Nací en una familia humilde, en el extrarradio de la capital. Cuando cumplía años, solo podía pedir un regalo y, para mi noveno aniversario, escogí un Scalextric. Fui tan feliz cuando desenvolví el papel de Mickey Mouse. Lo recuerdo con viveza. Me pasaba horas en mi cuarto jugando a ser Alain Prost. Fantaseaba con una vida llena de lujos, con un Ferrari de verdad, y me imaginaba conduciendo por carreteras vertiginosas con una chica preciosa a mi lado.

Cuando recibí la llamada, acababa de dejar a mis dos hijos en la escuela infantil. Subí al coche para dirigirme a la fábrica y sonó el móvil.

—Hola, buenos días. Soy Joaquín Uberuaga. Le llamo para…

—Perdone, no le conozco.

—Sí, lo sé. Soy genealogista. Le llamo para informarle de que tiene derecho a una herencia de un familiar lejano de su madre.

—Sí, claro.

—Entiendo que sea difícil de creer pero he llevado a cabo una investigación muy seria para encontrarle.

—Perdone, es que voy a llegar tarde al trabajo.

—Su madre se llamaba Adela Martínez Sanz.

—Como comprenderá, no le voy a dar ningún dato personal.

—No hace falta, yo los tengo todos. Trabajamos con datos públicos, no se asuste. Usted es Eduardo Riera Martínez.

—…

—Mire, se trata de una herencia muy considerable. Mi empresa tiene su sede en Barcelona, nos dedicamos a buscar herederos de fortunas abandonadas y nos ocupamos de todos los trámites a cambio del veinte por ciento del valor de la herencia. Si quiere, podemos vernos allí o puedo visitarle en su casa y le doy toda la información.

Accedí a vernos en mi casa. Mi mujer y yo recibimos al señor Uberuaga con una mezcla de expectación e incredulidad. Llevaba un traje azul marino, camisa blanca y corbata verde claro. Me fijé en sus manos, en sus uñas perfectamente limadas, mientras sacaba papeles de una carpeta negra. Resultó que un primo hermano de mi madre había fallecido viudo y sin hijos. No había hecho testamento y no tenía herederos conocidos. Vivía en el País Vasco desde hacía más de cincuenta años y no tenía contacto con mi madre, por eso yo no sabía ni que existía.

—El señor Emilio Martínez tenía una fortuna valorada en diez millones de euros. Usted es el único heredero vivo, señor Riera, dado que su madre, prima directa, falleció hace dos años. Además usted no tiene ningún hermano.

Marta y yo nos miramos y nos quedamos en silencio. No lo podíamos creer. Pero luego ese señor empezó a dar datos de mi familia y nos explicó la lista de bienes, nos enseñó toda la documentación de la herencia y me di cuenta de que iba en serio. Se me hinchó el pecho de la emoción y no conseguía regular mi respiración. Marta y yo nos abrazamos y lo celebramos a gritos. Menudo golpe de suerte. Firmé el contrato con su empresa y, al cabo de casi un año, con todos los impuestos pagados, tenía varios millones de euros en mi cuenta.

Nos volvimos locos y empezamos a gastar sin freno. Dejamos nuestros trabajos y nos compramos una casa enorme llena de lujos, cenábamos en los mejores restaurantes a diario, comprábamos joyas y ropa cara, organizábamos cenas para nuestros amigos y nuestros hijos conseguían todos sus caprichos. Yo me compré el Ferrari, claro. Un F812 Superfast rojo. Se lo enseñé a todos en la última fiesta, reluciente, en medio del jardín, envuelto en un lazo blanco. Me sentía invencible, creía poder con todo.

Pude hacer mi sueño realidad y conduje por carreteras de vértigo con mi Ferrari muchas veces. Pero un día, después de haber dejado a nuestros hijos con mis suegros, me salí de la vía, con mi chica preciosa al lado. Y la rueda de la vida me enseñó su cara más cruel. Según el atestado, dimos varias vueltas de campana; mi cerebro no recuerda nada. Salí ileso del accidente pero Marta tuvo múltiples fracturas y estuvo ingresada muchos meses. Cada jodido segundo deseaba con todas mis fuerzas cambiarme por ella, no tener que mirar a mis hijos a la cara. Me maldije por no haber colgado el teléfono al señor Uberuaga. Quería borrar esa historia de mi vida, volver al punto de partida, a mi vida común. Tomé muchas decisiones equivocadas y pagué las consecuencias.

Durante once meses, Marta fue recuperándose de las fracturas que tenía por todo el cuerpo, recuperó la musculatura y aprendió a andar de nuevo. En todo ese tiempo no hubo fiestas ni regalos y los amigos fueron desapareciendo. Caí en una cueva oscura de dolor y sufrimiento, me sentí culpable y avergonzado por haber perdido la noción de la realidad. No podía sacarla de esa cama, ni con todo el dinero del señor Emilio. No podía dormir a su lado ni verla sonreír. Cuando la visitaba, le agarraba la mano y le pedía perdón entre lágrimas todos los días.

El día que le dieron el alta decidimos donar al hospital el dinero que quedaba en la cuenta. Sentimos un gran descanso, realmente no era para nosotros. Después vendimos la casa, el Ferrari y las joyas y guardamos ese dinero para el futuro de nuestros hijos.

Hoy hace un año que Marta salió del hospital, sin secuelas. Desde entonces tengo un sueño recurrente: conduzco sonriente mi Superfast, la miro y ella también sonríe. Y, de repente, sale disparada por los aires. Cada vez me despierto sobresaltado, enciendo la luz deprisa y la busco al otro lado de la cama. Cuando la encuentro ahí, dormida, la acaricio con cuidado, siento su calor y pienso que no necesito nada más.

Join the discussion 8 Comentarios

  • Jose dice:

    Hola, Natalia
    Ya está leído. Cuando tenga un poco de tranquilidad trato de hacer un análisis más extenso. De primeras, me gusta que hayas escogido la primera persona para contar la historia. El contenido en sí se presta a ello. Es una persona en la que te desenvuelves a gusto porque se puede penetrar más, a priori, en el mundo interior del personaje con lo que, al final, la historia llega más al lector.
    La historia que cuentas es la historia de muchos millonarios sobrevenidos que no saben manejar la situación y el propósito de su vida desemboca en un consumo frenético con lujo y despilfarro. No deja de ser una forma de adicción y suele terminar en depresión o suicidio y ruina total.

    Aún así la historia ha terminado bien para el mal pronóstico que auguraba.

    El texto está perfectamente escrito, me ha enganchado y con un cierre oportuno.

    Muchas gracias por escribir y estar siempre ahí.

    Besos.

    Pd: al final me he extendido 😉

    • Natalia dice:

      Hola, Jose
      De nada. Me gusta nuestro rinconcito y estaré aquí siempre que pueda 🙂

      Me interesa el tema propuesto por Jorge. Seguro que todos hemos pensado qué haríamos si nos tocara mucho dinero de un día para otro. Es fácil que se te vaya la pinza y te dejes llevar. Pero, claro, mal gestionado puede ser un problema que genere otros problemas.

      Me costó bastante encontrar la historia que quería contar, estuve muchos días pensando enfoques y nada me convencía. Por suerte, al final vi la luz. Suelo escribir por intuición, dejo que la historia me lleve. Cuando empecé a escribir este relato, la mujer fallecía. Pero entonces me quedé parada y no veía forma de remontar el drama. Así que opté porque estuviera mucho tiempo en el hospital, para que él reflexionara sobre el rumbo que había tomado su vida, sobre el ejemplo que había dado a sus hijos… y me gustó más que recuperara el sabor de lo importante. Que no es el dinero.
      Las personas importantes están ahí y hay que valorarlo y apreciar esos momentos. Cuando nos muramos, el amor (en todas sus vertientes) será todo lo que nos llevaremos.
      Un abrazo.

  • Jorge dice:

    Hola Natalia.
    Importante lección de vida. Desgraciadamente lo que parece ficción es mas real de lo que parece, y no con el dinero de una herencia, se gastan el que sacan de créditos en el móvil y el que dan las tarjetas de créditos.
    Esta bien el giro que da el relato. Es una lección de vida. Siempre pensamos que no tener dinero es un problema, pero tenerlo también es otro tipo de problema. Fijémonos en la cantidad de juguetes rotos que hay entre los famosos. En tu relato, el cambio de los personajes es demasiado rápido, necesitariamos mas tiempo para asimilar esa lección de vida. Supongo que es por la limitación de palabras. Merecería ir viendo como va descubriendo que lo mas importante no es lo material.
    Cosas que he visto:
    – “lo recuerdo con viveza” me ha parecido frase explicativa. ya estaba creada la imagen perfectamente.
    – “con una chica preciosa a mi lado” y nueve años. Ahora seguro que sería normal, pero en aquella época, a esa edad, las chicas nos daban repelús. Y además esta frase es importante porque luego la vuelves a usar para enlazar con esto tierno recuerdo del principio.
    -“dirigirme a la fabrica”. Me ha gustado, porque de forma muy rápida has explicado en que trabajaba.
    -“mi cerebro no recuerda nada”. Aquí he llegado a pensar que tenía amnesia, pero luego he releido y he interpretado que no recuerda nada del accidente, …

    Ferrari. yo creo que Prost solo estuvo un par de años en Ferrari y que sus mayores logros fueron con renault. CLaro, es que los ochenta es la época dorada de la F1. Tu me tienes que entender, que esto no es crítica, pero … algo tenía que decir.
    El cierre es bueno. Me gusta como recupera su vida y esta con su chica/mujer en la cama y es el sueño el que le despierta.

    Enhorabuena.
    Vamos a por el siguiente ¿no?

  • Natalia dice:

    Hola, Jorge
    Hay muchos tipos de niños y algunos tienen muy claro quién les gusta. Otros tienen influencia de hermanos mayores en ese aspecto.
    Te cuento una anécdota: yo daba clases de refuerzo a un niño de 9 años en mi casa, cuando estudiaba la carrera. Cuando le acompañaba a su casa, él era feliz. Siempre solía andar detrás de mí y un día me dijo que lo hacía para mirarme el culo jajajaja Y me lo decía sin pudor.
    Además, la imagen que yo propongo es la de un supuesto triunfo: Ferrari/chicas/soy un triunfador.

    Yo creo que si uno tiene un accidente con su pareja (a quien quiere muchísimo) y ella acaba meses en el hospital, muy malherida, enseguida querría volver atrás y que nada hubiera pasado. Creo que el susto hace que uno cambie de parecer enseguida y vea que lo material no es lo importante. Es mi opinión, tú puedes pensar distinto, claro. Igual se pueden añadir unas líneas sobre el sufrimiento y la soledad que sentía, puede ser.

    En cuanto a Alain Prost, no te discutiré nada sobre Fórmula 1 (aunque investigué antes de poner su nombre). Pero pienso que cualquiera puede ser fan de un piloto, esté en el equipo que esté. Por ejemplo, Jenson Button 😛
    https://soymotor.com/noticias/button-apoyaba-mas-prost-que-senna-me-gustaba-como-pilotaba-922984

    Claro que vamos a por el siguiente 😉
    Gracias por comentar.
    Un abrazo.

  • Alberto dice:

    Es una historia bonita, una fábula conocida, que se lee con interés y empatía. Aun así, me ha pasado un poco como con el texto de Jose; por eso me viene a la cabeza el término ‘fabula’, me parece un buen resumen de una historia con un mensaje moral claro, pero en el que apenas hay tiempo para sentir al personaje, las escenas, sus dudas… Para mí, esto sucede desde ‘Nos volvimos locos y empezamos a gastar sin freno’. Antes, hay tiempo para sentir al niño con el Scalextric, ver al señor Uberuaga… Después me resulta un guión algo frío. He echado de menos ver más los sentimientos del personaje cuando comienza la vorágine. O cuando su mujer entra en el hospital, o cuando pasa el torbellino y recupera el equilibrio en sus valores. En fin, ¡no escribo y encima comento para sacar pegas!, ¿qué os parece? Sin más, es lo que he sentido. Seguimos leyéndonos.

    • Natalia dice:

      Hola, Alberto
      Entonces coincides con Jorge. A él también le faltaba profundizar en la segunda parte, tras el accidente. Supongo que ha sido la limitación de palabras. Necesitaba mucho espacio para contextualizar y quizás ha quedado corta la segunda parte hasta la resolución.
      Creo que esperamos de ti que seas sincero, como de todos. Si hay pegas, has pegas jeje Aunque no puedas escribir.
      Gracias por el esfuerzo de comentar.
      Descansa.
      Un abrazo.

  • Carlos dice:

    Hola Natalia,
    me ha gustado tu relato, como siempre escribes muy claro y cercano, después de poner a los personajes al límite acabas con un buen final.
    El comienzo me ha extrañado un poco y que de repente pasas a un diálogo que no tiene nada que ver, entiendo que hay que interpretarlo como el recuerdo de la historia para que encaje pero igual si lo cambiaras de orden sería mejor.
    He tenido que buscar Alain Prost en google, a mi también me sonaba en Renault, de todas formas entiendo que no es lo importante aunque si se meten cosas reales mejor que estén bien documentadas.
    La cantidad de nuevos ricos que se pierden por gestionar el dinero como si fuera una droga, aunque en este caso creo que tampoco has dejado ver demasiados excesos es más bien un caso de mala suerte.
    Buen trabajo.

  • Natalia dice:

    Hola, Carlos
    Puede que quede mejor empezar por diálogo y después situar el recuerdo de infancia. Me apunto la sugerencia.
    Alain Prost estuvo en Ferrari, me documenté. Aunque no estuvo mucho tiempo, cualquier niño o niña esos años pudo ser su fan. Es un dato cierto.
    Gracias por comentar 🙂

    **********************
    Etapa en Ferrari (1990-1991)
    En 1990, Prost a bordo del Ferrari 641 realizó una extraordinaría temporada, poniendo en verdadero riesgo el amplio dominio que los McLaren-Honda mantenían desde 1988 y poniendo nuevamente a Ferrari en lucha franca por el título. Para principios de año era evidente que el McLaren-Honda era un mejor automóvil, y que los Williams-Renault estaban en ascenso. El trabajo de Prost y del equipo técnico permitieron el desarrollo de la 641 diseñada por Barnard, haciendo que a mediados de temporada se transformara en un rival contundente. (…)
    https://es.wikipedia.org/wiki/Alain_Prost#Etapa_en_Ferrari_(1990-1991)
    ******************************
    Prost se tomó cumplida revancha en 1989: el campeonato se mantuvo igualado hasta la última carrera, que había de celebrarse en el circuito japonés de Suzuka. Prost se presentó en la pista nipona con una ligera ventaja sobre Senna, que debía quedar por delante del francés para hacerse con el título mundial. Sin embargo, una maniobra irregular efectuada por el brasileño provocó la salida de pista de ambos y la descalificación de aquél, lo cual aseguró el campeonato para Prost, que decidió a finales de ese año romper con la tensa situación generada por la convivencia con Senna en McLaren y fichar por la escudería italiana Ferrari.
    El título de 1990 se volvió a resolver en la última carrera, con los mismos protagonistas y en una situación similar, aunque esta vez el desenlace fue al contrario, ya que la salida de pista de ambos benefició a Senna, que fue coronado como campeón por segunda vez. Durante 1991 se produjeron graves tensiones en el seno de Ferrari, resueltas finalmente con la salida del equipo de un Prost que no llegó a tomar parte en el último Gran Premio de la temporada.
    https://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/prost.htm

Dejar un comentario