Son las seis y media y un nutrido grupo de personas hacen cola a la espera de que abran las puertas. Jerónimo, sobre la alfombra roja, mira sus zapatos bien lustrados para la ocasión aunque algo rotos, se pasa la mano por la cara sintiendo la suavidad de su cara bien afeitada. A los asistentes a la cena se les ha solicitado estar presentables, para ello a primera hora de la mañana ha acudido a la casa de baños. En la parroquia le han dejado una corbata roja que le hace sentirse elegante aunque no combina mucho con su camisa de rayas y le provoca una ligera opresión en el cuello que él achaca a la falta de costumbre. Por un día se considera afortunado, por eso cuando ha pasado al lado del Corte Inglés ha entrado, ha estado un rato alrededor de la zona de perfumes y con todo el disimulo que ha podido se ha puesto colonia Invictus de Paco Rabanne de los frascos de muestra. No todos los días lo invitan a uno a comer un menú preparado por un chef con una estrella Michelín.

Parece que ya abren las puertas y se mueve la fila. Primero tienen que presentar la tarjeta de invitación, antes de llegar a la entrada Jerónimo ya se la ha sacado del bolsillo de la chaqueta donde la llevaba bien guardada. Al pasar por el arco de seguridad, un pitido y una luz roja le sobresaltan, le piden vaciarse los bolsillos sobre la bandeja. Se saca dos monedas de euro del bolsillo y la navaja con la que se prepara los bocadillos, lo que le hace sentir cierta vergüenza. El vigilante le dice que las monedas las puede coger pero la navaja se la darán a la salida y ve como mete la navaja en una bolsa y apunta su nombre.

Una vez ha pasado el control se contagia de la algarabía reinante, ya está en el Senado.

Ve al padre Ángel, vestido con traje negro y alzacuellos, que les recibe con su habitual trato afable. Lleva una bufanda roja que contrasta con su pelo totalmente blanco. Varias personas que están junto a él y llevan chalecos reflectantes amarillos también le dan la mano, deben de ser los senadores. Él les da las gracias igual que hacen los demás. Después dejan los abrigos en el ropero y les dan una ficha, el nota cierto recelo por parte del conserje cuando coge su chaqueta, pero él no dice nada aunque piensa «estos están acostumbrados a gente con mejor ropa».

Por suerte le ha tocado cenar al lado de dos conocidos que frecuentan la parroquia, Luis y Antonio.

— ¿Qué tal, cómo vas Jerónimo?

Él evita comentar lo obvio, que sigue en la calle y dice sacando pecho:

— Al final hemos tenido suerte, había mucha gente que quería venir.

Luis mira la carta, alejándola porque tiene la vista cansada y dice:

— Surtido de ibéricos, hacía tiempo que no comía embutido de este, desde que iba a la obra, ahora soy más de chopet. Hoy podremos saborearlo y no solo comérnoslo con los ojos como cuando pasamos por delante de la tienda de ibéricos “El salmantino”.

Al rato Antonio dice:

—  Ahora toca coquelet, ¿Qué será?

— Pues parece que es pollo, dice Luis estirando el cuello para mirar lo que ya están poniendo en otras mesas.

— Anda, échame un poco de gaseosa para rebajar el vino, que ya me estoy atontando, dice Jerónimo.

— Y cuando pasa uno de los del chaleco amarillo le coge de la manga y le dice:

— Agradezco mucho poder cenar aquí, y ya que está usted aquí tan a mano ¿no podría hacer algo por darme un lugar donde dormir, que duermo en un cajero?

— Eso es cosa del ayuntamiento, le responde evasivo quitándose las pajas de encima.

— Jerónimo, igual para terminar nos dan algún cubata del bar del senado, que he oído que es bien barato, dice Antonio con sorna.

— Escucha que empieza el mensaje del rey, dice Luis.

— ¿Creéis que en la Zarzuela también verán el mensaje del rey?, dice Antonio con los ojos achispados por el vino.

— Yo antes siempre lo veía con la familia antes de cenar, dice Jerónimo con nostalgia, fíjate que hasta echo de menos las discusiones con mi cuñado. Ahora sin casa y sin familia, no aguanto tanta palabrería, si no fuera por no dejar mal al padre Ángel ahora mismo me bajaba los pantalones y me cagaba encima del título primero de la Constitución para dejar claro lo que vale, eso sí que sería noticia mañana y no el discurso del rey.

Nada más terminar el discurso en los altavoces se escucha: Por favor, vayan terminando, el personal colaborador tiene que ir a cenar con sus familias.

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  • Jose Romero García dice:

    Encantado de volver a comentar.
    Hay unas cuantas cosas. La primera es que te has salido del enunciado de la actividad. La crítica social te ha movido más, uno de tus temas favoritos 😉 Has querido reflejar el abandono de la gente sin techo y para ello te has servido de uno en primer persona que ha tenido la “suerte” de ser seleccionado para la cena en el Senado.

    El primer párrafo se me ha hecho algo espeso. No sé si ha sido por emplear la tercer persona del plural en modo impersonal. O si ha sido la forma de redactar algunas frases. No lo tengo claro. Sí he visto algunas cosas a mejorar:
    — “un nutrido grupo de personas hacen cola”: el verbo debería ir en singular.
    —”se pasa la mano por la cara sintiendo la suavidad de su cara”: hubiese sido preferible sustituir una “cara”.
    —”A los asistentes a la cena se les ha solicitado estar presentables, para ello”: tras presentables parece que haya una pausa algo más fuerte que la que da una coma.
    —”cuando ha pasado al lado del Corte Inglés ha entrado,”: creo que es mejor no emplear el mismo tiempo verbal tan cerca. Algo como “al pasar cerca del Corte Inglés, ha entrado” me parece más acertado. Pero esto es personal.
    —”No todos los días lo invitan a uno a comer un menú preparado por un chef con una estrella Michelín”: Esto lo dice el narrador pero parece más oportuno que lo diga Jerónimo. Simplemente un entrecomillado hubiese salvado esta objeción.
    —”Primero tienen que presentar la tarjeta de invitación, antes de llegar a la entrada Jerónimo ya se la ha sacado…”: tras “invitación” se exige algo más que una coma.
    —”un pitido y una luz roja le sobresaltan, le piden vaciarse…”: tras “sobresaltan” la misma objeción que la anterior.
    —”algarabía reinante, ya está en el Senado”: ídem.
    —”Después dejan los abrigos en el ropero y les dan una ficha, el nota cierto recelo…”: ídem.
    —En los diálogos que vienen después has obviado cerrarlos con guión sustituyéndolo con una coma simplemente para a continuación explicar quien lo dice. Creo que lo acertado es cerrarlo con otro guión.

    En el texto he sentido parte de lo que Jerónimo experimenta sin llegar a sufrir lo que él está pasando porque para eso hay que vivirlo. Me ha llegado esa parte emocional.
    Gracias por escribir y más en estas fechas.
    Enhorabuena.

  • Carlos dice:

    Hola Jose,
    la verdad que pensé que lo que planteaba Javier era simplemente un ejemplo de cena de navidad, pero ya he visto que se trataba de hacer variantes del mismo comienzo.
    Bueno, con mi relato así leéis una cena diferente.
    Veo que haces muchos comentarios de las pausas y la verdad es que me cuesta darle la forma adecuada.

    Gracias por los comentarios.

  • Natalia dice:

    Hola, Carlos
    Pues sí, te has saltado la propuesta 🙂 Pero, como dices, así tenemos opción a leer algo distinto esta semana 😉
    Me ha gustado tu texto. Sobretodo que dieras voz a estas personas que viven en la calle, que se tornan casi invisibles (o sin casi) para el resto de la sociedad. Gente que ha sufrido circunstancias varias, muy duras, y que no pueden vivir como debe hacerlo cualquier persona.
    Las Navidades todavía ensalzan más esa distancia entre lo que debería ser y lo que es. En fechas en las que las familias se reúnen (con todos sus peros) entorno a una mesa.

    En cuanto a lo formal, he anotado algunas cosas:
    Me han faltado un punto y una coma, aquí: “Primero tienen que presentar la tarjeta de invitación. Antes de llegar a la entrada, Jerónimo…”
    En esta frase repites dos veces “navaja”. Debería ser: “pero la navaja se la darán a la salida y ve como la mete en una bolsa…”
    Esto son dos preguntas, así que deberían ir con los dos interrogantes las dos: “— ¿Qué tal?, ¿Cómo vas Jerónimo?”
    Aquí se te ha colado un guión: “Y cuando pasa uno de los del chaleco amarillo…”
    Te faltan guiones al final de algunas frases, como “— Yo siempre lo veía con la familia antes de cenar— dice Jerónimo con nostalgia— fíjate que hasta echo de menos las discusiones con mi cuñado.”
    Y una más, “choped” se escribe con d.
    Enhorabuena por tu trabajo.

    • Carlos dice:

      Gracias por tus comentarios.
      No me la salté la propuesta a propósito pero no quería hacer una cena típica.
      Tendré en cuenta la puntuación y corregiré el relato, con lo de choped dude, pero es un palabra que me suena mal de todas las formas, ¡yo no lo pruebo!

  • Jorge dice:

    Que tal Carlos. Me alegra que estés de vuelta y animado a seguir “relatando”.
    Como ya te han dicho los compañeros, no te has ajustado del todo a lo propuesto. Sin embargo, has encajado tu historia en una cena de navidad. Me gusta el fondo de la historia que has contado. Me gusta Jerónimo y como se va adaptando.
    Igual que la cabra tira al monte, no has podido evitar mostrarnos esa crítica mordaz a la situación política actual y como ésta puede llegar a afectar a la vida de varias/muchas personas.
    Como contraste final para mostrar la injusticia que viven, yo no habría mostrado el discurso del rey, si no algún detalle de opulencia obscena, que haberlos haylos.

    Enhorabuena.
    Nos leemos.

    • Carlos dice:

      Gracias por comentar, Jorge.
      Lo del rey lo puse porque yo mismo me pregunte si vería en familia su discurso. Vosotros, ¿que creéis?

      • Yuri dice:

        No tengo ni idea, pero imaginarme a toda la familia real sentada cenando mientras en la tele ven el discurso me ha sacado un sonrisa. Me imagino a las niñas insistiendo para verlo y el padre con cara de “trabajo en la cena no, por dios”.

  • Alberto dice:

    Hola, Carlos.
    Pues sí, es un relato distinto, que también se agradece. José y Natalia ya han resaltado algunas cosas en las que me he fijado (especialmente el tema de puntuación y las repeticiones), yo voy a subrayar que has hecho una segunda parte de diálogos muy buena y llena de vida. Cuando te metes en la piel de los personajes en los diálogos resultas muy efectivo, como en el caso de Luis y el surtido de ibéricos. Y el último párrafo de Jerónimo es demoledor, tiene mucha fuerza. Se nota donde metes el corazón y donde no 😉
    Nos leemos

  • Carlos dice:

    Hola Alberto, gracias por los comentarios.
    La verdad que si se nota cuando logras meterte en la piel de los personajes, pero resulta difícil el uso de otros pensamientos y otras palabras.

  • Yuri dice:

    Hola Carlos,

    Bueno, has cambiado la propuesta, pero bienvenido sea. Lo importante es que los dedos sigan golpeando el teclado y arrancando palabras. Sobre el texto en sí, lo formal te lo han comentado los compañeros mucho mejor de lo que yo podría y poco tengo que añadir. A mi también me ha llegado mucho ese último párrafo de boca de Jerónimo. Justo después viene el texto a cerrarse de golpe, resaltando aún más lo diferente que va a ser esa merienda de la cena de la que hablaba el protagonista. Mi mente ha jugado a completar la historia de imaginarse como ha debido dolerle a Jerónimo. Me ha gustado ese combo.

    Buen trabajo!
    Yuri

  • Carlos dice:

    Gracias Yuri,
    me hubiera gustado ahondar más en el pensamiento de Jerónimo pero es difícil hacerse a la idea de sus percepciones y pensamientos en ese momento de su vida.

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