Siempre estoy en la oficina, haya buen o mal ambiente. Podríamos decir que mi vida y mi existencia es monótona. Eso sí, tengo el privilegio de ser testigo de muchas conversaciones. Permanezco atenta a lo que dicen, a lo que sienten, a lo que manifiestan. Escucho como se provocan sonrisas, llantos, despidos, divorcios, pero hoy prefiero detenerme en esta historia, es la historia de Sonia. Un día hablaban así:

—Escucha, tengo que contarte lo que me pasó con Sonia. Resulta que el otro día estaba fatal, y era, porque no había podido preparar el disfraz de mi hija. Teníamos mucho trabajo y me sentía culpable. Ella se dio cuenta y vino a hablar conmigo. Se acercó con calma y me llevó a tomar un café. Enseguida se lo conté todo y entonces, muy calmada, me dijo que el trabajo podía esperar y que era más importante mi hija y su disfraz. Ella hizo todo el trabajo por mí. Flipé, creo que nunca podré olvidarlo.

—Tía, que fuerte, quien lo diría. Como parece tan marisabidilla y siempre tiene una respuesta para todo. Pero sí, sí que se ha enrollado mazo.

—Ahora empezáis a conocerla. Sonia es muy buena persona. Recuerdo cuando llegó Julieta al departamento, no tenía ni idea, pero ella la apadrinó como a una hija, la fue enseñando y dando seguridad. Recuerdo un día que salía Julieta de ver al jefe y rompió a llorar. Sonia se acercó, la cogió de los antebrazos y buscó sus ojos, al encontrarlos le regaló una sonrisa, se acercó a su oído y no sé qué le dijo, pero Julieta empezó a reír entre lágrimas. Se abrazaron y rieron juntas.

—Es verdad tía, y desde entonces han sido inseparables.

 

Voy a saltarme algunas conversaciones y voy directamente a lo que nos interesa. Mi habitáculo es pequeño y todos parecen ignorarme. A mí no me importa, me quedo queta y no pierdo ripio:

—Necesito este café, lo de anoche fue increíble.

—¿Terminasteis el dossier?

—¡Siiiiii! No te lo vas a creer. Estábamos totalmente atascados. Abatidos. Convencidos que no íbamos a llegar. ¡Y la reunión con el cliente era el 20 de marzo, justo el 20 de marzo! Sonia ya había terminado su curro y venía a despedirse. Con solo vernos las caras lo comprendió todo y no se fue. Dejó su bolso y nos dijo: «chicos vamos a terminar con esto», se acercó a mí y me agarró con energía mi hombro. Me susurró: «Confía. Vamos a poder». A los cinco minutos cada uno tenía una tarea y mejor aún, teníamos ilusión.

 

Los hay que vienen solo para hablar y desfogarse un rato. Escuchar:

—Yo flipo. ¿Es posible que asciendan a Julieta en vez de a Sonia? ¡pero si está recién llegada!

—Con todo lo que le ha ayudado Sonia. Todo lo que se ha preocupado.

—Tiran más dos tetas que dos carretas. Ya sabéis lo suyo con el Jefe.

—Pero es muy injusto. Sonia sabe más, trabaja más, colabora más.

—La vida es injusta. Lo peor es que esta vez sí que le ha afectado. Es la primera vez que he visto a Sonia alicaída, reflexiva, pensativa.

 

Comprendí algunos detalles de esta historia el día que vino el conserje con uno de los responsables. Fijaros lo que dijo:

—Para mí el café solo, sin azúcar. Verá usted. Yo no sé muchas cosas, pero Sonia siempre me regala un “buenos días” al entrar. Es muy atenta. Fíjese, recuerdo que el día de San José, me acuerdo porque así se llama mi padre sabe usted, le regaló una caja de bombones al jefe, era roja y tenía un lazo violeta. Me acuerdo que le dijo sonriendo: «no deje de tomar los de frambuesa, son exquisitos». También en mi cumpleaños, me escribió una tarjeta.

 

La historia acaba el 21 de marzo. Era uno de esos días de celebración en el que todos se reúnen junto a mí.

—La presentación de ayer salió perfecta.

—Yo sabía que Sonia era trabajadora, pero ayer demostró también sus dotes de gran comunicadora en la presentación.

—¡Por momentos lo vimos todo perdido! Si no llegar a aparecer ella, ahora estaríamos lamentándolo.

—Es verdad. Estábamos noqueados y pensábamos que perderíamos el proyecto y el cliente, cuando nos informaron que Julieta y el jefe estaban ingresados en el hospital por intoxicación de chocolate.

—¡Qué injustos hemos sido con Sonia! Como se creció ante la adversidad.

—Nos salvó a todos.

¿Os ha gustado? Espero que sí, me despido que me desenchufan para mantenimiento.

 

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  • Jose dice:

    Hola, Jorge
    Desde el principio me he olido que quien hablaba era algo y después ha quedado confirmado. Parece que la máquina idolatre a Sonia aunque después resulta ser un poco maquiavélica con los bombones, aunque nos haces empatizar de tal forma con ella que hasta nos parece bien que utilice alguna argucia para hacerse de respetar y ubicar su posición en la empresa atendiendo a su valía, lo que no fue posible por la intervención de otros elementos ajenos al trabajo en sí. De hecho nos preparas todo el relato para que nos parezca bien el medio que emplea, que por cierto, lo presentas con algo de sutileza. Si querías que se viera menos tal vez hubiera sido buena idea meter la caja de bombones entra las primeras ideas del relato, no tan seguida aunque hay un orden lógico de los acontecimientos que impide hacerlo.
    Me ha gustado el enfoque porque me ha mantenido en vilo para descubrir qué era lo que estaba relatando los hechos.

    En lo formal dejo que Natalia sea implacable 😉

    Entiendo que te ha costado pensar un cierre al relato pero prefiero que me lo confirmes.

    ¡¡Gracias por escribir!!

  • Natalia dice:

    Hola, Jorge
    Tu texto es claro, se lee fácil y está bien escrito. No sé por qué Jose quiere que yo haga la revisión formal del texto (¡si no hay mucho que decir! 😛 )
    Solo he detectado que falta una tilde:
    “Tía, que fuerte, quién lo diría”
    y dos comas, una me sobra y la otra, me falta:
    “y era porque no había podido preparar el disfraz de mi hija”.
    “me acuerdo porque así se llama mi padre, sabe usted”

    Has dado vida a una máquina de café de una oficina. Los objetos inanimados podrían contar tanto… jeje Como esas sillas de un ejercicio anterior.
    Tu texto es su testimonio. Ella es quien resume la historia de Sonia, que parece que no es tratada justamente en su trabajo. Pero te guardas la sorpresa para el final: parece que Sonia ha regalado unos bombones con otras intenciones que no son un mero detalle.
    La verdad que te quedas con la sensación de “se lo han ganado” por no valorarla.

    Enhorabuena por el trabajo.
    Nos leemos 🙂

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