Soy consciente que a mí me hubiera salido “la emblemática puerta”, con lo que hubiese perdido potencia la palabra “puerta”.
    En “Viendo como” y “donde excavar” falta tilde en la o.
    “Se acercaban a ver el desaguisado”. He pensado sobre esta frase. Siento que “el desaguisado” no es necesario. Ya sabemos que todo está hecho un desastre. La repetición me cansa.
    Sobre el uso del pretérito imperfecto: “te recreabas…se acercaban”. Poner en presente el verbo acercar lo hace más fluido. O mejor aún, “viendo acercarse a los curiosos” y quitas un verbo “ver”, evitando así la repetición.
    En “tu pondrías”, “tu sabías” y “tu solo” falta la tilde en la u.
    “Y ellos la fuerza”: falta algo que sustituya el verbo poner y esto es la coma, quedando “y ellos, la fuerza”.
    “Los contrataste”: no parece el verbo oportuno si se trata de dar un golpe criminal.
    “Les dijiste la alcantarilla”: parece que va mejor un “les señalaste”.
    Dices “Sin nada que ofrecerles” pero les das todo el oro. Parece que falte coherencia.
    La frase “porque te lo había dicho tu padre” da sentido a la frase inicial “sabías que suya fue la idea”. Bravo.
    Me gusta la utilización de contenidos técnicos, que dan veracidad al texto: “cómo activar el canal…sin mojar la cámara”. Aunque rompe algo el ritmo.
    En la frase “te inflamaste de emoción cuando entraste” te propongo una forma más ágil: “…al entrar”.
    En ese párrafo me falta información para justificar tanta emoción al entrar en la sala. Me chirría la frase “las cargaste y les dejaste organizándose para cargar con toda su ambición”. Evita repetir verbo (cargaste y cargar) y tiempo verbal tan cercano (cargaste/dejaste). También agota que todo el tiempo la persona es tú. Podrías haber descargado esa balanza con un “las cargaste mientras ellos organizaban el…con toda su ambición”.
    En la frase “lo hizo reventar todo” me falta un tercer elemento además de la fuente y la puerta.
    No me gusta cómo está expresada la frase “el agua custodiaba,…”.
    Después entras en una especie de diálogo pero que no es diálogo. Da la sensación que el protagonista habla con algo inanimado y que se van preguntando y respondiendo a sí mismo. El narrador queda misterioso, al menos a mis ojos. Me gusta mucho ese recurso. En otro formato, por ejemplo, audiovisual, perdería mucho.
    Al final descubrimos que es una mujer la que rinde homenaje al plan de su padre. Y a su vez, interpela al hijo de ésta. Abuelo, madre, hijo. Ahí aparece una visión de familia, aparentemente de delincuentes, que me parece atrayente.
    En definitiva, me ha gustado mucho la idea.

    • Jorge dice:

      Madre mía Jose. ¿pero que has comido? ¿ha ocurrido algo? Muchas gracias por unos comentarios tan detallados. Debo decirte que muchas de tus sugerencias me han gustado y las he incorporado al relato modificándolo.

      Ahora que somos coautores, pues ya podemos debatir.
      – Yo creo que el narrador no tiene porque identificarse. De la misma forma que un narrador en tercera omnisciente no tiene que presentarse. Es eso; el narrador. Aquí pasa igual, aunque sea un narrador en segunda.
      – Las incoherencias que marcan, lo son, pero le llamaría contrastes del personaje en cuestión. Por un lado se comporta tranquila en la escena, por otro esta satisfecha/contenta por lo conseguido y por otro está triste por el accidente final. Son sentimientos simultáneos que poco a poco se van explicando.
      – Lo que tu llamas opinión del narrador, yo creo que es una dirección, no una opinión personal. No debe haber muchas, pero solo cuelo alguna.
      – Los tiempos verbales. Para no cansar con la segunda persona, puede ser que los cambios de tiempo verbales puede ser una muy buena solución de desahogo, pero aquí el problema soy yo, que soy un cobarde, porque no me siento muy seguro con los giros de tiempos verbales. Yo tampoco sé si es lícito el giro a presente que propones. Lo tengo que pensar mucho, y es algo a practicar en el futuro.
      – Lo del equipo de futbol no importa que no lo entiendan todos los lectores. Es la enésima pista para decir que estamos en Cibeles. El que ya lo ha pillado pues bien, y el que no lo pilla pues no pasa nada. ES un medio para un fin. El relato se sigue entendiendo.
      – El agua custodiaba es porque actualmente existe un sistema de seguridad en la cámara acorazada del banco de España que se activa en caso de robo inundándolo. Se montó hace 70 años. La atracadora usa ese sistema de seguridad, precisamente para poder robar. El que lo haya pillado pues bien, y el que no pues tampoco pasa nada. Una parte de la historia la pone el autor y la otra la tiene que completar el lector. Cada uno tendrá sus propias interpretaciones. Incluso si lees lo mismo dentro de un tiempo, también será diferente.

      Me alegra que después de todo, te haya gustado.
      Nos leemos, vamos a por el siguiente.
      Gracias

      • Jose dice:

        Gracias por las apreciaciones. Sé que puede herir el orgullo lo que nos vayamos diciendo y más cuando uno piensa que el que critica está equivocado, que la mayoría de las veces lo está. Pero aún así siento que es positivo. Yo desde luego, he aprendido haciendo el esfuerzo de comentar, aunque estuviese desacertado, como en el caso del análisis al texto de Natalia -perdonad, Carlos y Alberto que no me haya metido con el vuestro a saco, si bien leí todos los textos en su momento.
        Abrazos.

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