Belvedere miraba aquella estructura sentado en el banco. Sus manos giraban y giraban la figura geométrica en busca de una explicación, sin encontrarla. No tenía cara de tonto y casi seguro que no lo quisieron pintar así. Es más, su cara era de concentración sobre aquel objeto imposible.

Tanto se concentraba que su ensimismamiento no le permitía atender a la pareja que iba hablando tras de él, como tampoco observaba el papel que estaba a sus pies. Ese papel marcaba y redondeaba, precisamente, dos puntos intersección. El principio del problema y la base para su solución. La explicación.

Belvedere aún no lo sabía, pero de tanto mirar, al final descubriría que toda fuente de conflicto es una intersección. Siempre lo había tenido presente, siempre observándolo, pero, hasta el momento, nunca lo había llevado al análisis o la reflexión.  Como explicarlo, por ejemplo, si nos preguntáramos por qué se pelean los países, los estados, las naciones, casi siempre diríamos que es por delimitar una frontera, es decir, por eliminar toda posibilidad de intersección entre los pueblos, entre las culturas y en definitiva entre las personas.

Si el ejemplo lo trasladáramos a cualquier de nuestros empleos, observaríamos que las tareas definidas y bien asignadas a los trabajadores se suelen hacer con diligencia y responsabilidad, pero las tareas que quedan en medio entre un puesto de trabajo y otro, esas, precisamente, tienden a ser despreciadas y acaban sin hacerse. Porque son las tareas conflictivas, las de la intersección. Es en esa intersección donde siempre aparecen excusas, injerencias o intromisiones, según como sople el viento o según como salga el sol.

Si nos trasladáramos a cada una de nuestras casas, observaríamos que no se discute dentro de las habitaciones (si usted es de los que discute habitación adentro es una excepción y este texto es sobre la intersección), se discute al cruzarte por un pasillo, por el uso común del cuarto de baño o por el trozo de bizcocho en la cocina. En definitiva, en los puntos de intersección de las convivencias individuales.

Podríamos extendernos también a los líderes. Por ejemplo, el momento más débil de todo gobierno es el momento de cambio. Cuando se muere un rey y se va a coronar el siguiente. Cuando se elige a un nuevo presidente o se elige un nuevo parlamento y el otro tiene que salir. Justo en esos momentos intermedios, es donde surge el conflicto, y que bien podríamos llamar “momentos intersección”.

Incluso nuestras pasiones, nuestros deseos más ocultos, seamos del sexo que seamos y gustándonos el género que nos guste nos llevaría a la intersección. Toda fruta prohibida está entre las piernas. Porque todo conflicto nace de un deseo, el deseo de agrandar la frontera, de entrar al cuarto de baño, de querer gobernar. Y todos los conflictos se producen en ese curioso lugar: La intersección.

Belvedere llevaba cubierta la cabeza. No quisiera decir sombrero, porque sería condicionar. Incluso con imaginación podríamos pensar que Belvedere llevaba una barretina. Pero no una barretina cualquiera, si fuera barretina tendría que ser catalana (¿acaso hay algo, últimamente, que no sea catalán?) Belvedere seguía ensimismado, sin importarle lo que cubría su cabeza y mucho menos su origen. Si le hubieran dejado hablar, el mismo diría que Escher le pintó así y que él que culpa tiene. Pero su obsesión por esos puntos de intersección, por esos puntos de fuga que tanto observaba, nos empujaría a nosotros, espectadores, a preguntarnos qué es eso que no encaja en el resto de la lámina.

Es precisamente, el cubo imposible que sujetaba Belvedere lo que podría llegar a explicarnos la confusión del edificio que tenemos delante de nuestras narices. Lo que explicaría cómo pueden estar un personaje encima de otro mirando en direcciones perpendiculares. Y también explicaría como una escalera puede subir de una planta a otra consiguiendo un ángulo en apariencia imposible. En definitiva, Belvedere sujetaba sobre sus manos la pregunta y la respuesta. El conflicto y su solución.

El conflicto, la confusión, así como la solución y la explicación se encuentran siempre en la intersección. Es en ese preciso lugar, donde todo se puede complicar y donde todo se puede solucionar. Porque el problema no es la intersección, es el talante con el que se entra en ella. Nuestra generosidad, nuestra tolerancia, nuestra ilusión, nuestra paciencia, nuestra comprensión, harán que se puedan llegar a sostener convivencias inimaginables, estados imaginarios, sexo indescriptible y edificios imposibles.

Luego estaría lo que debió pensar el autor cuando lo dibujó. Quizá nos quiso mostrar un paisaje o nos quería decir que las cosas no son lo que parecen. Que hay mirar más allá, más profundo. Romper la perspectiva y alcanzar una nueva dimensión. Quien sabe. Quizá el autor, como Belvedere y como yo, no para de pensar en otra cosa que no sea la intersección.

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  • Natalia dice:

    Hola, Jorge
    Qué interesante. Creo que el texto está bien escrito, me ha gustado mucho (aunque no es un relato sino una reflexión).
    A partir de una lámina, has hecho un ejercicio de profundización sobre este concepto, la intersección, el lugar en el que dos líneas se encuentran. Y, desde ese punto, has desarrollado una teoría sobre los conflictos que surgen en las intersecciones, cuando se cruzan visiones, tareas, ideas distintas. Me parece muy acertada.
    He estado investigando y he descubierto los grabados del tal Escher, que ya había visto pero sin saber de quién eran. Figuras y mundos imposibles, en los que nada es lo que parece.
    Me gusta especialmente la reflexión final: hay que mirar más allá. Siempre hay lecciones escondidas, mensajes profundos que hay que saber ver, en todos los aspectos de la vida. Hasta en lo más sencillo hay un aprendizaje. Para eso hay que estar atento y abierto a aprender.

    En lo formal, algún error de teclado:
    “no le permitía atender a la pareja que iba hablando DEtras de él”
    Si el ejemplo lo trasladáramos a cualquierA de nuestros empleos,
    “Ese papel marcaba y redondeaba, precisamente, dos puntos (¿de?) intersección.”

    Y algunas tildes:
    “Cómo explicarlo. Por ejemplo, si nos preguntáramos…”
    “según cómo sople el viento o según cómo salga el sol.”
    “él mismo diría que Escher le pintó así y que él qué culpa tiene.”
    “Quién sabe.”

    Enhorabuena por tu trabajo.
    Nos leemos 🙂

    • Jorge dice:

      Gracias Natalia por tus comentarios.
      Reflexión, relato. Qué línea mas fina. Si las reflexiones las hubiera hecho el personaje (cosa que estuve a punto de hacer), entonces estaríamos antes un relato, pero como las hace el narrador-autor, entonces estamos ante una reflexión. Lo cual me lleva a otra: Cuando nos expresamos como narradores decimos que es un ensayo, un artículo periodístico, pero cuando hacemos que esas opriniones-reflexiones sean de los personajes, entonces estamos ante un relato literario. ¿es tan fina esta línea o solo soy yo que la veo así?
      Du cualquier manera. Muchas gracias

  • Jose dice:

    Hola, Jorge
    creo que te lo has pasado bien escribiendo lo que parece ser un monólogo, una cascada de pensamiento acerca de un tema. Me gusta, es un ejercicio muy sano, coger una palabra, un tema y explotarlo al máximo. Eso desarrolla la mente de forma inimaginable. Y es lo que hay hecho.
    Encuentro que está bien escrito el texto, utilizando recursos que para la forma oral parece más idóneo, como la repetición de palabras o la repetición de sinónimos.
    Para mi gusto, el texto lo hubiese terminado en el penúltimo párrafo. Se cerraba bien porque era la conclusión acerca de cómo solucionar las intersecciones, los conflictos. Quizás alternar el orden de los dos últimos párrafos tuviese más sentido. No sé, ya me dices lo que piensas al respecto.

    ¡Abrazos!

    • Jorge dice:

      Gracias Jose por comentar.
      Si me lo he pasado bien, y eso que he tenido poco tiempo. Creo que se podía haber estirado mucho mas la idea con muchísimos mas ejemplos, pero quizá hubiera sido pesado.
      Los dos últimos párrafos, es verdad que son como dos cierres seguidos. Una cierra la idea de la intersección, que es la que da origen al relato y otro cierra la idea de observar y decir lo que sugiere el cuadro (la consigna). Es correcta tu apreciación de que se pueden alternar los dos o quitar alguno incluso. Al final se quedó así.
      Al leerlo dentro de un tiempo tendré alguna sensación diferente. Seguro.
      Muchas gracias

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