Es viernes por la tarde y Paula ha quedado con su amiga Ana para dar un paseo por la playa.

—No sé qué me pasa, Ana.

—A ver, cuenta.

—Es que hace unas semanas empezó a trabajar en mi departamento un chico…

—Sí, algo me dijiste.

—Y me siento rara.

—¿Por él?

—Sí, es que se me acelera el corazón cuando me habla…

—¿Te gusta?

—No sé, creo que sí.

—Pero… ¿de atracción?

—Pues sí.

—Ay, Ana. Pero ¿físicamente? O sea, ¿como hombre?

—Sí, Paula. Sí. Me pone nerviosa. Cuando me mira, lo hace siempre directamente a los ojos. Con seguridad. Le han puesto justo en la mesa de al lado, para que le enseñe cómo funciona el programa que usamos y tengo que estar todo el día pendiente de él.

—Bueno, pero has enseñado a otra gente…

—Por eso estoy preocupada. Porque él es diferente. Es muy simpático, gasta muchas bromas y me hace reír. A veces, se queda mirándome unos segundos, cuando todavía me río, y se sonríe, como reconfortado. Y huele tan bien… Ay, Ana, ¿por qué me está pasando esto?

—No sé. ¿Qué tal estáis Alfonso y tú?

—Pues normal. Como siempre… Creo. Estoy muy nerviosa, yo no quiero hacerle daño. No quiero que lo note.

—No le estás haciendo daño. No ha pasado nada, ¿no?

—No. Pero ayer, cuando me fui a la cama, sólo veía su cara en mi mente. Y me excité… Ay, me da vergüenza.

—Todo el mundo se excita con otras personas, Paula. Seguro que Alfonso también. Con alguna actriz o cantante o vete a saber. Eso forma parte de la intimidad de cada uno.

—¿Tú crees? ¿No soy mala persona por pensar en Raúl?

—¿Así es como se llama?

—Sí.

—¿Y Raúl te ha dado alguna pista? ¿Te ha mandado alguna señal?

—No lo sé. A lo mejor me estoy imaginando cosas que no son. Igual está felizmente casado y simplemente es que tiene ese don con la gente. Es muy atractivo.

—¿Pero seguro que estáis bien, Alfonso y tú?

—Pues igual un poco estancados. Un día hablamos de tener hijos. Él quería, pero yo no lo tengo tan claro. Al menos, por ahora. Tiene muchas ganas de ser padre pero a mí me da miedo perder mi independencia. No quiero dejar de trabajar, no quiero perder mi puesto. Sé que me tocaría a mí reducir la jornada…

—Bueno, eso lo tendríais que hablar antes y ver qué posibilidades de organización habría.

—Ya, pero es que yo no quiero ser madre ahora.

—Vale. Tranquila. Y después de esa charla, ¿cambió algo?

—Pues… no nos hemos acostado desde hace un tiempo.

—¿Por alguna razón? ¿No ha surgido?

—Puede que no sepamos hacia dónde tirar, después de cinco años viviendo juntos.

—¿Vosotros…. o tú?

—Jo, Ana. No sé…

—¿Y si lo que pasa es que tienes miedo y estás tratando de huir, fijándote en otra persona…?

—¿Tú crees? Explícame eso.

—A lo mejor no quieres herirle y decirle que no quieres tener hijos. No te enfrentas al problema y miras hacia otro lado…

—No sé. Tendría que pensarlo.

—¿Tú quieres a Alfonso?

—¿Cómo no le voy a querer? Con todo lo que hemos vivido juntos…

—¿Le has dicho claramente que no quieres tener hijos?

—Supongo que no.

—¿Recuerdas cuando yo tuve mi problema con la comida?

—Claro.

—Cuando David y yo rompimos, intenté llenar mi vacío comiendo y creo que tú intentas rellenar otro hueco. Algo ocurre contigo. Este chico ha centrado tu atención, porque estás muchas horas con él en la oficina. Y parece que es guapo, simpático… pero, en realidad, no sabes nada más de él. Es tu imaginación la que te lleva.

—Cada día voy a trabajar con mariposas en el estómago, esperando una mirada, una broma…

—Porque es emocionante pensar que le puedes gustar a alguien. Una se siente reconfortada y empieza a imaginar pero piensa en Alfonso también.

—Ya… me estoy comportando como una adolescente.

—Quizás la rutina se ha ido apoderando de la chispa del principio. Recuerdo que estabais muy enamorados… te brillaban los ojos. Estabas en tu mejor momento.

—Fui muy feliz, Ana.

—Pues recupera eso. Céntrate en cuidar vuestra relación. Tenéis que hacer algo especial: un viaje, una cena romántica… y hablar.

—Sí, tienes razón. Creo que he perdido el foco y me he dejado llevar.

—Yo no supe hacerlo con David y terminamos siendo casi desconocidos. Aprendí la lección. Creo que sería una pena que vuestra relación se estropeara, sabiendo que os queréis.

—Ay, ¿qué haría yo sin ti? Siempre me ayudas a deshacer mis nudos. Muchas gracias, Ana.

—De nada, Paulita. A ver si me ponen a mí un compañero en el banco que sea guapo y simpático, que estoy a dos velas…

—Cuando menos te lo esperes. No sabe la suerte que va a tener contigo…

Join the discussion 16 Comentarios

  • Jose Romero dice:

    El texto transcurre en una sola escena y todo en forma de diálogo. Me parece buena idea hacerlo porque manejar bien este recurso nos va a reportar grandes satisfacciones, como aprender a describir, aunque esto último con otros efectos. Me transmite mucha inocencia por parte de Paula, una inocencia sacada de otra época, me hubiese gustado contextualizarlo un poco para justifcar esa forma de pensar, aunque lo triste en estos tiempos es que haga falta hacerlo. Pero es apreciación mía. En mi caso, me hubiese bastado algo como, corría la primavera de 1959,… si bien estoy seguro que podemos encontrar personas así. Para mí hubiese ganado credibilidad.
    Desde luego es una suerte contar con amigas como Ana, que no te digan, “pégate el gusto de zumbártelo y que Alfonso seguramente lo haría si le presentara la oportunidad”.
    Me hubiese gustado alguna señal más convincente de Raúl porque ella parece que haya sufrido un tsunami con poquitas cosas, aunque está claro que no se necesitan muchas cosas para que la atracción surja.

    Enhorabuena.

    • Natalia dice:

      Hola, Jose
      Me apetecía escribir sólo diálogo, hacer que fuera una conversación fluida.
      Y luego quería analizar las primeras sensaciones de alguien que tiene pareja pero se fija en otro. Y buscar las causas de desconectar de la pareja y romper esa fidelidad, aunque sea sólo de pensamiento.
      No estoy de acuerdo con lo de la credibilidad. No todo el mundo es infiel… No entiendo por qué lo tengo que situar en 1959. Es un diálogo situado en la actualidad. Hay gente que piensa sus acciones antes de actuar, sobre todo si pueden herir a alguien a quien quieren.
      Me parece que no todos los hombres quieren “zumbarse” a la primera que se deje… No sé si te refieres al mundo adolescente, que quizás tiende más a la ligereza en ese aspecto… pero las protagonistas no son adolescentes.
      A mí, mis amigas no me van a decir nunca que me zumbe a nadie pensando en que, si mi pareja pudiera, se acostaría con la primera que le diese esa oportunidad… La amistad no es eso, para mí. Es escuchar al otro, dejar que se exprese e intentar ayudarle si tiene un problema.
      Paula tiene un conflicto interno y su amiga le ayuda a ver las cosas con más claridad, de forma más reflexiva.
      Creo que Raúl no tiene por qué percibir nada ni dar ninguna señal. Él es natural y es ella la se siente atraída.
      Gracias por comentar.
      Nos leemos.

  • Jorge dice:

    Hola Natalia.

    Sencillo, hermoso, y sobre todo muy terapéutico.

    El texto es refrescante. Al ser todo dialogado le da buen ritmo, Efectivamente el título hace honor al texto. Como Ana, la amiga terapeuta va deshaciendo ese nudo “mental” que tiene su amiga. Tu texto es “demasiado bonito”. Ocurre lo que todos desairamos que ocurriera. Es un final feliz. Y ese creo yo que pudiera ser el problema.

    Es tan buena Ana, que incluso se le olvida pedirle a su amiga que se lo presente. Ya sabemos que lo primero es ayudar a la amiga, pero con semejante tarjeta de visita y estando a dos velas. ¡Ya está tardando! Aunque fuera de manera sibilina: “Oye, pues quedamos un día todos, y te digo que me parece,”
    No sé. Ya sé que eres muy positiva (y asertiva), pero me hubiera gustado que hubieras retorcido un poco a los personajes, que nos hubieras mostrado su otro lado.

    En lo técnico, creo que has puesto bien todos los vocativos. 😉

    Te repito que me ha gustado.
    Nos leemos.

  • Natalia dice:

    Hola, Jorge
    Ya sé que no te gustan los finales felices… pero es que también existen. Recuerdo ahora mismo “La sociedad literaria del pastel de patata”, libro requetevendido… con final feliz. Desde la humildad de una aficionada a escribir, lo digo.
    Los lectores también buscan historias que terminen bien, lo mismo que en el cine. Reconfortan. No todo tienen que ser dificultades y tristezas. Para eso ya está el día a día, muchas veces.
    En realidad, no sabemos qué pasará con Paula y Raúl. Es sólo el inicio del conflicto, no sabemos si ella hablará con su pareja, si se pondrán de acuerdo o no, si Raúl le dará señales… No es un final cerrado y se acabó. Nadie sabe lo que puede pasar mañana…
    Cuando lo escribía, me lo imaginaba como parte de una película. Por eso, sólo es diálogo. Quería que fuera fluido.
    Cuando me planteé qué escribir, tuve claro que no quería que se consumara la infidelidad en el relato. Me parecía mejor intentar buscar el origen, las primeras ganas de acercarse a otro teniendo pareja. Y buscar los motivos. Se supone que, si uno está a gusto dentro de una relación, no necesita buscar nuevas emociones fuera de ella. Me propuse entender de dónde surgen.
    Gracias por comentar.
    Nos leemos 🙂

    • Jorge dice:

      Llevas razón. También hay finales felices y quizá mas que de los otros.
      Como bien has dicho, a mí no son los que mas me encantan, porque me parece que son como los clichés (algo preestablecido). Pero éste es solo mi gusto personal. Basta con ver cuantas pelis de comedias románticas se hacen por año y cuantos espectadores van a verlas.
      Me quedo con lo primero que te dije: sencillo, hermoso y muy terapéutico.
      Abrazo

  • Carlos dice:

    Hola Natalia,
    me ha gustado tu texto, es cierto que en forma de diálogo se hace mucho más fluido.
    La línea de la infidelidad cada uno la sitúa donde quiere, además que en una infidelidad no todo tiene que ser sexo.
    El sentimiento de culpa y las preguntas por el futuro de una relación generan fuertes fuerzas interiores.
    En este caso es algo inicial y muy platónico. Una palabra, un gesto o un olor puede generar en la otra persona una explosión emocional o sexual y quizás de sufrimiento o desamor.
    Somos seres complicados y a veces la cabeza para por un lado y el cuerpo por otro.
    Enhorabuena.

    • Natalia dice:

      Hola, Carlos
      Estoy de acuerdo contigo. La línea de la infidelidad cada uno la coloca en un sitio distinto.
      Las personas somos diferentes, unos son más impulsivos que otros. Y está claro que el instinto a veces supera a la cabeza.
      Gracias por comentar.
      Nos leemos 🙂

  • Yuri dice:

    Hola Natalia,

    Buen relato. Leyéndolo pensé que estabas haciendo un esfuerzo porque el peso de la escena lo llevasen los diálogos, y leyendo tus respuestas a los comentarios veo que te he intuido bien. Bravo, ha funcionado. No hacen falta grandes descripciones cuando el diálogo inunda la página. Nunca le he leído pero creo Jordi Sierra i Fabra lo ha hecho parte de su estilo.

    Entiendo los comentarios de los compañeros. Paula tiene un corazón de oro que no es imposible de tener pero si poco frecuente. Lo digo pensando que conozco gente así y me resulta más creíble, pero cuesta encontrarlos. Ana parece una terapeuta en toda regla. Casi demasiado terapeuta para una amiga y me resulta menos creíble. Creo que defines bien la amistad o al menos coincido con tu definición, pero los amigos suelen tener reacciones más viscerales. Cuesta conocer al novio de Paula y no saltar, porque huele que tiene el mismo corazón que ella. Pensando en mis amistades, donde hay abundancia de terapeutas, cuando se ponen en modo interpretar o arreglar el problema, me toca la moral. Escuchar es otra cosa, y es lo que se busca de un amigo. Yo en el lugar de Paula no hubiese estado buscando la solución al nudo, sino que me dejen hablar de ello y expresar más mis dudas que encontrar soluciones. No significa que no hubiesen podido llegar al origen, pero lo hubiese sentido más natural en un diálogo más largo. En fin, puede que sea una reacción más personal y no voy a negar que en estas cosas soy exigente, pero es importante compartirla para que veas si te encaja. Si no, como las lentejas.

    Lo dicho, gran texto y buen uso de los diálogos. Regálanos más textos.

    Un abrazo,
    Yuri

    • Jose Romero dice:

      Muy buen reporte, Yuri.

    • Natalia dice:

      Hola, Yuri
      Casi lo presento como diálogo teatral, fíjate si quería investigar este aspecto…
      ¿Cuesta encontrar a gente como Paula? Es como si dijeras que todo el mundo es infiel, menos cuatro… No conocemos a todo el mundo, pero yo no me muevo en un ambiente precisamente conservador, y no tengo esa percepción. Me parece triste pensar que todas las personas se mueven por instinto, sin respetar a sus parejas, y que se tiran de cabeza hacia el primero que les llama la atención y se deja…
      Paula se ha dado cuenta de que se fija en otro y para ella es algo nuevo, necesita poner nombre a lo que le pasa, entenderlo y compartirlo con su amiga.
      En cuanto al concepto “amiga terapeuta”, piensa que Ana ha tenido un problema con la comida. Ha tenido que trabajar para ver que “estaba llenando un vacío”. Creo que escucha y muestra empatía. Intenta entender.
      Pero no pasa nada. No te resulta creíble y lo acepto.
      Gracias por comentar.
      Nos leemos 😉

      • Yuri dice:

        Hola, Natalia,

        Creo que me he explicado mal. No me refiero a que Paula sea fiel y todos seamos infieles menos cuatro. Hablo de que Paula parece que tiene un gran corazón. No creo que todos y todas nos tiremos al cuello al primero que pasa. Hablaba más de la ternura/inocencia que despierta. Eso lo que es difícil de encontrar.

        Un abrazo,

  • Alberto dice:

    Se agradece de vez en cuando deslizar la lectura por un texto que son todo diálogos. Me ha parecido que están bien escritos, con ritmo… se me ha hecho hasta corto. La primera frase, por cierto, me suena un poco a apunte teatral 🙂
    Me ha gustado el párrafo en que Paula cuenta cómo su relación está estancada, y el hecho de que el que quiera meterse en un proyecto de crianza sea él y las reticencias vengan de ella (algo poco frecuente en mi círculo social). Los motivos que aporta Paula para ello son una acertada crítica desde una perspectiva de género: las reducciones las piden ellas.
    Por otro lado, coincido con los comentarios de algunos compañeros, en cuanto al contenido del relato. Se me hace todo demasiado… correcto. Un conflicto casi de catálogo, que si te fijas podría aparecer en un manual católico de ‘salva tu matrimonio’. Ojo, no digo que los aportes de Ana no sean acertados o pertinentes. Es cierto que pasiones pasajeras ponen en peligro edificios firmes construidos con paciencia durante años, que (a veces) son más valiosos. Son situaciones sencillas y cotidianas, existen tal cual. Es el conjunto de la situación lo que me transmite esa perfección excesiva para un relato… Es difícil de explicar. Un detalle de la ‘corrección’ de la conversación entre amigas es el ‘No nos hemos acostado desde hace un tiempo’, donde la expresión ‘acostarse’ me resulta rara al hablar con una amiga de tu marido (tal vez por eso Jose se ha ido a 1959…), y donde el lector tal vez agradecería concretar ese ‘algún tiempo’.
    En cualquier caso, es una crítica muy subjetiva. También, como a Jorge, el texto me ha aportado ciertas sensaciones terapéuticas y tranquilizadoras.
    Nos leemos.

  • Natalia dice:

    Hola, Alberto
    Muchas gracias por tu comentario largamente esperado 🙂
    Para mí, no se trata tanto de “salvar un matrimonio” como de “no te dejes llevar por el impulso, que luego te puedes quedar sin lo uno y sin lo otro”.
    Entiendo lo que dices de la corrección y lo asumo.
    Un abrazo.

    • Alberto dice:

      Ja ja es cierto, te puedes comer el caramelo, pero es fácil que al poco tiempo no te quede nada entre las manos.
      Como dices en los comentarios a Yuri, esto de la infidelidad es un temón.

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