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He entrado por la puerta del bar que está justo debajo de mi casa, he pedido un café y me he sentado en la silla que está enfrente de ti. He estado tantas veces en ese rincón que ocupas, vaciando mis bolsillos de dinero ajeno. Me has costado peleas y gritos, lágrimas y vasos rotos de rabia por no tener más monedas. Te has llevado mi dignidad pero he venido a decirte que no te voy a tocar más. Se acabó. Tus luces y colores, tu música tan bien diseñada para captar la atención del que pasa por delante, ya no van a hacer ningún efecto en mí. He conseguido un trabajo. Acabo de volver de una entrevista y me han aceptado.

¿Sabes cuánto tiempo he vivido pendiente de ti, jodida máquina? Más de cinco años. El tiempo que hace que me despidieron de la empresa en la que trabajé desde los dieciocho. Más de dos décadas, hasta que se fue a pique. Y yo, con ella… Esa misma tarde eché la primera moneda. Me perdí, no sabía qué hacer con mi vida y te cruzaste en mi camino. Todo este tiempo, me has devuelto una imagen de mí mismo que me avergonzaba; pero yo volvía, una y otra vez. Me has seducido días incontables. Y caí en lo más bajo. Ya no era nadie.

Una vez amenacé a mi hija y le dije que me tiraría por la ventana si no me daba el dinero que le debía a un amigo. Abrí la ventana y me asomé. Así de cruel, fui. ¿Lo puedes creer? Hacía poco que había empezado a trabajar y por eso el adicto que vive en mí le pidió el dinero a ella. Su madre hacía ya tiempo que no me daba nada. Esperé al primer sueldo, ¿qué te parece? Un mes, le di. Siento tanta vergüenza… Ella, asustada y con la cara desencajada, me dijo que me lo daría, que cerrara la ventana. Salió por la puerta llorando y andamos por la calle, ella delante y yo detrás, y de repente se me cayó el mundo encima. Me di cuenta de que había estado viviendo todos estos años en un agujero negro, horrible y oscuro. Y había arrastrado conmigo a todos los que me querían.

No quería verlo, negaba mi adicción. Mi hija me dio los doscientos euros que le pedía, sin mirarme, llena de incredulidad y rabia. Se fue corriendo a su trabajo, con la cabeza agachada, ya huérfana de padre. Yo corrí a casa de Luis para devolverle el dinero. Luego volví a casa y me disculpé mil veces pero no creo que me lo vaya a perdonar nunca. Desde entonces, no me habla. Lo entiendo. He pedido perdón tantas veces, he dicho que no iba a jugar más y tantas veces lo he vuelto a hacer… que entiendo que mi palabra ya no valga nada.

Mi adicción sólo me ha traído problemas. Maldigo el día en qué tiré una moneda y bajaron cien. Anhelé que eso pasara siempre y muy pocas veces llegó. Y no sé ni contar todo el dinero que he perdido. Pero esta vez es diferente. El lunes empiezo a trabajar. Luis conoce a un chico que ha abierto un taller de soldadura y le habló de mí. Es joven y tiene muchas ganas de ganarse la vida con su oficio. Me ha preguntado cuánto tiempo hacía que me despidieron. Le he dicho que sólo un año, soy especialista en mentir. Me ha hecho soldar varias cosas, para probarme, y me he sentido renacer. Eso es lo que yo sé hacer. Soy soldador, ese fue mi trabajo a lo largo de veinticinco años. Ese era yo. Y, para volver a ser quien fui, tengo que dejarte a un lado. Te juro que no voy a tocar una “tragaperras” más en mi vida. He anhelado una oportunidad todos estos años, lo he visto algo inalcanzable, pero al fin ha llegado. Nunca se lo podré agradecer lo suficiente a Luis, siempre ha estado ahí. Aunque sé lo que piensa del juego, nunca me ha dejado solo.

Siento que respiro mejor, el corazón me late con fuerza. Me muero de ganas de poner un despertador para tener un sitio al que ir, quiero llegar a casa y pensar que he hecho un buen trabajo. Y que, al día siguiente, este chaval me va a esperar. Voy a ser útil para alguien. Y en cuanto gane el primer sueldo, le voy a devolver a mi hija el dinero que le robé. Sé que tengo mucho que recuperar, pero el primer paso es no pisar más ningún bar. Así que, hasta nunca, montón de chatarra. Voy a soldar los pedazos de mí mismo para volver a ser una persona digna. Te lo juro. Por mi hija.

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  • Alberto dice:

    Bonito enfoque, y buena manera de empezar, sin desvelar el interlocutor. La máquina enseguida aparece ante los ojos del lector sin citar su nombre, y con ella la imagen del drama, bien mostrada con los bolsillos vacíos de dinero ajeno y los vasos rotos. Me ha llegado bien el renacimiento de la ilusión, después de tocar fondo: ese taller donde el personaje recupera lo que es, a través de su oficio. Por cierto, bonita metáfora la que enlaza este oficio con el título del texto.
    Solo me ha saltado a la vista la repetición cinco años / dieciocho años / veinticinco años en tres líneas. Por lo demás, una prosa muy cuidada y suave.
    Tal vez me esperaba un desenlace distinto al que planteas en el primer párrafo, donde le das al lector toda la información relevante en el primer párrafo (ha estado enganchado, en un pozo; pero ya se acabó). Ya sabes, al final echa una monedita, la última… En fin, soy un poco retorcido a veces 😉
    Nos leemos.

  • Natalia dice:

    Hola, Alberto
    Estaba ya espesa esta tarde y no me he fijado en lo de los años. Ya lo he corregido. Gracias 😉
    Esperabas que no lo consiguiera, que fuera al trabajo y fallara, que volviera a pisar el bar… Pero es que ha decidido que no va a jugar más. Y alguna vez tiene que ser la última.
    Gracias por comentar.
    Nos leemos 😉

  • Jorge dice:

    Ay, Natalia. (con coma, eh)
    Me ha gustado tu relato. Aprovechas la consigna de esta semana para introducirnos en este mundo de la ludopatía. ¡Tremendo mundo!
    Me ha llamado la atención que el texto este en primera persona por el ludópata. Me parece dificilísimo ponerme en sus zapatos y en lo que están pensando. Creo que no tengo mala empatía, pero esta categoría siempre consigue despistarme. Como bien dice él mismo, son expertos en mentir.
    Tu texto es emotivo y con esos destellos de ternura que siempre destilas. Gracias. La frase final se lleva la palma. Muy bien enlazada.

    Cosas que he visto:
    Cuando escribes “Hacía poco que había empezado a trabajar ” yo he pensado que era el narrador, y luego me he dado cuenta de que ser refería a la hija. Quizá añadirle un “ella” para asegurarlo.
    Cuando escribes “Te juro que no voy a tocar una “tragaperras” más en mi vida.”, me ha chocado, porque a quien habla es precisamente a la tragaperras. Quizá, añadirle un “tragaperras como tu” o algo.

    Enhorabuena.
    Nos leemos.

  • Natalia dice:

    Hola, Jorge
    Me alegra que te haya gustado 🙂
    Me gusta mucho escribir en primera persona, meterme dentro del personaje. Ponerme en su lugar y pensar como creo que lo haría, me resulta muy estimulante.

    En cuanto a lo que has visto:
    La primera frase:
    “Hacía poco que había empezado a trabajar y por eso el adicto que vive en mí le pidió el dinero a ella.” Sí, puede que necesite el pronombre al principio: “Ella hacía poco que había empezado a trabajar y por eso el adicto que vive en mí le pidió el dinero”. Lo cambiaré. Gracias.
    La segunda frase:
    Yo creo que en la frase anterior ya se ve que le habla a la máquina: “Y, para volver a ser quien fui, tengo que dejarte a un lado.” Luego ya habla en genérico, no va a tocar ninguna más. No sólo a la que le está hablando, cualquier “tragaperras”.

    Muchas gracias por comentar.
    Nos leemos 🙂

  • Yuri dice:

    Hola, Natalia,

    Me ha gustado mucho el texto. Ojalá sea la última vez que tenga que sentarse delante de esa tragaperras. Me ha gustado ver como ha vuelto a reencontrarse en su trabajo, y sobre todo ese “Voy a soldar los pedazos de mí mismo”. Me ha encantado. Si quieres alargarlo ( y solo si quieres, porque el texto esta genial así), añadiría un poco de lucha interna por jugar una última moneda, como si la máquina intentase engatusarle de nuevo.

    Duda sobre una frase: “Así de cruel, fui.” ¿Es necesaria la coma? La he visto y me ha chirriado. Me fío más de tu criterio que de el mío.

    Bravo por el texto,

    • Natalia dice:

      Hola, Yuri
      Muchas gracias. La máquina no le va a engatusar más. El encuentro con ella es una despedida firme, está harto de ella. Ahora tiene una razón para no jugar más: un trabajo. Por eso va a decirle que ya no más. Ya ha tocado fondo… no hay más. Sólo queda ascender y reconstruirse.
      En cuanto a la coma, se puede usar cuando cambias el orden natural de la frase. Lo lógico sería: “Fui así de cruel”. Como lo cambio de posición, quedaría “así de cruel, fui”.
      La primera parte de este texto nace de uno que escribí en mi curso. Allí lo puse “Así de cruel, he sido”. Y no quitaron la coma. El profe nos corrige todo.

      Aquí tienes más pistas sobre las comas:
      http://www.uamenlinea.uam.mx/materiales/lengua/puntuacion/html/coma.htm

      Nos leemos 😉

  • Carlos dice:

    Hola Natalia,
    me ha gustado tu relato, no trata tanto de la entrevista en si como se pedía pero es interesante el tema de la ludopatía.
    Supongo que dejar el juego es mucho más difícil que decidirlo sin más y seguro que ha recaído varias veces que lo haya intentado dejar, es más no me creo que lo vaya a dejar sin ayuda. Creo que si buscara ayuda sería mucho más creíble. Pienso que la forma de caer en ella no es por un hecho concreto sino que te va enganchando silenciosamente hasta que supone un verdadero problema.
    Que el relato sea un diálogo interior me gusta, pero no se si un ludópata asume que lo que hace es un problema o disfruta con ello, quizás estaría bien saber como disfruta y enfrentarlo a otro personaje que le abra los ojos.
    En cualquier caso, enhorabuena por el relato.

  • Natalia dice:

    Hola, Carlos
    Pues es que, por desgracia, conozco a uno de ellos. No ha dejado todo el juego pero las máquinas, sí. Después de mil y una veces de decir que no jugaba más, hubo una que decidió que era la última.
    Es verdad que cuesta mucho dejar las adicciones y se suele necesitar ayuda profesional.
    Muchas gracias por comentarme.
    Nos leemos 🙂

    • Jose dice:

      Hola, Natalia
      Texto muy emotivo. A corazón abierto. El de una persona que ya no puede sufrir más y que la vida le da otra oportunidad. Hay personas, muchas, con un equilibrio muy dependiente de lo externo y el desarrollo de una adicción es el efecto. Afortunadamente en este caso, no llegó a la delincuencia pero es habitual que así sea. “Tan solo” una familia rota. Me gusta ese mensaje de empoderamiento del personaje aunque depende de algo externo como es que alguien confíe en él. Pero con determinadas personas está claro que tiene que ser así.
      He visto a la máquina tragaperras escuchándole.

      Siempre das esperanza. Esta claro que los finales felices son tu debilidad 😉.

      Quizás lo que que resulta más inverosímil es que un soldador tenga esa capacidad para expresarse. Cuando leo te escucho a ti, esa voz tan característica. Reflexiono y me doy cuenta que nos pasa a muchos. Habría que adaptar ciertas formas de expresión al perfil del personaje o incluso el nivel al que puede llegar de reflexión de sí mismo. Tal vez sea un prejuicio pero hablando en término de probabilidades, lo más creíble es que en determinados ámbitos haya distinto grado de razonamiento abstracto.
      Enhorabuena.

  • Natalia dice:

    Hola, Jose
    En realidad, no sé si es un final feliz. Su hija no le habla, su dignidad está por los suelos… lo que sí tiene es una oportunidad, y ya depende de él. No sabemos qué pasará después, si cumplirá con el trabajo o no, si recuperará a su hija, lo que durará su contrato…
    Lo que sí me gustan son las historias de superación. Quizás porque las he vivido. Muchos creen que no pueden cambiar las cosas pero yo te aseguro que se puede si se quiere y se trabaja.
    Reflexionaré sobre tu último párrafo.
    Gracias por comentar.
    Nos leemos 🙂

  • Jose dice:

    Bueno, el trabajo dignifica así que conseguirá resarcir la situación seguro. Parece bastante compungido, cansado de sufrir. Además el supuesto beneficio que podía encontrar con su adicción ya no lo necesitará pues seguramente era evasión lo que buscaba. Aún así más vale que vaya preparándose para aprender a afrontar los golpes que puedan venirle.

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