Le gustaba dejar cada calcetín al lado de su pareja. Las camisetas bien estiradas y las camisas cada una en una percha. Así no le hacía falta planchar después. Hacía tiempo que todas las camisas las compraba mitad algodón mitad poliéster porque sabía que se arrugaban mucho menos.

Ya había terminado de tender la ropa y debía darse prisa porque a las doce tenía una entrevista de trabajo. Le habían llamado ayer de la oficina de empleo. Le quedaba afeitarse y vestirse con sus mejores galas, pero antes se aseguró de regar con agua abundante. La cocina no le daba tiempo, la recogería después.

 

Llegó cinco minutos antes y le pidieron que esperara en una salita. Había tres candidatos antes que él. Encima de la mesa había varias revistas, pero ninguna llamó su atención. Observó como el tronco de Brasil de la esquina estaba falto de luz y nadie le había limpiado las hojas secas.

—El señor Rodríguez, por favor. –dijo una señorita.

Se levantó y se estiró la camisa antes de atravesar la puerta que daba acceso al despacho. Antes de cruzarla, pudo observar como llegaba otro candidato a la salita de espera.

—Buenos días, señor Rodríguez. Por favor tome asiento. Le agradezco que haya venido hoy a la entrevista.

—Buenos días. Gracias a ustedes por darme esta oportunidad.

El joven entrevistador rebuscaba entre un montón de papeles, mientras le mostraba la mano en señal de que tomara asiento.

—Aquí tengo su currículum, señor Rodríguez. Vamos a ver. Parece que ha trabajado usted en muchos sitios y en muchas profesiones, aunque lleva parado estos últimos años. Tiene casi cincuenta años. Al principio trabajó de electricista, luego en una oficina, luego de jardinero, …

—Lo que iba saliendo. En realidad, también he hecho un montón de cursos.

—Claro. Veo que tiene experiencia con editores de textos y hojas de cálculo.

—Pues sí. En WordPerfect conozco casi todos los atajos para las funciones más conocidas. Y soy capaz de utilizar funciones complejas de Lotus Symphony.

—Comprendo, comprendo. ¿conoce usted algún producto de Microsoft Office?

—Sí, los conozco, aunque no he tenido experiencia profesional con ellos. Pero le puedo asegurar que aprendo muy rápido con los ordenadores.

—Seguro. Mire usted, señor Rodríguez, estamos buscando un grupo de personas con conocimientos de ofimática y experiencia en labores administrativas para darles un curso de nuestro programa de gestión, pero usted está un poco anticuado. Debería aclararlo en su curriculum. También le recomiendo que intente actualizarse. Apúntese a un curso de Word, Excel, PowerPoint. Necesita usted reciclarse. Lo que aprendió usted ya no se usa.

—Gracias joven. Sí, supongo que más bien necesito renacer. Me gustaría ir y hablar con ese joven que fui, y decirle que no se deje eclipsar por el dinero fácil de la obra, que se olvide de estudiar electricidad porque en el futuro todos los trabajos se hacen con ordenador. Me gustaría decirle que la vida es una carrera de fondo y que no hay que desfondarse en los primeros metros. Explicarle que la jardinería no es una profesión de futuro, que a nadie le importa la agricultura, y al que le importa, no la valora. Quisiera decirle que se olvide de la taquigrafía porque veinte años después nadie sabe lo que es y que la estenotipia está a punto de desaparecer de los diccionarios. Me gustaría insuflarle paciencia y constancia. Explicarle que no se tiene que gastar todo el sueldo. Que hay que guardar para cuando no hay. Que sea un poco más hormiga y un poco menos cigarra. Pero ese joven ya no existe, ahora es un viejo de casi cincuenta años con una neurona oxidada y la otra coja. Le agradezco sus consejos y su interés. Seguro que estoy a tiempo de aprender lo que usted me dice. Le ruego que rellene sus formularios y me los entregue para que pueda llevarlos a la oficina de empleo.

Salió del despacho, mientras la señorita llamaba al siguiente. Un chico joven, bien parecido y probablemente bien formado, como seguramente, le gustaban al entrevistador.

 

Llegó a casa y colgó la chaqueta en el perchero. Dejó los papeles en la mesilla. Cada vez le incomodaban más estas entrevistas. Cada vez le incomodaban más las ínfulas de algunos jóvenes.

«Qué sabrán ellos. Todo cambia en un chasquido de dedos. El conocimiento más importante deja de serlo. El trabajo más estable desaparece. El secreto es no desfallecer nunca. Estudiar como si fueras a vivir siempre y vivir como si fueras a morir mañana».

Comprobó el diferencial y los automáticos. Estaban todos bien. El cable hasta la farola se mantenía firme y bien anclado. De algo tenía que servirle aquel FP de Electricidad. Bajó al semisótano y entrecerró los ojos al deslumbrarse con el torrente de luz. Observó que había algunas sin podar, no debía dejarlas más allá de mañana. La tierra aún estaba húmeda y no hacía falta volver a regar.

Subió arriba. Debía preparar muchas bolsas de cogollos. Venía el fin de semana y era cuando más vendía. Cada bolsa con su cantidad justa. Lo que iba cayendo al suelo, lo recogía al final para hacer el aceite. Le encantaba estrujar aquellas hojas secas de cinco puntas. Después de todo, la jardinería también tenía sus salidas.

Quién sabe. Dos meses más así y podría tener tiempo suficiente para estudiar Word y Excel.

Join the discussion 5 Comentarios

  • Natalia dice:

    Hola, Jorge
    Me ha gustado tu texto. Está bien escrito y ordenado, se lee muy claro y fluido.
    El que no tiene trabajo, tiene que buscar alternativas. Teniendo sótano… las posibilidades se amplían jejeje
    Destaco las reflexiones vitales que le regala al joven; aunque sé que no le va a hacer ni caso, como joven que es… pero ¿y lo a gusto que se ha quedado el señor Rodríguez? 😉 Ya te darás cuenta, chaval…

    En lo formal, faltan tres tildes:
    “currículum”
    “Sí, supongo que más bien necesito renacer.”
    «Qué sabrán ellos.”
    También cuatro comas. Tres en los vocativos, aunque en otros sí las pones:
    “—Buenos días, señor Rodríguez.”
    “Mire usted, señor Rodríguez,”
    “Aquí tengo su currículum, señor Rodríguez.”
    Y una en esta frase aclaratoria:
    “Antes de cruzarla, pudo observar”
    En el último párrafo, el de los cogollos, si está escrito en pasado creo que la frase “Lo que va cayendo al suelo, lo recogía al final para hacer el aceite.” tendría que ser “lo que iba cayendo al suelo”. Me suena mejor.

    Enhorabuena por tu trabajo.
    Nos leemos 🙂

  • Alberto dice:

    Me has ganado con el final. No hay nada como una buena idea para un relato breve, y si esta te sorprende, pues mejor que mejor. Haces referencias puntuales a la jardinería y a la electricidad durante el texto, preparando al lector. Tengo que decirte que me parece que la prosa está muy cuidada, trabajada, entiendo que te has tomado el esfuerzo de revisar y pulir, o quizás cada vez necesites menos tiempo para hacerlo. En fin, una pequeña venganza del señor Rodríguez, personaje que acaba haciendo ver a esos jóvenes listillos que no está tan indefenso como creen. Sabe que hay que reciclarse y no desfallecer 😉
    Solo me ha chirriado el largo discurso que suelta de sopetón en la entrevista, sin replica del entrevistador. Por lo demás, enhorabuena!
    Nos leemos.

  • Yuri dice:

    Hola, Jorge,

    Buen texto. El final de algún modo ata todo el personaje. Me llega como alguien con capacidad de sobra para adaptarse y reinventarse. Una cigarra que ha sabido usar todo lo que ha aprendido para convertirse en hormiga. El discurso de la entrevista suena más a monólogo consigo mismo. Quizás le da ya igual hablar en voz alta, pero casi me encajaría mejor como reflexión al final del texto. Gran trabajo.

    Un abrazo,

  • Carlos dice:

    Hola Jorge,

    Me ha gustado mucho tu relato, sobretodo el final ya que se destapa que todo lo que ha aprendido cambiando de trabajo le sirver para sobrevivir.
    No poner todos los huevos de su experiencia laboral en la misma cesta le salvan la vida.También la resiliencia es una caracteristica muy importante que tu protagonista posee y que le posibilita reinventarse.
    También me gusta el alegato a su yo más joven, ¡que fácil es dar consejos a toro pasado pero que difícil hacerlos a futuro!, precisamente por que no sabes lo que ocurrira.
    He aprovechado para consultar en la rae lo que es estenotipia, antes que desaparezca.
    Como curiosidad, el comienzo puede resultar extraño si sacas la frase de contexto “Le gustaba dejar cada calcetín al lado de su pareja.” así que mejor evitarlo.

    Enhorabuena.

  • Jose dice:

    Hola, Jorge
    Has conseguido que me identifique con un delincuente. Esto va muy al hilo de lo que te dije de tus virtudes. ¡¡Me has vendido la moto!! La respuesta de Rodríguez tiene mucha sabiduría. Es un monólogo que me ha llegado mucho. Enhorabuena. He visto la escena de la entrevista. Me imaginaba allí y eso se lo debo a tu buen hacer. Me gusta cómo estableces la conexión entre sus facetas de electricista y jardinero para terminar el relato con el pelotazo final. Chapeau!

Dejar un comentario