A Ricardo le gustaba su vida en familia. Su mujer, Laura, era entusiasta y tenía el punto exacto de sensatez que le hacía sentirse seguro. Se tenían una confianza total y era tan intuitiva que muchas veces sabía lo que le pasaba antes de que él mismo se lo contara. Ella le había ayudado mucho con su enfermedad, logrando que pasara casi inadvertida. Vida sana, deporte, nada de café ni alcohol.

— Riqui, golosín, ¡pero cuánto te gusta el Colacao!

— Acabo de hacer los 12 km en 40 minutos, me quedo sin energía.

— Como no te des prisa, pierdes el autobús.

— ¡Hasta luego!, cariño, recuerda que esta tarde recojo yo a la niña.

En su vida profesional, tras años de estudio y esfuerzo, casi obsesivo, había alcanzado una situación cómoda dentro de su empresa. Había tenido fama de exigente y duro pero la influencia de su vida familiar, le había empujado a relativizar la importancia del trabajo en su vida. La obsesión por su trabajo la había sustituido por una atención desmedida a su hija. Su psicólogo lo justificaba  en que en su subconsciente aún quedaban rescoldos de una infancia solitaria e infeliz en el internado.

Algo más cambio cuando llegó Silvia a trabajar a la oficina. El aire fresco y juvenil que trajo con ella le hizo “despeinarse un poco” a los ojos de los que le conocían. Desde el primer momento tuvo una tendencia natural a hablar con ella, coincidían en gustos. Un mundo nuevo e independiete se abría paso en su interior.

— ¿Has visto la nueva exposición del Prado?, ¡me encanta el Bosco!

— La he visto anunciada, pero no dispongo de tiempo.

— Si puedes escaparte, no te lo pierdas, surrealismo en estado puro, antes de que nadie imaginara qué era eso.

— ¿Sabes que pintaba bajo los efectos del cannabis?

— Igual hay que probar a hacerlo, ¡me gustaría ser así de creativa!

— ¡Suerte!, ya me dices si tienes una ocurrencia interesante — le dijo, guiñándole el ojo derecho.

Sus días en familia transcurrían predecibles, como el girar de una noria. Se desvivía por llevar a la niña a actividades, le encantaba especialmente la sesión de natación de padres e hijos. Laura prefería llevarla a talleres de cuentos y teatro. A propuesta de su mujer, los jueves, era la noche en pareja. Muy a su pesar, dejaban a la niña con sus suegros y salían a cenar o al teatro. Los sábados solían pasarlos con sus padres, hermanos  y sobrinos en la finca que había comprado su padre al jubilarse.

Una mañana, al pasar al lado de Silvia, la saludó como era su costumbre.

— Hola Silvia, ¿cómo estás?, no tienes buena cara.

— No todo lo bien que desearía, he roto con Mateo.

— ¡Vaya, lo siento!, ¿te apetece hablarlo mientras tomamos un café?, quizás no sea algo irreparable. — dijo intentando tranquilizarla.

— Quizás si lo sea, no soy muy dada a segundas oportunidades.

 

En los días siguientes trató de animarla. De alguna forma, quizás egoístamente, le dolía ver que su gesto hubiera tomado tonos apagados, sabiendo lo vital que solía ser. Se apartaban del grupo de compañeros del trabajo en la hora del café y las confidencias empezaron a formar parte de sus conversaciones.

Ricardo a pesar de sus treinta y ocho años se sentía envuelto en las sensaciones de un primer amor. Últimamente se había vuelto adicto a  la cafeína. Se pasaba media mañana deseando que llegara la hora del café.

A Silvia le encantaban las notitas que le dejaba en post-it entre sus cuadernos. Ricardo tenía la habilidad de escribir al revés y a ella le hacían gracia. Cada vez que descubría una  corría al baño para poder leerlas reflejadas en el espejo.

— Ricardo, ¿sabes que el otro día leí que Leonardo da Vinci también solía escribir al revés?

— Sí, lo sé, dicen que lo hacía para proteger su conocimiento, pero él no era diestro como yo.

— Me gustan mucho tus notas, Ricardo da Vinci, — decía intentando poner una sonrisa enigmática de Gioconda, según ella.

Un día, en medio de una de sus conversaciones, Ricardo no pudo contener sus ganas irrefrenables de besarla. Ella cerró los ojos y sintió como unos labios ardientes y carnosos se fundían en su boca.

— Solo hay una cosa por la que siento darte un beso — dijo Ricardo, con aire enigmático.

— ¿Ah sí?, pues yo no he notado que lo sintieras.

— Por lo único que lo siento, es porque mientras te beso se oculta tu sonrisa.

Ella soltó un sonoro y teatral suspiro y se marchó mientras esbozaba una sonrisa. De alguna forma intuía como los de Ricardo la seguían y su nariz trataba de retener su ligero olor a mora.

 

Al día siguiente cuando Ricardo estaba junto a la máquina del café, cuando Silvia acercándose por sorpresa, deslizó su larga y afilada uña por su espalda, recorriendo de arriba abajo su columna vertebral, con la lentitud suficiente para erizarle la piel, al tiempo que con una voz dulce le decía:

— Me gusta tu camisa.

— ¿Ah sí? Me pongo lo primero que me viene a mano.

— Eres malo, Riqui, pensé que la habías elegido especialmente para mí — le contestó con un aire juguetón.

 

Esa forma de llamarlo le resulto muy extraña. Como si le hubieran aplicado una descarga eléctrica en el cerebro se sintió confuso y aturdido.

— Ricardo, ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

— ¿Eh?, Laura…, dijo como tambaleándose.

— Que si estás bien, pareces noqueado. ¿Por qué me llamas Laura?

— Sí …, no es nada, solo un leve mareo. Perdona, he … debo llamarla. — dijo mientras salía.

— Ricardo, te dejas el café.

— ¿Cómo?, nunca tomo café.

En su boca ya no notaba el sabor dulzón de otros días sino ese ligero sabor amargo de la infidelidad.

Join the discussion 10 Comentarios

  • Jose Romero dice:

    Hola, Carlos, gracias por regalarnos este texto. Me ha gustado si bien los primeros párrafos se me han hecho algo largos. La idea que quieres transmitir, que Ricardo tiene una vida felizmente anodina y plano pero demasiado predecible creo que se podía sintetizar en un sólo párrafo. Pensándolo bien, decidir escribir en tercera persona le resta, bajo mi visión, potencia a esos párrafos.
    Esta frase me saca de la lectura: Su cuerpo respondía a ella como si de una enzima se tratase dando forma a una reacción altamente exotérmica. Quizás con otra analogía más próxima no me hubiese pasado.
    Encuentro algunas separaciones con coma que requerían algo más rotundo como un punto, o al menos un punto y coma:

    -La atención obsesiva por su trabajo la había basculado hacia la atención por su hija , (AQUI) era extremadamente dedicado y protector , (AQUÍ) en su subconsciente aun quedaban rescoldos de una infancia solitaria e infeliz en el internado.

    — No todo lo bien que desearía , (AQUÍ) he roto con Mateo.

    — ¡Vaya (AQUÍ FALTA COMA) lo siento!, ¿te apetece hablarlo mientras tomamos un café?, quizás no sea algo irreparable. — dijo intentando tranquilizarla.

    — Quizás si lo sea , (ÁQUÍ) no soy muy dada a segundas oportunidades.

    Alguna tilde (si, trato) también echo en falta.

    Después del primer diálogo, vuelves a hablarnos de su situación en “Su vida familiar era placentera…”. Veo pesado reincidir en ello. Le resto interés.
    La escena final en la máquina expendedora me gusta mucho. El gesto de la uña por su espalda, los nombres y la confusión,…así como la decisión final de él, no dicha completamente pero sí intuída de cortar con el juego.

    Enhorabuena.

  • Natalia dice:

    Hola, Carlos
    Me ha gustado tu texto y la historia que querías contarnos.
    Está a medio camino entre mi texto y el de Jorge: sólo hay un beso y un coqueteo. Hasta que él se da cuenta de que hay una tercera persona que puede salir perjudicada: su mujer. Y se arrepiente.
    Creo que, en algunas partes, hay un narrador demasiado explicativo. Creo que sobra alguna información, como lo del internado.
    La frase de la enzima también me ha chirriado, como a Jose.
    En lo formal, esta frase yo la habría puntuado así:
    “La atención obsesiva por su trabajo la había basculado hacia la atención por su hija. Era extremadamente dedicado y protector. En su subconsciente aún quedaban…”
    Me han faltado cuatro tildes:
    “antes de que nadie imaginara qué era eso.”
    “la saludó como era su costumbre.”
    “En los días siguientes trató de animarla.”
    “deslizó su larga y afilada uña por su espalda”
    Y aquí creo que la frase queda mejor así: “como el girar de una noria.”
    Enhorabuena por tu trabajo.
    Nos leemos.

  • Carlos dice:

    Hola,
    a la vista que no se pilla el argumento, voy a aclararlo más y aprovecho para hacer correcciones.
    Ya me diréis que os parece.

  • Yuri dice:

    Hola Carlos,

    Gracias por el esfuerzo de darnos otro texto. Me ha gustado, especialmente la sonrisa de mona Lisa y los Ricardos da Vinci. Quedan naturales, sinceros, y cariñosos. Lo de la sonrisa en especial me ha encantado.

    En plano de mejora, como te decían los parrafos iniciales son tediosos, pero porque nos cuentas más que enseñarnos lo que sucede. Quizás una escena previa explicando el punto de inicio para Ricardo hubiese encajado mejor. Me hubiese gustado más detenimiento en la escena del beso. La presentación es un poco repentina: “Un día, en medio de una de sus conversaciones, Ricardo sintió unas irrefrenables ganas de besarla. ” Creo que describir y meternos en esa conversación del beso era importante.

    Por último, hay una frase que creo que le falta un palabra, porque no la entiendo: “¿Solo hay una cosa por la que siento darte un beso?”

    Pero lo dicho, me ha gustado mucho el texto.

    Abrazos de mono liso,
    Yuri

  • Jorge dice:

    Hola Carlos.
    Tu relato me ha gustado. Como ya te han dicho algunos compañeros, creo que abusas del narrador. Pero abusas de él para explicarnos cosas que podrían explicarnos acciones de tus personajes. Tus primeros párrafos podrían ser un desayuno en familia donde conociéramos a Ricardo, Laura, su hija y algunos detalles de su pasado. Podrías haber intercalado narración de acciones, con diálogos y conseguir darnos la misma información
    La relación de Ricardo si que me ha gustado mucho. Entremezclas los diálogos y la hace muy fluida, además de creíble. Los diálogos y el registro de los mismos están muy bien.
    Creo que hay algo en el texto que no pillamos, por lo que has comentado, y aunque lo he leído dos veces (la segunda mas despacio) no he llegado a pillarlo.

    Enhorabuena.
    Nos leemos.

  • Carlos dice:

    Hola,
    gracias por leerme,
    estoy pensando en cómo tener en cuenta vuestras recomendaciones sobre el principio y no quiero desistir de darle una nueva forma para que lo pilléis.
    Cuando lo tenga espero que le volváis a echar un ojo.

  • Alberto dice:

    Tengo que decir que la introducción explicativa no se me ha hecho pesada. Condensa mucha información en pocas frases, pero de forma elegante, está bien escrito. Seguramente, en un texto corto hay que elegir entre contar poco y mostrar más, o contar más y mostrar algo menos. Para mí lo importante es que la prosa entretenga. Ultimamente me he rayado un poco con la dicotomía mostrar/explicar 😉 leyendo a los buenos escritores se puede ver que explicar tampoco es delito! Aunque es cierto que lo que perdura en la memoria es lo mostrado.
    Me parece un bonito símil el de la noria. De hecho, diría que lo mejor del texto es el modo en que describes la vida de Ricardo, feliz, pero… ¿Hay peros? 🙂
    Como apuntes, en las primeras frases del primer diálogo no se sabe quién en quién. Y, al igual que a Yuri, el beso me ha pillado muy de sorpresa. No se ve la evolución interior de Ricardo hasta ese piscinazo. Lo de la enzima veo que ya lo has borrado, jejeje
    Nos leemos.

  • Carlos dice:

    Hola Alberto,
    gracias por leerme.
    Una vez visto todos vuestros comentarios, cambiaré un poco el texto para que se aclare lo que quería contar.

  • Carlos dice:

    Hola,
    Se que los detalles pueden pasar inadvertidos pero fijaos en los detalles del personaje y en el título. 😉

Dejar un comentario