—¿Tú has visto cómo nieva?

—Sí. En nada será solo lluvia.

—¿Y si nieva tanto que no podemos salir de casa en muchos días?

—Sí, claro…

—Oye, han dicho en la tele que va a caer una nevada histórica.

—Si tengo que creer todo lo que dice la tele… Verás como para enseguida. Venga, baja la persiana y métete en la cama de una vez.

—Tú siempre tan descreído.

—Tú siempre tan alarmista.

Ella cierra la ventana y baja la persiana, se mete en la cama y apaga la luz. Resopla. Enciende la luz.

—¿No entiendes que mañana igual no podemos abrir la puerta de casa?

—Pues nos quedaremos dentro. La nevera está llena.

—Está llena porque yo la he llenado, sabiendo que va a caer “la gran nevada del siglo”.

—Muy bien. Pues muchas gracias.

—De nada…

—Apaga la luz.

—¿Tenemos pala?

—¿Pala?

—Sí, para quitar la nieve y hacer un camino hasta la puerta de la calle.

—No. ¿Para qué íbamos a usar nosotros una pala? Venga, no exageres.

—Nunca se sabe. Tú eres el de las herramientas, querías un taller en el garaje y nunca haces nada productivo con ellas. ¿No tenemos nada parecido?

—Ana, no vivimos en la montaña, el suelo está apenas enharinado. Aquí nieva una vez cada cuatro o cinco años y no suele ni cuajar.

—Si hubieras mirado por la ventana, verías que ya son unos cuantos centímetros. Ha empezado por la mañana, lleva todo el día.

—Ya lo sé, mujer.

Ella apaga la luz resignada. Tras unos segundos en silencio, habla.

—Tengo miedo.

—No te preocupes, es agua congelada.

—El problema es que, si nieva mucho, no estamos preparados. Y luego va a venir la ola de frío, que lo han dicho en las noticias, se va a congelar la nieve y podemos resbalar y partirnos una pierna. O peor. Y los niños no podrán ir al colegio y me harán teletrabajar en la empresa y eso, ya lo sabes, es ¡una puta locura!

—No grites, que se van a despertar los niños. Estás dejando que te domine la ansiedad, otra vez. Es solo un poco de nieve.

Ana enciende la luz y se gira hacia su marido.

—Es que el mundo se ha vuelto loco, Martín, y yo no entiendo nada. Quiero que todo sea como antes. Quiero ver a mis padres y abrazarles. Quiero quemar las mascarillas.

—Todos queremos volver a la normalidad pero no puede ser, por ahora. Yo te puedo dar todos los abrazos que quieras.

—Ya, pero no es lo mismo.

—Gracias.

—Ya me entiendes.

—Hay que pensar que habrá una solución y que todo irá a mejor. Tendremos que adaptarnos a lo que está por llegar, a medida que suceda. Sea lluvia o sea nieve.

—¿Y si todo va a peor?

—¿Y si todo mejora? ¿Por qué tiene que ser malo lo que esté por venir? No hay que perder la esperanza, ¿vale?

Ella le mira a los ojos, respira hondo y asiente con la cabeza. Él le acaricia la mejilla y le da un largo beso en la boca.

—Tienes que intentar relajarte.

—Creo que necesito más de estos…

Martín acerca su cuerpo al de Ana. La besa en la mejilla, cerca de la comisura de la boca, ella cierra los ojos. Él se acerca a sus labios, los roza suavemente. La piel de Ana se eriza. Rodea a Martín con sus brazos. Él susurra.

—Yo estoy contigo. Yo sí estoy aquí.

Ana relaja sus músculos poco a poco. Martín se entretiene en su cuello. Luego sube la parte de arriba de su pijama y descubre sus pechos. Los acaricia, con la mirada encendida. Ana se quita la prenda y ayuda a su marido a quitarse la camiseta. Se besan y se abrazan, entregados.

En el exterior, empieza a soplar una brisa intensa, que arremolina los copos en el acceso a la casa, en la esquina de la pared del garaje. A lo largo de la noche, uno a uno, como plumas que lleva el viento, irán formando una duna de nieve que cubrirá parte de la puerta. No habrá pala.

Pero sí recogedor.

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  • Jose dice:

    Hola, Natalia
    He visto un texto muy fresco. La situación me gusta y el toque erótico también:)
    Me imaginaba a Ana en mitad del acto con pensamientos sobre la nieve jiji. Da la sensación que ha empezado al lío pero nos dejas el ascuas si lo terminan.
    El relato me recuerda una idea que muchas veces me surge: hay parejas que donde más hablan es en la cama, cuando el día termina y todos duermen. Hay que tener cuidado con eso, evitar tocar cosas escabrosas y no irse a dormir con preocupaciones que impedirían permitirnos descansar. Leí una frase por ahí que daba la definición de felicidad: es feliz el que cuando va a dor.ir no tiene problemas para conciliar el sueño. Sin duda es un gran indicador, por la sencillez de su medición.

    Un abrazo.

  • Natalia dice:

    Hola, Jose
    Yo creo que están “entregados”, así que tú verás lo que te sugiere 😉
    Sé que os va a parecer que corto la escena de sexo pero no era el motivo del texto y no quise seguir dando detalles, jeje Justo cuando están en ello, sucede lo que teme Ana pero, como está a otra cosa, pues ya se dará cuenta mañana… 😛
    Pretendía mostrar dos formas de enfrentarse a lo que esté por llegar, a lo desconocido. Ana tiene miedo de los imprevistos que no se pueden controlar, anticipa y se estresa, y Martín fluye con la vida, es positivo y encara las dificultades según se le van presentando.
    Estoy de acuerdo contigo. Dormir bien es un indicativo, no sé si de felicidad, pero sí de calma y falta de remordimientos.
    Gracias por estar ahí 🙂
    Un abrazo.

  • Jorge dice:

    Hola Natalia
    Que escena mas sencilla y tan expresiva. Voy a empezar por algo que veo mal y es la imagen del relato. En mi cabeza no paraba de ver una foto de nieve amontonada en un patio y que iba a impedir abrir una puerta. Esa debería haber sido la foto.
    Bueno, es un relato donde impera el estilo directo y hace que se descubra la situación a través de lo que dicen los dos personajes. Efectivamente es un contraste entre los dos, más habitual de lo que creemos y te puedo asegurar que me siento muy identificado (pero no te diré con quién, je je)
    Al final Ana se relaja, se deja llevar y se le olvida que fuera sigue nevando, pero efectivamente, no pasa nada porque tendrá recogedor, Muy bueno el uso del futuro aunque sea un poco. Estaba pensando que habría que hacer un relato combinando conjugaciones en pasado, presente y futuro, todo a la vez (perdón, me he salido del tiesto)
    Pues poco más compañera, que me ha encantado y que me alegra seguir leyéndote aunque sea de mes en mes
    Bien hecho.
    PD: Cuando escribes entregados, te refieres que están entregados, entregados???

    • Natalia dice:

      Hola, Jorge
      No hace falta que me digas con quién te identificas, está más que claro 😉
      ¿A que no sabes con quién me identifico yo? Jajaja 😛
      ¿Me puedes explicar mejor lo de la foto? Tú imaginas la nieve ya cubriendo la puerta pero Martín va diciendo todo el rato que no pasa nada, que el suelo está apenas enharinado. Con lo cual, el juego era que ella prevé lo que en realidad luego sí nos pasó a muchos en nuestras casas.
      Cuando digo “entregados” es entregados hasta el final… Anda que no os hubiera gustado que hubiera escrito todo “el tema”, ¿eh? 😉
      Besos.

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