«Un Mercedes Clase S, Ana. Pruébalo y te convencerás», me dijo. Un coche de viejos retirados. Siempre he puesto en duda el buen gusto de mi marido, y aún así no me esperaba su propuesta. No, ni hablar. Conseguiría el Aston Martin DB11 plateado. De hecho, realizaría el primer pago esa misma semana. Era mi nuevo coche y no iba a discutirlo con nadie, y menos con Rafa.

Dejé el bolso sobre la mesa de mi despacho y me senté al ordenador. Antes de encenderlo, me recosté en la silla giratoria y cerré los ojos. Pensé que me vendría fenomenal una sesión de yoga; tal vez pudiera escaparme un rato antes de comer. Al abrir los ojos, pude ver a través de las cristaleras, allá en lo alto, el Tibidabo brillando bajo el sol. Me encantaba esa vista. El cabrón de Miguel se había quedado con el despacho que daba al mar, pero yo podía contemplar a diario la hermosa alfombra de edificios que ascendía hasta el verde de los montes del Collserola. Me acerqué a la ventana y observé a mis pies el tráfico de vía Laietana. Hormigas, hormiguitas atareadas, todo el día corriendo de un lado a otro. Que hubieran estudiado.

Joder, sí, estaba muy irritada. Reorganizaría la jornada y reservaría una sesión con Boris. Un par de horas estirando el cuerpo mientras escuchaba esa grave y sensual voz rusa, eso es lo que necesitaba. Alcé el auricular:

—Buenos días, Andrea, ¿tengo algo de once a una?

—Déjame ver… Sí, a las once y media tiene la entrevista con el aspirante a comercial de Shark Intranet System.

Mierda. Mierda, mierda, mierda. Me fijé en la pila de currículum junto al teclado.

—Gracias, Andrea.

Colgué y llamé a Miguel. Tuve que esperar varios tonos. Seguro que estaba pajeándose pensando en alguna de esas ridículas jovencitas del Ensanche que se solía ligar los viernes por la noche. Me di cuenta de la fuerza con que empuñaba el auricular.

—¡Bon día, Ana! Cuéntame.

—Hola, Miguel. No interrumpo nada importante, ¿verdad? Oye, a las once y media tenemos lo del comercial. ¿Te apañarás solo? Me gustaría verme en un rato con el concejal para meterle mano a lo de los EREs.

—¿A las once? ¡Ni de coña! ¿Quién hizo el master ese tan caro de personal? Espera un poco, a ver si lo encuentro… Aquí está: Ana Puig i Altes. Eres tú, ¿no? Venga Ana, tú llevarás el peso y yo te asisto, como siempre. Para las doce lo hemos despachado.

—Lo que tú digas.

«Fill de puta», solté en voz alta a la vez que colgaba el teléfono. Encontré el currículum, arranqué el Post-it donde Sandra había escrito 11:30 y lo arrojé a la papelera, dejando la foto al descubierto. Menuda cara de albañil. ¿Para qué pondrían foto? Por dios, ya no estábamos en los noventa. José Manuel García Roca… ¿Cuarenta y nueve años? ¿Quién le habría recomendado? Fin del último contrato, dos mil catorce. ¿Y qué has hecho desde entonces, amigo?

—Hola de nuevo, Sandra. Tráeme una infusión, por favor. Hierba Luisa.

—Enseguida.

Descubrí el catálogo de coches asomando bajo una pila de informes, a mi derecha. Oh, sí, el Aston Martin DB11 plateado sería mío antes de acabar la semana. Volví al currículum y llegué a la última línea: “Nivel de inglés: medio”. Ya tenía suficiente. No me importaba de quien fuera cuñado o colega ese tal Jose Manuel. Una vez más, le echaría cojones y no rendiría cuentas ante nadie. Llamaron a la puerta, y Sandra se asomó con la infusión. Le dí las gracias y le tendí el documento, mirándola fijamente.

—Quiero que llames a este candidato y suspendas la entrevista. Dile que el puesto ya está cubierto, puedes aducir motivos de reajuste, ofrécele nuestras disculpas, etcétera.

—Sin problema.

—Otra cosa: voy a salir, tendré el teléfono desconectado durante un par de horas o tres. Si Miguel se pone en contacto, dile que estoy reunida con el concejal.

Cinco minutos más tarde bajaba en el ascensor, buscando el nombre de Boris en el iPhone 11. Escuché con placer su exótico acento: tenía la mañana libre, me esperaba en su apartamento. Me dirigí allí a pie, como de costumbre.

Cruzaba la calle Fontanella cuando algo me hizo entrecerrar los ojos. Aquel hombre calvo sentado en el banco… ¡sí, era él! Qué casualidad… Seguramente venía de camino a la entrevista. ¿Habría recibido ya la llamada de Sandra? No se le veía muy apurado. Así buscaba trabajo José Manuel: sentado en la calle, leyendo un libro. Con su inglés nivel medio, tal vez se trataría de alguna edición británica de Keats, o Marlowe… Sonreí y me coloqué las gafas de sol. Recordé las palabras de mi padre: cada uno tiene lo que se merece. Y yo, ese mismo sábado, tendría entre las manos el volante de un Aston Martin plateado. Me deslizaría por las curvas del Garraf, rumbo a Sitges, con la elegancia de una serpiente en la hierba. Mercedes Clase S… joder Rafa, qué poco me conoces.

Join the discussion 8 Comentarios

  • Natalia dice:

    Hola, Alberto
    Me ha gustado mucho tu texto, tan bien escrito como siempre.
    Le has dado un plus para mí situándolo en mi tierra. Si, fins i tot, parlen en català… (Si incluso hablan en catalán…) Punto extra 😉
    Ahora entiendo el matiz que buscabas en mi texto. Pobre Jose Manuel, que no le has dado ni la oportunidad… Con lo duro que es estar parado tantos años. Y esta Ana, que vive en otro estrato… arriba, arriba, y no le importa que abajo haya personas con necesidades, aunque no hayan estudiado y no tengan deseos de tener un Aston Martin. Diferentes realidades.
    Muy buen texto.
    Enhorabuena.

  • Jorge dice:

    Hola Alberto.
    Enhorabuena por tu relato.
    Le has dado un giro a la consigna. Consigues que ese parado este presente en todo el texto, aunque en realidad nunca interviene. Muestras los contrastes de este mundo en el que vivimos, sin duda injusto.
    Tu historia se centra en Ana y su entorno. Nos lo presentas muy bien; la mirada por la ventana describiendo Barcelona, la llamada a su socio/compañero, la petición de la infusión… muy logrado todo, he sido capaz de meterme en esa oficina bien acondicionada.
    Fíjate, que cuando cancela la entrevista, he pensado que eso iba a provocar un giro mas potente al final (yo que se, que era alguien influyente, que perdería su Aston Martin por alguna razón,. ..) Pero me ha gustado ese encuentro fugaz en la calle.
    Tiene mérito que hayas utilizado la referencia a los coches, sabiendo como sabemos todos que no te gustan los coches. Eres un valiente. 😉
    Muy buen relato.
    Nos leemos.

  • Yuri dice:

    Hola, Alberto,

    Un gran texto. Me ha encajado todo muy bien, y me he quedado con ganas de saber más. Tengo la sensación de que cada vez que te leo nos llevas a un lugar diferente en el mundo. No tengo mucho más que aportar. Enhorabuena por el texto.

    Un abrazo,

  • Carlos dice:

    Hola Alberto,
    me ha gustado el texto y me ha resultado muy creíble, aunque no conozco a personas así, supongo que existen.
    Con que ligereza se tratan asuntos que para otra gente pueden ser muy importantes. Me ha gustado que se encuentren por el camino y creo que da para alargar el relato contándolo desde el punto de vista del que iba a la entrevista y quizás con un final que de la vuelta a la historia. Ana se merece que la vida le de una lección.

    Enhorabuena!

  • Jose dice:

    Hola, Alberto
    Nos regalas un personaje con mucha fuerza, tan odiosa como ególatra. Te has inclinado por escribir desde el lado del entrevistador, sin entrevista ni entrevistado, como tantas propuestas de selección que no llegan ni tan siquiera a materializar una simple entrevista.
    Me ha encantado la recreación de ese rincón de Barcelona. Lo he visto a través de tu pluma mientras repudiada a Ana.
    Me gusta mucho cómo aplicas la ley del espejo en el relato siendo Ana todo aquello que ve en los demás; el tío que se imagina paseándose cuando ella es la que sutilmente se lo monta con el ruso primero en la imaginación y después supongo que materializándolo. Y cómo llama fill de puta a su compañero de curro cuando ella encajaría bastante bien en esa etiqueta.
    En fin, muy logrado. Me ha entretenido bastante sin necesidad de contar grandes cosas.

    Un abrazo fuerte.

  • Jose dice:

    Hola, Alberto
    Nos regalas un personaje con mucha fuerza, tan odiosa como ególatra. Te has inclinado por escribir desde el lado del entrevistador, sin entrevista ni entrevistado, como tantas propuestas de selección que no llegan ni tan siquiera a materializar una simple entrevista.
    Me ha encantado la recreación de ese rincón de Barcelona. Lo he visto a través de tu pluma mientras repudiaba a Ana.
    Me gusta mucho cómo aplicas la ley del espejo en el relato siendo Ana todo aquello que ve en los demás; el tío que se imagina paseándose cuando ella es la que sutilmente se lo monta con el ruso primero en la imaginación y después supongo que haciéndolo. Y cómo llama fill de puta a su compañero de curro cuando ella encajaría bastante bien en esa etiqueta.
    En fin, muy logrado. Me ha entretenido bastante sin necesidad de contar grandes cosas.

    Un abrazo fuerte.

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