En una pequeña oficina del barrio de San Jerónimo, alejado del corazón de la ciudad, cinco mesas dispuestas en composición caótica y unos viejos archivadores apilados por todos los rincones apenas dejan ver las losetas con detalles florales, cuya solemnidad semeja al diseño de mediados de siglo pasado.
Un sofá de dos plazas, tapizado de terciopelo granate y algo polvoriento, delimita un espacio de descanso. Frente a él hay una mesita de roble. Sobre ella, se amontonan en un extremo unas revistas de curiosidades científicas junto con algunos ejemplares de Jara y Sedal. Al otro lado de la misma, un par de tazas cerámicas de café, servidas hace horas, reclaman su sitio en el fregadero para recuperar su pulcritud.
Una joven entra, tras llamar a la puerta  con un firme repiqueteo de nudillos. Carlos y Javier estaban al tanto de su llegada.
—Buenos días. Soy Daniela Esteve, vuestra nueva compañera. Supongo que don Tomás os habrá informado.
—En absoluto — dice Carlos mostrando una fingida extrañeza—. El jefe es una persona muy discreta, como requiere este trabajo, por cierto, y apenas nos comenta sus planes.
—No mientas — recrimina Javier con tono paternal, sin importarle el mal lugar en que pudiera quedar su amigo, atendiendo a la confianza mutua que se profesan, labrada con los años y de difícil resquebrajo—. Desde el fallecimiento inesperado de Luis los expedientes se nos desbordan —asevera a Daniela —. Don Tomás nos ha hablado de tus excelentes aptitudes para este sector.

—Me voy a sonrojar.

—Como sabrás, trabajamos por parejas y tú serás la mía. Carlos y Enrique forman el otro dúo aunque en cualquier momento podemos cambiar. Los problemas se resuelven hablándolos.

—Perfecto.

—Para abrir boca, tenemos una herencia muy jugosa. Todos los beneficiarios conocidos han desaparecido, la mayoría por defunción. Pero con software especializado, y la labor de nuestra genealogista Candela, hemos podido trazar el árbol familiar. Tenemos varias pistas pero lejos de aquí, al otro lado del Atlántico.
—Soy rápida haciéndome la maleta —se apresura a decir sin perder el gesto serio al tiempo que lanza una furtiva mirada a Carlos.
—Mete ropa veraniega, bikini y flotador —le sugiere con un guiño, habiendo percibido esos ojos azules buscándole en medio de la desastrada oficina.

 

Durante las semanas que transcurrieron en la República Dominicana, Daniela empezó a aprender el oficio. Tuvo que desenvolverse entre los distintos estratos sociales, manejándose con personas de toda índole, desde la inocente y bondadosa hasta la hedonista, tendente al vicio y la delincuencia en sus distintos tipos. Aún así no era un medio que desconociera. Sus progresos entusiasmaron a don Tomás, que por fin encontraba savia nueva para su reducida plantilla, algo adocenada. Si seguía consiguiendo pingües comisiones para el despacho pronto podrían trasladarse al centro de la ciudad, a un local espacioso y más digno, que multiplicara su visibilidad y con ello la clientela.
Pasaron los meses y don Tomás consiguió plasmar sus planes. La habilidad investigadora de Daniela crecía al mismo ritmo que desvelaba los recovecos de la piel de Carlos, con quien pronto había iniciado escarceos íntimos. Sin embargo, ambos sabían que no era nada serio.

 

Una mañana de marzo llega a la oficina con una propuesta de investigación, la primera que ella iniciaba.
—Jefe, me han pasado información de una herencia millonaria, de diez millones de euros, sin testamento conocido. El difunto residía en Sudáfrica.
—¿Tenemos pistas de algún heredero?
—Esa misma fuente me ha confirmado que se trata de alguien cercano, un personaje público de esta ciudad, lo que puede dar un espaldarazo para nuestro negocio.
—Eso sí que es bueno aunque tendremos que ser precavidos con el modo de divulgar la información con la dichosa protección de datos. ¿Y de quién se trata?
—El supuesto legatario es Augusto Risueño, el secretario general del grupo parlamentario Poder Nacional.
—Vaya, el asunto se pone caliente. Su afán por el dinero es archiconocido. ¿Tenemos algo que verifique ese vínculo familiar?
—Por desgracia, no. Creo necesario viajar a Johannesburgo para obtener información de primera mano. ¿Tenemos algún contacto allí?
—Me temo que no. Todavía no habíamos trabajado esa región. Lo cierto, Daniela, es que más allá de esa pista no tenemos nada. Consigue el nombre del difunto y los datos necesarios para que decidamos si hay opciones reales que justifiquen iniciar un expediente.

 

Los días pasaron y Daniela no consiguió aportar ningún dato relevante. Un resuelto don Tomás decidió dar la vuelta al asunto. Asignó a Daniela otro cometido con más opciones de éxito y contrató los servicios de un rastreador que tenía acceso a casi todos los registros civiles de la capital sudafricana, para que le consiguiera listas de finados durante el último año con sus patrimonios referenciados. Alguna vez le había funcionado esa estrategia inversa pero el beneficio menguaba por el incremento de intermediarios a los que gratificar.

 

Unos meses después, don Tomás cita a Daniela en su despacho para darle buenas noticias sobre el asunto.
—Esteve, aquí tienes un listado de los posibles familiares de Augusto Risueño. Trabaja con Candela para ver qué se puede obtener.
—De acuerdo, jefe. Hoy mismo me pongo a ello.

La joven aprovecha la información para hacer una visita al político, sin aún tener nada convincente. Como intuye apreturas de agenda en la vida de un personaje así, decide abordarlo antes de entrar a su vehículo oficial.
—¿Augusto Risueño?
—No hago declaraciones fuera de micro. Ahora si me disculpa…
—No soy periodista. Trabajo para Valdez & Asociados, nos dedicamos a la genealogía sucesoria. Es muy posible que usted sea beneficiario de una herencia cuantiosa.
—¿De qué está hablando? No tengo constancia de ningún familiar fallecido últimamente.
—A veces, los vínculos quedan muy remotos en la distancia. El caso es que hay una probabilidad elevada de que un ciudadano de Sudáfrica con una fortuna, al morir, cercana a los doce millones de dólares, tenga alguna relación con usted.

Los ojos de Augusto cambiaron al instante. Un halo de codicia pareció rodearlos y su tono de voz denotó un incesante interés, tan marcado que apenas dejaba espacio para la necesaria desconfianza, más si cabe siendo quién era.

—Y dígame —dice mientras cierra la puerta trasera del audi A8, haciendo una señal al chófer para que circulara sin él —, ¿tiene documentos que acrediten la relación de ese colono millonario conmigo?
—Sin duda. Pero antes tenemos que cerrar nuestro vínculo contractual. Ya no le podré facilitar más información hasta entonces.
—Vaya. Es usted un hueso duro de roer. Pero descuide que mi especialidad es llegar a entendimientos. Por algo he prosperado en este mundillo — y con una sonrisa malévola se despide cambiando el sentido de su paso.
—Estaremos en contacto.

Daniela, o mejor dicho, Estíbaliz Quesada, como reflejaba su auténtico DNI, salió de aquel encuentro con una emoción especial. Poco importaba si era cierto el pretendido vínculo. Llevaba demasiado tiempo sin el día a día con los compañeros de la Brigada Central de Investigación de Blanqueo de Capitales y Anticorrupción. Quizás le había podido la impaciencia, una gran enemiga en su trabajo. Aunque le había cogido cariño a don Tomás y, por supuesto, a Carlos, de lo que se trataba era de dar cazar a otro corrompido cargo electo. Parecía tener encaminado el asunto. Era necesario que Risueño hiciese algún movimiento para blanquear parte del dinero obtenido con sus corruptelas aprovechando la falsa herencia puesta en bandeja por la agente Quesada. O simplemente que hiciese una llamada imprudente con el celular indebido. Hasta entonces seguiría llamándose Daniela. Sin duda, dentro de ese personaje también se sabía mover como pez en el agua.

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  • Jose dice:

    Hola, familia
    en este texto he tenido problemas con los tiempos verbales. Lo he revisado muchas veces y al final he decidido cambiar la mayoría. Seguramente me haya colado sin cambiar alguno de ellos. Si veis algo, decidmelo, por favor.

    Como veréis empiezo con un presente y en cambio después meto una acción del futuro y lo redacto empleando un pasado. Dado que tenía dudas, al final me he centrado en el punto donde se encuentra el narrador. Creo que si se hace así muchos de las dudas desaparecen. En la primera escena el narrador está en ese punto, va explicando lo que sucede en cada momento. Pues meto presente. Después en la siguiente, hablo de cómo le fue en la República Dominicana, el narrador está al final de ese episodio de varios meses en aquel país. Pues meto pasado. Más tarde, describo otra situación en la que el narrador se detiene para no se pierda ningún detalle. Meto presente.

    No sé si es una buena estrategia para discernir qué tiempo es pertinente en cada momento. A mí me falta teoría pero reflexionando sobre el asunto se puede llegar a conclusiones útiles.

    Besos.

  • Natalia dice:

    Hola, Jose
    Me ha gustado tu idea. Le has dado una vuelta a la propuesta y al final vamos a por el político corrupto 😉
    Me ha gustado que empezaras tu relato en una oficina dedicada a buscar herederos, para ver cómo funciona por dentro, aunque me ha chocado que fuera un sitio algo destartalado y desorganizado. Imagino que por su poca trayectoria. Por lo que he ido investigando, me imaginaba estas empresas como muy ordenadas, con papeleo bien clasificado, despachos llenos de archivadores y gente solvente trabajando. Pero todo puede ser, jeje
    Daniela no es quién parece ser y, al final, ella es la que tiene el control en su investigación.

    Esta vez sí he visto cosas en lo formal.
    En cuanto a los diálogos, el guion va pegado a la palabra. Y la forma de cerrar los incisos entre diálogos es poniendo primero el guion y luego el punto.
    Por ejemplo:
    “—En absoluto —dice Carlos mostrando una fingida extrañeza—. El jefe es una persona muy discreta,…”

    Hay un párrafo muy largo en uno de los diálogos que pierde fluidez porque no vemos cómo reacciona Daniela a lo que le están contando.
    Te propongo este reajuste. A ver qué te parece:
    “—Don Tomás nos ha hablado de tus excelentes aptitudes para este sector. Como sabrás, trabajamos por parejas y tú serás la mía.
    —De acuerdo.
    —Carlos y Enrique forman el otro dúo aunque en cualquier momento podemos cambiar. Los problemas se resuelven hablándolos.
    —Me parece muy bien.
    —Para abrir boca, tenemos una herencia muy jugosa. Todos los beneficiarios conocidos han desaparecido, la mayoría por defunción.”

    Otra cosa. Si Javier le recrimina que no mienta, no le importa el lugar en que “queda” su amigo (si es presente, todo en presente).
    “— No mientas —recrimina Javier con tono paternal, sin importarle el mal lugar en que queda su amigo.”

    A lo largo de la historia, algunos cambios de tiempo verbal no me cuadran. Ya me dirás tú lo que piensas, a mí me confunden.
    “Una mañana de marzo llega a la oficina con una propuesta de investigación… (presente)
    (…)
    Los días pasaban y Daniela no conseguía aportar ningún dato relevante. (pasado)” 

    Y, por último, me han faltado dos comas:
    “Desde el fallecimiento inesperado de Luis, los expedientes se nos desbordan.”
    “que multiplicara su visibilidad y, con ello, la clientela.”

    Enhorabuena por tu trabajo.
    Nos leemos 🙂

    • Jose dice:

      Gracias por la exhaustividad, Natalia. Lo de los guiones… me pregunto si algún día lo interiorizar. En fin.
      Tienes razón que queda largo el párrafo. Me parece oportuno cómo has introducido respuestas de Daniela.
      En cuanto a “quedara” lo puse en subjuntivo porque para Javier no era cien por cien seguro si iba a hacerlo quedar mal. Ahí el presente no me cuadra.

      Las alternativas temporales que propongo son eso, una propuesta. A ver qué sensaciones tiene el resto de compis con esa estrategia.

      ¡Feliz domingo!

  • Natalia dice:

    Uy, Jose. Llevo una hora con el comentario a tu texto en Word y ahora veo que habías puesto un comentario. He preferido dejar tal cual lo que quería comentarte antes de leerlo.
    Como te comentaba, los tiempos verbales me han tenido pensando un buen rato. El juego presente-pasado a mí me ha entorpecido la lectura. Veremos qué dicen los compañeros.

  • Jorge dice:

    Hola Jose.
    Me ha gustado el planteamiento de tu relato. La idea es buena, tiene varios giros e interesa al lector. A mí finalmente me sorprendes, descubriéndose que el verdadero objetivo es el político corrupto.
    Respecto de los tiempos verbales, no sé si soy el mas indicado porque ya has visto que yo también me lio. Aún así voy a decir algunas cosas que yo creo que son ciertas.
    1) Es muy importante el “aquí y el ahora” de un relato, y solo puede haber uno y solo uno. La única forma de cambiarlo es con doble espaciado, para que el lector sepa que se cambia de lugar o de tiempo. Desde el aquí y el ahora los personajes pueden recordar y el narrador omnisciente puede decir cosas del futuro. Sin embargo, las líneas de diálogo son solo para el aquí y el ahora. Si queremos citar cosas dichas por personajes en el pasado lo haremos con comillas o en estilo indirecto. Si el aquí y el ahora es en presente, debería mantenerse en presente, aunque los recuerdos pueden se en pasado.
    2) Si tu historia sucede con importantes cambios de tiempo o lugar solo puedes hacer dos cosas. Marcar esos cambios con el doble espacio o hacer que la historia la cuente de forma completa un omnisciente en pasado y con dixcursos indirectos o indirectos libres.

    Seguro que me dejo cosas, pero espero haberte ayudado.

    Buen relato.
    Nos leemos.

  • Alberto dice:

    Me gusta cómo empieza el relato, te tomas tu tiempo para ambientar al lector en un espacio concreto. Al poco, la cosa comienza a ir muy rápido. Me sucede con los textos breves, como los que usamos aquí, en los que se ‘mete’ mucho guión, muchas escenas separadas por un lapso de tiempo, o mucha información. Para mí es como un resumen de una idea que se podría desarrollar en un texto más largo, o incluso debería desarrollarse, y así dejar entrar al lector en los personajes, las situaciones, las escenas (como bien haces al principio, incluso haciéndonos ver unas tazas que no son necesarias para la historia, pero si para introducirnos en el mundo que creas). La idea me parece buena, pero insisto, debido al formato elegido no hay tiempo para el ‘calado’. Esa es mi impresión personal. En cuanto a los tiempos verbales, no me han chirriado especialmente. Nos leemos.

  • Jose dice:

    Gracias por leerme. Está claro lo que me apuntas. Quizás deba ser menos pretencioso con lo que quiera contar y basarme en historia cuyo curso temporal sea más reducido.

    Me alegra leerte.

    Abrazos.

  • Carlos dice:

    Hola José,
    la idea de tu relato me ha gustado pero me ha parecido que estaba “hilvanado”, das saltos por varias escenas y no me llega a parecer demasiado creíble.
    Quizás sea demasiada historia para un relato de este tamaño, en ese caso te deberías centrar más en el político y dar más detalles que nos hagan creer que la trampa va funcionar.

    Buen trabajo.

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