Su vida fue muy corta.

No tenía plena consciencia del momento en el que comenzó a existir, pero sabía que antes de la creación no era más que una hoja en blanco, muda y estéril. Poco podía decir de aquellos tiempos. El inicio real de su historia estaba marcado por el instante que la primera letra fue trazada en su cuerpo, otorgándole una voz, aún débil y sin significado. Después, una tras otra, las letras fueron llenándole, convirtiéndose en palabras y frases, dándole sentido y forma.

Su ser se transformó en un murmullo, un rumor junto al oído distante de una joven, a la que empezó a amar sin conocer. Un párrafo tras otro la imagen de ella fue configurándose de forma tan clara que sentía que era parte de él. Podía, sin haber estado jamás en su presencia, ver su rostro, perderse en su sonrisa; distinguía sus gestos, notaba el olor afrutado de su piel. Ella lo devoraba todo, no había en su cuerpo dos líneas en las que no se interpusiera. Letra tras letra ella era el objeto de su anhelo, fascinándole, marcando su esencia, convirtiéndose en el motivo único por el que existir.

La punta de la pluma siguió durante una eternidad rasgando su cuerpo, tatuándola en su piel nívea. Sabía que jamás había poseído la opción de decidir, desde que su creador puso el cálamo sobre él, quedó supeditado a sus palabras y su tinta, perdido en el deseo de otro, perdido en el que ahora era su deseo.

Cuando todo él quedó marcado con la pasión del hacedor, fue doblado con sumo cuidado e introducido en una prisión de papel, encarcelado con sus pensamientos, recluido con su deseo de ella. Durante largos días viajó de un lado a otro, incapaz de saber desde dentro de su celda si era de día o de noche, o qué manos eran las que hacían temblar su presidio.

Cuando al fin llegó a su destino, unas suaves y delicadas manos le sacaron de su mazmorra y comenzaron a desdoblarle. La luz le cegó durante un instante, al tiempo que un olor afrutado, dulce, con toques ácidos y muy intenso le llenaba. Fue entonces cuando vio su rostro por primera vez. Las palabras que surcaban su cuerpo, las frases que había escrito su creador, no le hacían justicia. Sintió vergüenza de la pobreza de sus letras y suspiró por la oportunidad de rehacerse, de plasmar la realidad de su amada y de sus sentimientos.

Deseaba acariciar su mente, inundar sus pensamientos del amor que sentía, excitarla con su verbo hasta que su respiración se entrecortara y un gemido brotase de sus labios entornados.

Ella paseaba sus pupilas por las líneas que formaban su ser, acariciando cada una de sus letras con su mirada verde. Él la observaba expectante, atento ante cualquier pequeño cambio de su rostro, ansioso por la respuesta que reflejaría sus ojos, y esta no se hizo esperar. Su vista comenzó a nublarse, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas y caían sobre él, desdibujando su mensaje, emborronando su cuerpo.

Notó como los dedos de su amada se tensaban, clavándose en su cuerpo, arrugando su alma, hiriéndole y rasgándole, pero aquel dolor no era nada comparado al que sentía al ver la aflicción en el rosto de ella. Deseaba tanto tener una boca para decirle palabras de consuelo y unos brazos para estrecharla con fuerza.

Ella volvió a repasar su ser, releyendo las líneas que lo componían. Sus lágrimas se secaron y su mirada cambio, mudándose a un verde gélido lleno de rabia. Había estado tan abstraído en la cólera de sus ojos, que no se dio cuanta, hasta que noto el calor en su cuerpo, que había alargado la mano y le había colocado junto a la llama de la vela.

Las llamas comenzaron a devorarle, sintió un dolor extremo mientras su cuerpo níveo se iba tornando negro, borrando para siempre las palabras que le componían, esfumando todos los sentimientos que había albergado, anulando su esencia, su ser.

En unos segundos su ser se transformó en oscuras cenizas al viento.

 

Join the discussion 8 Comentarios

  • Jose dice:

    Hola, Diana
    Un gusto poder leerte. Haces mucha falta. Y si además lo haces de esta forma, con esta elegancia e idea tan buenas, nos podremos deleitar en cada cita quincenal. Como te comento, me parece una gran idea tu propuesta. El folio que se enamora, letra a letra, de la destinataria de la carta y la descripción que haces del proceso de escritura… siento que todo ello está muy logrado. Me gustan especialmente los textos que humanizan a objetos. Más adelante una de las propuestas de relato tiene esta temática.
    Volviendo al texto, aunque el final es sumamente trágico para el folio no deja de parecerme bello. Es un símil literal a la expresión “marchitarse el amor”.
    Me gustan las palabras nívea y cálamo. Sin embargo, el segundo momento en que has introducido nívea creo que hubiese sido más acertado elegir una alternativa. Como es una palabra que resalta, al leerla en la segunda ocasión, la mente detecta inmediatamente que ya apareció y pide otra forma de describir la piel. Seguramente sea una apreciación mía.

    Por lo demás, no he sido capaz de ver nada más.

    Nos leemos.

  • Natalia dice:

    Hola, Diana
    Bienvenida a la web 🙂
    Me ha gustado mucho el enfoque. Una carta de amor desde la perspectiva de ¡la carta! Mira que le he dado vueltas yo a quién dirige la carta a qué otro, viendo opciones… pero ni se me había pasado por la cabeza darle el protagonismo a la carta en sí. Muy original.
    Me ha gustado cómo nos has ido llevando por su corta vida, ver cómo el folio recoge sensaciones humanas a lo largo de su existencia.
    Creo que nos has llevado muy bien por todo el texto. Sólo han detenido mi lectura algunas repeticiones como “su ser” o “níveo”.
    Te ha faltado una tilde: “hasta que notó el calor en su cuerpo”.
    Enhorabuena por tu trabajo.
    Un abrazo.

  • Jorge dice:

    Hola Diana.
    Muchas gracias por apuntarte, animarte y sobre todo, por escribir.
    Me ha gustado mucho tu relato. Me ha gustado la originalidad de la propuesta, me ha gustado como está escrito y me ha gustado el desenlace, cerrando con elegancia.
    No cabe duda de que el relato está lleno de amor, y eso en definitiva era lo que pedíamos en la propuesta. Dar vida a un objeto no es nada fácil y éste objeto se ha enamorado de su destinataria. Todo el cuento es una metáfora en si misma, una metáfora de una carta. A mí me ha llegado y me ha encantado. Quiero resaltar: “Su ser se transformó en murmullo, un rumor…”
    En la crítica constructiva y desde el cariño.
    El género del protagonista parece masculino, pero en la frase “tatuándola en su piel nívea” parece que es femenino. Lo he releído para ver si pudiera ser que te referías a la destinataria, pero no me lo ha parecido.
    En el tercer párrafo dices “perdido en el deseo” y luego lo repites. Esa repetición SI funciona. Pero en el siguiente párrafo vuelves a usar “deseo”, y esa tercera repetición ya no funciona. Yo creo que habría que cambiarle por algún sinónimo. Esta demasiado cerca de los otros dos.

    Eso sí, me quedo con las ganas de saber QUE decía la carta que provoca que la arruguen y la quemen. Esta historia tendrá que continuar.
    Un placer leerte.

    Enhorabuena por tu trabajo.

  • Alberto dice:

    Un texto muy original y lleno de fuerza. ¡Bienvenida, Diana!
    Me ha costado entrar en la realidad del personaje principal, porque te vas tomando tu tiempo. Realmente, ‘ella’ es el único motivo de su existencia, y es muy elegante el modo en que lo expresas. Es curioso que, al conocer a su destinataria, tome una especie de consciencia de si mismo, y piense que las palabras escritas en él (las que realmente le han hecho Ser) son pobres, que pueden mejorarse. ¡Muy metafísico!
    Este me parece un gran párrafo final: “Las llamas comenzaron a devorarle, sintió un dolor extremo mientras su cuerpo níveo se iba tornando negro, borrando para siempre las palabras que le componían, esfumando todos los sentimientos que había albergado, anulando su esencia, su ser.” (Lástima de esa repetición de ‘su ser’ poco después). Solo apuntaría que ‘mirada verde’ inspira un significado distinto a ‘mirada de ojos verdes’, por lo menos en estas latitudes. Por lo demás, lo dicho, bienvenida y enhorabuena. Un placer que una nueva voz y un nuevo estilo se dejen ver por el blog.
    Nos leemos.

  • Diana dice:

    Buenas a todos.
    En primer lugar, deciros que es un placer formar parte de vuestro grupo, leer vuestros textos y comentarios. Me cuesta mucho dejar que la gente lea lo que escribo, me angustia muchísimo (me llega a quitar el sueño), y creo que participar en la web puede ser un buen ejercicio para afrontar esos miedos.
    Respecto al relato, daros gracias por vuestras palabras, me ha agradado muchísimo que os gustase la historia. Como ya imaginares por las cosas que habéis señalado, no soy mucho de trabajar los textos ni corregirlos, esto es, porque cuando los releo, siempre los veo mal y termino no haciendo nada con ellos, en este caso enviarlo. Intentaré para la próxima entrega pararme y revisarlo.
    De nuevo muchas gracias.
    Un beso enorme.
    Nos leemos

    • Jose dice:

      Quítate responsabilidad, Diana. El miedo a cualquier cosa puede ser paralizante. Cuando lo escribas y lo entregas haz el ejercicio de sentir que ya no es tuyo. Ya es del mundo y está ahí para trabajarlo, ver formas de mejorarlo y demás. Sé que el ego quiere decir esta boca es mía y tiene predisposición sentirse herido. Pero darle caña al ego es saludable porque cuando ya no podemos aguantar más siempre tendremos la opción de desapegarnos de eso que no somos. Y entonces uno se siente libre de lo que le digan. Esa es la idea. Plasmarla es más durillo. Pero estamos para aprender.

      Poco a poco y todos de la mano lo conseguiremos.

    • Natalia dice:

      Hola, Diana
      Siempre cuesta exponerse pero aprendes a recibir críticas y a usarlas para aprender y mejorar.
      Las revisiones vienen muy bien para las repeticiones. Hay una web que nos recomendó Alberto que viene muy bien: legible.es
      Copias el texto entero y ves cuántas veces has escrito cada palabra. Yo, si veo que he puesto muchas veces alguna, busco un sinónimo y la cambio.
      Gracias a ti por sumarte a este grupo. Aprendemos mucho juntos. Son todos muy majos 🙂
      Un abrazo.

  • Carlos dice:

    Hola Diana,
    lo primero de todo, bienvenida al grupo.
    Me ha gustado y me ha sorprendido mucho tu relato, por la perspectiva y por lo poético del planteamiento.
    Una carta que realmente consigue empaparse de los sentimientos del remitente y la destinataria y hasta adquiere vida propia, corta pero intensa, desde la primera letra de tinta sobre el papel hasta su últimos restos, convertida en humo y ceniza.

    Enhorabuena.

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